«La Guerra Fría ha regresado»

Tom Hanks y Steven Spielberg. /
Tom Hanks y Steven Spielberg.

director

MARÍA ESTÉVEZNUEVA YORK

Tom Hanks y Steven Spielberg unen fuerzas por cuarta vez tras 'Salvar al soldado Ryan', 'Atrápame si puedes' y 'La terminal'. Basada en hechos reales, 'El puente de los espías' cuenta la odisea de un abogado de seguros al que el Gobierno americano encarga la defensa de un espía ruso detenido en Nueva York. Un Atticus Finch de la Guerra Fría que acepta el impopular encargo y se expone a sí mismo y a su familia al desprecio de sus compatriotas. La CIA le enviará a Berlín, donde se está construyendo el tristemente célebre Muro, para negociar el intercambio del espía ruso con un piloto yanqui preso en la URSS. Con James Stewart muerto, nadie mejor que Tom Hanks para encarnar a este hombre de familia de los año 50, tan íntegro y empático que hasta establece un vínculo con su defendido y antepone la humanidad a la política de los bloques.

¿Cómo se involucró en este proyecto?

Hasta hace dos años no conocía esta historia. Sí sabía quién era Gary Powers (el piloto americano derribado por los rusos) porque en su momento fue una noticia de relevancia nacional el que fuera hecho prisionero en la Unión Soviética. Pero no tenía ni idea de cómo salió de allí, y mucho menos quién era Rudolf Abel (el espía ruso) o James B. Donovan (el personaje de Hanks). Todo eso me llegó en un paquete sorpresa cuando recibí el guion. 'El puente de los espías' me pareció una historia tan atractiva que no pude resistirme. Donovan es un hombre fiel a sus principios, que se enfrenta a todo a pesar del odio que reciben él y su familia por defender a un enemigo. Hace lo que considera justo: proteger igual ante la ley a cualquier ser humano, aunque no sea de este país, incluso si está acusado de ser espía.

¿Por qué no se ha contado en el cine esta historia hasta ahora?

En una reunión que mantuve con la familia Donovan descubrí algo que no sabía. En 1965, Gregory Peck quiso producir este proyecto. Le pidió a Alec Guinness que interpretara a Abel y él iba a hacer de Donovan. Llegaron a contratar a Stirling Silliphant para escribir el guion, pero la Metro se negó.

¿Por qué los estudios se negaron a realizarla?

Estamos hablando de 1965, tras el descalabro de Bahía de Cochinos en Cuba. Entonces la tensión entre los soviéticos y los americanos era muy grave y la Metro no quiso meterse en política. Además, la película anterior de Gregory Peck, 'Arabesque', con Sofía Loren (donde también interpretaba a un espía), no había funcionado bien en la taquilla.

Una misión en la vida

Ha rodado muchas películas sobre héroes de ficción y también muchas sobre héroes reales. ¿Cuáles le parecen más irresistibles?

No hago distinciones entre un héroe de ficción y uno real. Para mí un héroe es un héroe, sin comparaciones. Me gusta hacer películas sobre personas que tienen una misión personal en la vida, o sobre aquellos que tienen pocas expectativas y consiguen mucho más de lo que uno espera de ellos. Ese es el tipo de arco argumental que busco en un papel. Como director me gusta entrar en la vida de personajes de quienes no esperas nada, pero que luchan y acaban triunfando.

Ha dicho que ha podido hablar con la familia Donovan. ¿Ha tenido oportunidad de contactar con la de Abel?

No, para nada. Abel acabó tras el telón de acero de la Unión Soviética en la más absoluta oscuridad. Donovan, ya mayor, fue a Rusia a buscarlo con la esperanza de encontrarlo por última vez, pero no pudo dar con él. Nadie le ayudó y nunca pudo tener una última reunión en Rusia.

¿Qué relación tiene el contenido de su película con los acontecimientos políticos que estamos viviendo en el mundo?

Una película como esta es relevante porque parece que la Guerra Fría ha regresado. Hay mucha "escarcha" entre las administraciones de Obama y Putin. Y cierta similitud entre lo que ocurría en 1960 y lo que está sucediendo hoy en día. Los espías tecnológicos se encuentran en su apogeo y parece que está de moda meterse en sistemas ajenos. El 'cyberhacking' de hoy es el espionaje de entonces.

Parece que tiene cierta debilidad por Tom Hanks. Otra vez ha rodado con él.

Es un actor sutil que siempre aparece en los rodajes cargado de ideas. Me gusta contratar actores que vengan con ideas, porque son el combustible necesario para sugerirme a mí dónde tengo que poner la cámara.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos