Los homenajes al músico de la mano de fuego

Django Reinhardt./
Django Reinhardt.

La próxima semana comienza en Nueva York el festival con el que el club Birdland recuerda a Django Reinhardt, el creador del jazz gitano

ÓSCAR B. DE OTÁLORA

La semana que viene, el 2 de agosto, comienza en Nueva York el homenaje que de forma periódica rinde el mítico club Birdland a Django Reinhardt, el creador del 'gypsy jazz' o 'jazz manouche', la mejor aportación de Francia a la música nacida en Nueva Orleans. El mes pasado se celebró en París el Samois sur Seine, otro homenaje que de forma anual recuerda al gitano francés que llevó el swing a las cuerdas de la guitarra. Lo que tienen en común ambos festivales es que tanto los fans como los músicos que intervienen sólo quieren que la música de Django no cese. No son conciertos en los que esperar experimentos ni grandes novedades. Están pensados para poder escuchar en directo la música que tocaba este monstruo de la guitarra -fallecido en 1953, cuando apenas tenía 43 años- que revolucionó la música negra. Sus millones de seguidores en el mundo sólo quieren que ese sonido vital, alegre, sinuoso, elegante, de noche de verano, no pare de sonar.

La música de Django es única porque su vida también lo fue. Era un gitano belga, autodidacta, educado en la Francia de los felices años 20 y con la universidad de la calle como toda sabiduría. Los expertos consideran que el sonido de su guitarra es tan especial porque su mano izquierda fue arrasada por el fuego y él tuvo que volver a aprender a tocar la guitarra con su destrozados dedos. Y las llamas que le convirtieron la mano en una garra habían prendido en su caravana, donde vivía como el gitano nómada que era pese a que ya actuaba en los mejores nightclubs de Francia. Tras la lesión, tuvo que aprender a tocar con solo dos dedos de la mano izquierda -el índice y el medio- y quizá eso le proporciona a su música ese toque único. Ese desastre se produjo en octubre de 1928.

Django en directo con Stephane Grapelli.

El incendio de su caravana está lleno de leyendas. Según algunos de sus fanáticos seguidores, el fuego ya había devorado casi el carromato cuando él regresó para salvar su guitarra, tras darse cuenta de que la había dejado en el interior, a merced de las llamas. También se dice que descubrió el jazz durante la rehabilitación, cuando le pusieron algunos discos norteamericanos. Lo cierto es que seis años después había conseguido crear un sonido inimitable, al que le ayudó el violinista Stephane Grappelli. Ambos fundaron el Hot Club de Francia, un grupo único en la historia del jazz que reintrepretó todos los standards norteamericanos con un toque francés y gitano. Cada año se reedita alguna remasterización de los discos grabados hace casi 90 años y se siguen vendiendo como churros. Si se ama a Django, las reediciones se coleccionan con pasión.

El grupo se separó durante la Segunda Guerra Mundial, momento en el que el gitano se quedó en París pese a que la ciudad estaba ocupada por los nazis. El hecho de que los invasores no actuasen contra él -pertenecía a una de las etnias perseguida por la locura de la cruz gamada- y que los jerarcas de la ocupación se rindieran a su música hizo que la posguerra fuera difícil para Django. Especialmente, en un país que de repente se había llenado de miembros de la resistencia. Él no tenía nada que inventarse para justificar una mínima oposición a los alemanes. Todas las noches se le veía tocar ante los ocupantes. Siguió grabando discos y lo intentó con la guitarra eléctrica pero su prematura muerte silenció su música.

Quizás por eso, Django lo que tiene es una legión de músicos obsesionados en conseguir algo parecido a su sonido original. Desde el más veterano Birelli Lagrand o los más jóvenes Gonzalo Bergara y Adrien Moignard, cada año se editan decenas de discos en los que seguidores del creador del 'jazz manouche' homenajean a su dios. No son los únicos. Woody Allen ha utilizado su música en varias de sus películas y en 'Acordes y desacuerdos', con Sean Penn, el propio director graba casi un monográfico dedicado a la figura del gitano. Leonardo DiCaprio también ha asistido a los homenajes que se rinden en Nueva York al guitarrista manco. Después de todos, son festivales que se convierten en un viaje en el tiempo. En ellos se pueden cerrar los ojos y escuchar al hombre de la mano de fuego tocando de nuevo sus canciones.

La canción más mítica de Django: 'Nuages'.