La gran familia del Soplao

La señalización de todas las rutas del Soplao es obra de Daniel Gómez, una de las personas esenciales desde el comienzo, en 2007. /Javier Rosendo
La señalización de todas las rutas del Soplao es obra de Daniel Gómez, una de las personas esenciales desde el comienzo, en 2007. / Javier Rosendo

En sus doce ediciones, la prueba se ha convertido en un compendio de esfuerzos e historias que han ayudado a convertirla en el gran evento que es hoy en día. Este viernes por la noche comienza la ultramaratón y el sábado se abrirán las puertas del Infierno cántabro

Marco García Vidart
MARCO GARCÍA VIDARTSantander

«Estaba entre el 'Thunderstruck' y 'Hells Bells', las dos de AC/DC. Y ese día tronaba, granizaba, hacía tres bajo cero arriba... Así que puse 'Thunderstruck' como sintonía». Nacho Barquín (Casar de Periedo, 1965) lleva doce años como la voz de Los 10.000 del Soplao. Y mañana comenzará con la edición número 13. El Soplaoman, la salida por la noche de la ultramaratón... Antes del momento grande, las ocho de la mañana del sábado. En ese momento sonará 'Thunderstruck'. Esa canción que aquel día de granizo, un 26 de mayo de 2007, Nacho eligió porque pegaba con el día y para animar «a los 457 que tomaban la salida en aquella primera edición. Acabaron 126...». Este sábado, en ese momento álgido, la canción sonará para miles de participantes.

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Barquín es una de las historias de Los 10.000 del Soplao. Las incontables que se han fraguado en estos doce años de pedaladas, carreras y marchas por los montes del corazón verde de Cantabria. La suya quizá es una de las más visibles. «Es que estoy con el micrófono 40 horas». Le han dicho de todo y casi todo, bueno. «Que si soy genial, un crack, que si sin mí no hay Soplao...». Los móviles se han llevado miles de fotos con Nacho Barquín, que también ha hecho de alcahuete para peticiones de mano, en la ultramaratón o en el Soplaoman. A pesar de la mili que lleva ya a cuestas, la carrera le sigue emocionando. «La gente de la ruta adaptada... Cuesta aguantar las lágrimas. Una vecina mía que se quedó parapléjica, en la ruta adaptada la levantaron en su silla para entrar a meta...».

«En 2007, tronaba, granizaba, llovía... Así que elegí 'Thunderstruck' para animar la carrera» Nacho Barquín | Locutor de El Soplao

Las palabras de ánimo y los comentarios llenos de simpatía de Nacho Barquín darán paso a infinidad de travesías por los montes. El hacedor de esas rutas es Daniel Gómez (Ucieda, 1957). Uno de los nombres imprescindibles de esta historia de éxito. Amigo de la infancia de Jesús Maestegui, el director y alma máter de la prueba, su labor en todas las ediciones es la de, además de ser uno de los que diseña los recorridos, señalizarlos.

«Es un trabajo que lleva meses. Desde febrero estoy revisando todas las señales» Daniel Gómez | Diseña y señaliza las rutas

Las señales de madera y esos catadióptricos redondos que de noche y a la luz de un frontal brillan como un faro son obra suya. «Desde febrero llevo revisándolos, para sustituir los dañados o los que quita alguno». Desde el principio de la prueba, ha intentado «que esa señalización no afecte al entorno. Soy enemigo de los plásticos o de pintar». En esta edición, el quebradero de cabeza ha venido por los problemas que el Saja causó en Ruente y que ha obligado a variar el recorrido de la marcha. «Porque hay que buscar que el nuevo trazado siga siendo igual de atractivo».

Tras la edición de 2007 nadie apostaba por la prueba. Maestegui dijo que había nacido la leyenda

Daniel también es el responsable de las esculturas de madera que en ocasiones se ven por el recorrido. Todas con alguna frase, «una cosilla graciosa», para dar ánimos o arrancar una sonrisa entre tanto sufrimiento. Para este fin de semana, planea incluso poner «una nevera o un microondas en el monte». Aquello que empezó en 2007 «casi como una broma que imaginamos Chuchi y yo», ha crecido hasta límites casi insospechados que ocupa a los dos amigos todos los días del año. «Acaba un Soplao y nos ponemos ya a pensar en el próximo».

«En 2007 conocía a un asturiano en la carrera. Sufrimos tanto... Somos amigos desde entonces» Josema Fuente Participante en todas las ediciones

Josema Fuente (Bilbao, 1966) es uno de los que mejor conoce ese trabajo de Chuchi y Daniel a lo largo de estos años. Porque ha participado en todas y cada una de las ediciones de Los 10.000 del Soplao. «Y en las de carretera, también en todas menos en una». Colaborador de la revista digital Bikezona, en 2007 le llegó información de una prueba por los montes de Cantabria. «Y no sé cómo, en la cuadrilla nos lo planteamos. Diluviaba ese día», recuerda entre risas. Desde entonces, está «enganchado». Y ha sido el responsable de que algún deportista famoso, caso de Rafa Alkorta, haya participado. «Este año estaré en la prueba de BTT con Peio Ruiz Cabestany», reconoce con orgullo. Como experto en ciclismo, echa una mano a Maestegui en la organización del Soplao de carretera, «con los homenajes que se realizan a exciclistas profesionales».

Pocos como él para evaluar lo que han sido estos años en el monte. «Antes podías subir Fuentes en un grupo muy reducido y ahora, hay puntos de la carrera en los que se forman atascos». Pero lo que no ha cambiado es el espíritu de la carrera. «En la primera edición conocía a un asturiano, Andresito. Sufrimos tanto... Fuimos hablando de lo divino y lo humano... Nos dimos los números de teléfono y somos amigos desde entonces». El sábado, Josema estará por decimotercera vez en la línea de salida porque el Soplao es la única prueba que hace «fijo» todos los años. «Ilusionado, aunque dan lluvia. Y llevo muy mal el agua».

«Los de la prueba larga de carretera somos una gran familia. Apenas corremos 60 o 70» Luis Alberto García | BTT y Soplao de carretera

Su paisano Luis Alberto García (Bilbao, 1965) no le va a la zaga. Desde hace una década no falta a la salida en Cabezón, «y llevo seis años haciendo la prueba de BTT y también la de carretera». Su historia en Los 10.000 del Soplao se resume en las palabras amistad y soledad. En el Soplao de carretera, fue de los pocos que se atrevió en el comienzo con la distancia larga, la friolera de 360 kilómetros. «Somos una gran familia los de esa distancia, 60 o 70. Y en ese primer año, en Palombera cortaron la carrera. Iba con otro chico de Portugalete y otro de Valladolid. Y dijimos que el año siguiente, volvíamos». Desde entonces, repiten. «Estamos 'picaos'», reconoce. También tiene amigos en la prueba de bicicleta de montaña. «En la primera que participé conocía a un asturiano. Y ya es uno más de la cuadrilla. Si coincide que venimos los dos, quedamos en la salida».

Soplao para todos

Desde hace cinco años, en los más de 10.000 participantes -hace ya varias ediciones que la prueba sobrepasó el número que le da nombre- en las mañanas de los sábados hay muchos que no pueden llevar más a gala las palabras que mejor resumen el espíritu del Soplao. Superación, constancia, fuerza de voluntad, compañerismo... Más que nada, porque están obligadas a ello todos los demás días del año. En el colegio de educación especial Fernando Arce de Torrelavega surgió la idea. «Los chicos nos pedían participar. Y me puse en contacto con Jesús Maestegui a ver si era posible».

«Es de agradecer que nuestros chicos sean unos participantes más y el cariño que les demuestran» Francisco Linares | Director colegio Fernando Arce

Francisco Linares (Torrelavega, 1969), el director del centro, relata los orígenes de la ruta adaptada. «Se lo comenté un febrero o marzo, para ver si se podía hacer en la edición del año próximo. Y me dijo que de eso nada, que se hacía en la de ese año. Eso fue en 2014». Primero fue una ruta muy asequible para todas las personas con discapacidad que quisieran hacerla y luego llegó la opción «para gente con algo más de nivel, que es una de 30 kilómetros». El día de la prueba, los alumnos del Fernando Arce se levantan «a las cinco de la mañana para regresar pasadas las cinco de la tarde. Y vuelven encantados». Linares agradecerá eternamente a Los 10.000 del Soplao y a todo Cabezón dos cosas. «Una, que nuestros chicos y chicas sean unos participantes más. Compartiendo la salida con los demás. La otra, el cariño que nos demuestran. Hay padres de estos chicos que lloran de emoción al ver cómo se les aplaude en la meta». En la que será ya la sexta edición, el Soplao se ha ganado ya una bien merecida fama de prueba inclusiva que «hasta gente de otras comunidades viene a participar».

«Mi bici es como un trineo y dos amigos me ayudan en la carrera, sobre todo en las cuestas arriba» Fernando de la Pinta | Participante en la prueba de BTT

Si las historias de la ruta adaptada están entre las que más admiración despiertan, hay algunas que incluso van más allá. Porque no sólo se atreven a desafiar una discapacidad, sino también a las pruebas 'oficiales'. Fernando de la Pinta (Torrelavega, 1982) se lleva centenares de aplausos en la meta que pone fin a tanto sufrimiento. «Soy parapléjico», reconoce, pero eso no le impide enfrentarse a la carrera estrella de la prueba, la de bicicleta de montaña y sus casi siempre centenar y medio de kilómetros por pistas embarradas, pedregales y pendientes imposibles. Y también ha hecho «dos veces» el Soplao de carretera. Para la bici de montaña, su máquina -de 40 kilos de peso- es lo más parecida a un trineo. «Y dos amigos, Francisco Cuena y Daniel Gutiérrez, tiran de mí, sobre todo en las cuestas arriba». En llano y cuesta abajo, coge a otros participantes. Su esfuerzo ha merecido el patrocinio de una marca fuerte, Kia, y anda algo pesaroso porque en este Soplao «no podré estar. Uno de mis amigos está lesionado en la espalda y no es cosa de arriesgar». Para el año que viene, confía en estar en la salida. Su récord por las pistas del Soplao, «trece horas y 20 minutos».

«Nuestra labor es que los problemas que puedan surgir se solucionen de forma rápida» Chema Castillo | Enfermero

También faltará a su pesar Chema Castillo (Puente San Miguel, 1964). Un problema de salud hace que el Soplao de 2019 pierda a uno de sus ángeles de la guarda. Chema es enfermero de profesión y desde hace años integra el ingente equipo médico que asiste a los participantes. «De los tres o cuatro que empezaron en la primera edición, y ahora son más de 30, además de múltiples ambulancias y sistemas de apoyo». La consigna es atender un problema en el menor tiempo posible. Por suerte, la mayoría no revisten gravedad si se actúa a tiempo. «Calambres, rozaduras, agotamientos, hipotermias... Excepcionalmente nos encontramos con fracturas. Nuestra labor es que se solucione rápido». Junto al personal sanitario hay helicópteros, gente de Protección Civil, bomberos, el Greim, Cruz Roja... Todo controlado por radio y GPS. «Es un trabajo que lleva meses», pero es una labor que «es una gozada porque somos como una familia. La mayoría nos conocemos desde hace muchos años y trabajamos muy a gusto». El Soplao le espera en 2020.

La labor de ese personal sanitario no sería posible sin el trabajo de voluntarios como Adrián Boo (Sierra de Ibio, 1951). Lleva «ocho o nueve ediciones dedicándome a llevar a ese personal médico a diferentes sitios». Desde las ocho de la mañana hasta las doce de la noche, acude con los médicos allá donde se necesita por zonas por las que podría conducir con los ojos cerrados. «Fuentes, el Turujal, El Moral... Donde cuadre», afirma 'Adriano', como le conoce todo el mundo. El sábado, tocará un centenar de kilómetros por el monte. «Un año bajamos a gente al hospital de campaña de Ucieda. Eran cincuenta. A cuatro en cada viaje...». Los kilómetros son más en el Soplao de carretera, en el que también echa una mano. «Suelo estar en la distancia de 230 kilómetros».

«Llevo al personal médico donde se necesita. Estamos por los montes hasta las doce de la noche» Adrián Boo | Voluntario

El Soplao le devuelve a la familia de Adriano parte de todo ese esfuerzo desinteresado. Porque su esposa, Luisa Macho, regenta una casa rural, Casa Caborzal, en Renedo de Cabuérniga. «Desde hace cuatro años, gente de Elche alquila las dos casas que tenemos para El Soplao. Y cuando se van -suelen estar cuatro días-, la alquilan para el próximo año. Nueve personas en total. En estos días, no hay una habitación libre en muchos kilómetros a la redonda».

«Estar en el Soplao es rentable para las empresas en cuanto a imagen, pero a largo plazo» Álex Rebés | Agencia Envol Marketing

Las miles de personas que abarrotan hoteles y casas rurales por media región también se han convertido en algo «goloso» para las empresas, afirma Álex Rebés (Barcelona, 1977), responsable de la agencia Envol Marketing. «Es el cuarto año que estamos en Los 10.000 del Soplao. Las marcas cada vez más quieren actuar con el consumidor final. Y el Soplao es uno de esos eventos para hacerlo». Aunque requiere su esfuerzo. «En cuanto a venta directa en el propio Soplao, es muy poco. Y en cuanto a imagen, sí es más rentable. Pero a largo plazo». A las empresas que lleva su agencia les asesora con pleno conocimiento de causa. «He hecho la combinada y algún año, haré el Soplaoman. Así que les decimos a las marcas que conocemos su público objetivo porque somos su público objetivo».

Casi todas estas historias tendrá su continuidad a partir de mañana, cuando se dé el pistoletazo a la decimotercera edición de Los 10.000 del Soplao. Esa prueba por la que nadie apostaba aquel 26 de mayo de 2007, cuando 'Thunderstruck' sonó entre los truenos, la lluvia y el granizo. «Dijimos que el año siguiente no vendría nadie. Y Chuchi Maestegui dijo que ese día, nacía la leyenda», concluye Nacho Barquín. El soñador de todo este asunto acertó de pleno.