Penélope Cruz, luz frente a la oscuridad

Penélope Cruz, en 'ma ma'. /
Penélope Cruz, en 'ma ma'.

La madrileña persigue su cuarto 'cabezón' de la mano de Magda, la heroína a la que pone rostro en 'ma ma'

ÓSCAR BELLOTMadrid

Enamorada de Magda. Así describía Penélope Cruz durante la promoción de la última película de Julio Medem, 'ma ma', la relación que mantenía con el personaje que le ha situado a las puertas del que podría ser su cuarto Goya. Un rol que supuso uno de los mayores desafíos en la carrera de la única española que puede vanagloriarse de tener un Oscar en sus vitrinas. Un auténtico 'tour de force' del que sólo podía salir bien librada apelando a las enseñanzas adquiridas a lo largo de más de dos décadas de andadura profesional combinadas con la madurez que lleva aparejada la maternidad. Precisamente ese estatus que pretende alcanzar la mujer a la que pone rostro en el filme mientras el reloj corre en su contra. La enfermedad amenaza con apagar su existencia, cercenando su sueño más preciado, conocer al bebé que se desarrolla en su interior y que habrá de lidiar con el mundo sin el faro de su progenitora. Un argumento llamado a sumergir al espectador en el dolor más profundo que, sin embargo, se convierte en una exaltación de la vida merced al delicado ejercicio interpretativo de la madrileña y la sabia dirección de uno de los realizadores que mejor conoce el corazón femenino.

Resolver ese conflicto entre la luz y la oscuridad, el dolor y la risa, el pesimismo y la esperanza fue el reto que la esposa de Javier Bardem decidió afrontar cuando se topó con el guión de un cineasta con el que había estado a punto de trabajar en tres ocasiones sin que ninguno de esos barcos acabase llegando a buen puerto. El proyecto cautivó su atención desde el primer día. Tras leer el libreto, no podía dejar de llorar, confesó en varias entrevistas. El texto llevaba ocho años languideciendo en un cajón cuando la de Alcobendas entró en juego. Su tozudez resultó capital para lograr la financiación necesaria para ponerlo en marcha. En él veía no sólo un personaje maravilloso, sino también una oportunidad para probar suerte en una nueva faceta, la de productora. Y esa doble labor le hizo aún más difícil no saltarse una premisa que se había marcado: dejar a Magda en el plató y nunca llevársela a casa. Cohabitar con esa vorágine emocional únicamente cuando se encendía la cámara y abandonarla en cuanto se apagaban los focos para que volviese a emerger la esposa y madre de familia que parece tenerlo siempre todo bajo control. Pero se mostró terminante, haciendo gala de ese paso firme que la ha convertido en uno de los grandes referentes del cine dentro y fuera de nuestras fronteras.

Cierto es que los cambios operados en su vida a raíz de su enlace con Bardem y el nacimiento de sus dos hijos le han obligado a moderar un ritmo de trabajo que en otros tiempos fue frenético. Hubo años en los que llegó a encadenar tres y hasta cuatro estrenos. Los rodajes se sucedían a una velocidad similar a los romances que mantenía o le atribuían con algunos de los guaperas oficiales de Hollywood. Tom Cruise y Matthew McConaughey fueron dos de sus novios en unos tiempos en los que prácticamente no había compañero de cartel que la prensa no se empeñase en adjudicarle como pareja sentimental. Pero esta hija de un comerciante y una peluquera jamás ha perdido de vista la meta que se marcó contemplando a Victoria Abril en '¡Átame!' (Pedro Almodóvar, 1989): convertirse en una gran actriz.

A por el récord

Fue precisamente con el director manchego con quien, menos de una década después de aquella película, tejió la más importante de cuantas alianzas cinematográficas ha firmado. 'Carne trémula' (1997) representó la primera de una larga lista de colaboraciones a la que en años posteriores se sumarían 'Todo sobre mi madre' (1999), 'Volver' (2006), 'Los abrazos rotos' (2009) y 'Los amantes pasajeros' (2013). Mucho antes había llamado la atención protagonizando un videoclip de Mecano y siendo objeto de la desaforada pasión de Javier Bardem en 'Jamón, jamón' (Bigas Luna, 1992). Pero el cineasta español más universal no es ni mucho menos el único que se ha rendido a su talento. Fernando Trueba, Sergio Castellitto o Ridley Scott le han regalado algunos de sus papeles más celebrados. Y, por supuesto, Woody Allen, quien la incluyó en su corte de musas con 'Vicky Cristina Barcelona' (2008) y volvió a requerir sus servicios para 'A Roma con amor' (2012).

'Vanilla Sky' (Cameron Crowe, 2001), remake de 'Abre los ojos', la cinta de Alejandro Amenábar que ella misma había protagonizado cuatro años antes, significó su consagración en Hollywood. Desde entonces, ha compatibilizado trabajos fuera de España -'La mandolina del capitán Corelli' (John Madden, 2001), 'Sahara' (Breck Eisner, 2005) o 'Nine' (Rob Marshall, 2009)- con otros firmados en territorio patrio como 'Sin noticias de Dios' (Agustín Díaz Yanes, 2001) o las tres últimas cintas a las órdenes de Almodóvar. Incluso se ha prestado a dos franquicias tan rentables como 'Piratas del Caribe' o 'Sexo en Nueva York'.

Con casi todos los premios cinematográficos en su haber -apenas le falta el Globo de Oro entre los más sobresalientes- rebasó la cuarentena en un excelente momento personal y profesional, ámbito éste último de cuyo inmaculado poder de atracción dan buena cuenta dos de los proyectos que se han asegurado su presencia: 'Escobar', biopic del narcotraficante colombiano que dirigirá Fernando León de Aranoa y que 'Pe' protagonizará junto a su marido, y 'La reina de España', donde retomará el papel de Macarena García que ya interpretó en 'La niña de tus ojos' (Fernando Trueba, 1998), el largometraje que le valió su primer Goya. De sumar otro este año, igualará a Carmen Maura y Verónica Forqué, las únicas actrices que atesoran cuatro. Aunque si no es ahora, poco importará. Sólo es cuestión de tiempo.

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