«¿El rock tiene que estar de moda? El rock está y eso ya es suficiente»

«¿El rock tiene que estar de moda? El rock está y eso ya es suficiente»
Fernando Lezaun

El grupo liderado por Kutxi Romero regresa a la carretera y presenta en Santander su nuevo disco, 'El Azogue'

Sergio Herrero
SERGIO HERREROSantander

Siete años después, Marea vuelve a los escenarios. Lustro y pico sobrellevado con los ecos de la fuerza de sus guitarras y de la voz cigarrera de su líder. Se acabó la espera. La banda navarra realiza este sábado en Santander (Palacio de Deportes, 22.00 horas) la segunda parada de su gira de presentación de 'El Azogue'. Su séptimo trabajo. Y ni siquiera Kutxi Romero (Berriozar, 8 de julio de 1975) se atreve a aventurar si será su última ruta juntos. «Eso dije hace dos giras. Ya no lo voy a decir más porque voy a parecer tonto, pero con más de 50 años no me veo haciendo el mono». Tiene 43. Tranquilos, quizá queden pleamares para rato: «Marea sólo existirá mientras estemos los cinco vivos. En el momento en que desaparezca uno, por la razón que sea, Marea desaparece». Pues eso, larga vida al rock.

–Siete años después, ¿han sentido nervios en su vuelta a los escenarios?

–No nos ha dado ni tiempo. Acabamos el disco en febrero. Estamos muy ensayados. Nervios, no. Estamos con ganas. Eso es como preguntar a un albañil si está nervioso cuando entra a un baño a alicatar. Es lo que sabe hacer (risas). Nosotros hacemos canciones bonitas y las cantamos. Nervios tendría si tuviese que operarte ahora a corazón abierto, que no sé. O si tuviese que llevarte en coche al hospital, que tampoco sé conducir.

–¿Por qué decidieron reunirse de nuevo?

–Esa es una decisión que nunca tomamos. Lo extraño no es que hayamos hecho un disco más, sino que hayamos hecho siete. (Enciende un cigarro). Nunca hemos tenido proyecto de un disco a otro. Lo que hacen las bandas. Nosotros vamos viviendo la vida, con nuestras familias, nuestras vidas sencillas y de pronto un día nos juntamos para tocar. Cuanto tenemos diez canciones, decimos, 'pues igual tenemos que grabarlo'. ¡Hostia, pues igual habría que tocarlo! Y cuando acabamos la gira, hacemos un 'moonwalker' para atrás y hasta ver si se da la situación de volver a tocar. En el momento en que ya te crees un profesional, o que realmente lo eres, se supone que tienes una responsabilidad. Nosotros, desde ese punto de vista, tenemos cosas mucho más importantes que hacer que estar dando la lata en el candelero con nuestras guitarritas. Así que intentamos darla lo menos posible (risas).

–Esta gira, ¿será la última de Marea?

–Eso dije hace dos...

–Claro, por eso se lo pregunto

–(Risas) Entonces dije que probablemente era la última, y era verdad. Aquí estoy diciéndolo otra vez. ¿Será la última? Pues no lo sé. Ya no lo voy a decir más porque voy a parecer tonto... Se van alargando más los tiempos entre una gira y otra y con más de 50 años no me veo haciendo el mono.

–Tal vez Robe o Rosendo decían lo mismo a su edad.

–Date cuenta de que Rosendo, cuando saca su primer disco en directo y ya tenía toda la carrera hecha con Leño y cuatro discos en solitario, los medios ya le decían 'el abuelo', 'el patriarca', 'el tío Rosendo' y tenía seis años menos que yo ahora. Dicen que la esperanza de vida se ha alargado muchísimo... Lo que se ha alargado es la vejez, joder. Se alarga la peor parte de tu vida (risas).

F. Lezaun

–En 'El azogue', a pesar del tiempo pasado desde 'En mi hambre mando yo', no parece ni que el sonido Marea se haya oxidado ni que las letras hayan perdido fuerza.

–No. Ahí sí que somos los Marea. A la gente le ha encantado el disco y a nosotros, evidentamente, también. Nadie va a decir que le ha salido un niño feo. La verdad es que ha salido guapo. Se parece al padre y a la madre, no hay ninguna duda. Desde el primer vistazo se sabe que es un hijo de los Marea. Y eso a la familia le gusta. Que no se parezca al butanero, al vecino... Es hijo nuestro.

–Más allá de los años cumplidos, ¿han cambiado en algo?

–No. Somos ya nuestra mayor influencia. Seguimos escuchando nuestros grupos de cabecera y conforme te haces más mayor vas teniendo menos influencias.

–En el single de presentación, 'En las encías', colabora Poli Díaz ¿Marea vuelve al ring?

–Claro. Volvemos al combate para intentar ganarlo. Aunque con seguir vivos ya lo ganaremos. Porque Marea, lo digo siempre, sólo existirá mientras estemos los cinco vivos. En el momento en que desaparezca uno, por la razón que sea, Marea desaparece. Esto no es un ni grupo tributo ni una ETT ni un equipo de fútbol...

–Durante este tiempo de ausencia, ¿el hecho de que se les haya echado de menos ha servido para que crezca su influencia dentro del rock español?

–Eso lo dicen ustedes, la gente de los medios y la gente de la calle. Nosotros no somos muy conscientes de lo que es el grupo nada más que cuando salimos de gira. Luego te vuelves al pueblo y aquí eres el hijo de la Inés, que tiene un conjunto de rock, pero que nadie sabe verdaderamente cómo te ganas la vida. Porque a mí todavía me siguen preguntando, después de 28 años que llevo en la farándula, 'pero, tú aparte de esto, ¿en qué trabajas?'. En el pueblo no tienes que ejercer de cantante de nada, lo cual agradecemos muchísimo. Gente de las grandes ciudades, que tiene que ejercer todo el día de su oficio... Supongo que debe ser agotador, y más para un vago como yo. Un vago, no biológico, porque soy un tío inquieto. Yo entreno para ser para ser lo menos útil posible a la sociedad (risas).

–El rockero es alguien fiel al estilo, pero en la actualidad, ¿cuesta más enganchar a los jóvenes al ritmo de la guitarra?

–Enganchar es una palabra que no me gusta nada. Eso lo hacen los partidos políticos o las redes sociales. Nosotros siempre decimos que pasará el reggaeton, y pasará el trap, y pasará el indie, y pasará, como pasó, el grunge, y pasaron tantas y tantas cosas por delante del rock. ¿El rock tiene que estar de moda? No. El rock está y ya es suficiente. Lo demás, estará de moda pasajera. Vendrá otra mierda y el rock and roll estará ahí. El rock es horizontal.

–Si tiene que quedarse con alguna canción de su carrera, ¿cuál elegiría?

–Pues no lo sé. Me da igual. No me arrepiento de ninguna. Así como algunos grupos, cuando se hacen mayores, se escuchan y dicen: 'joder, fijate lo que decía con veinte años'... Es todo bastante contemporáneo. No he evolucionado mucho ni literariamente ni mentalmente desde el primer disco hasta ahora. Yo digo que siempre escribo la misma canción. La peino de una manera o de otra, pero es la misma.

–Se lo puedo preguntar de otra manera, ¿de todos sus hijos, a quién quiere más?

–Pues al pequeño siempre, que es el nuevo. Los otros ya son mayores de edad y se buscan la vida ellos solos. Al que hay que cuidar es al pequeñín, que acaba de nacer.

–Le habrán preguntado cientos de veces por sus influencias musicales, pero ¿de qué fuentes literarias bebe Kutxi Romero?

–Conforme vas cumpliendo años, y más un tío que ha leído tanto como yo, cada vez es más difícil que algo te sorprenda. Intento estar un poco al loro de lo que sale, pero me gustan mis clásicos, como digo yo. A mi Bukowski, mi Pedro Juan Gutiérrez, a mi Lorca... De vez en cuando lo cojo y digo, 'joder, este tío sí que sabe escribir'. A David González, que es para mí el mejor poeta que existe... Tengo varios libros por la casa. Uno en el váter de arriba, otro en el váter de abajo, en la mesilla... (risas). Estoy leyendo un libro de José Luis Alvite, un periodista que escribe muy bien. También 'El almanaque incendiario', de Montero Glez. La biografía de Jimmy Page, que acaba de salir... Un poco de todo.

–Con bragas, sexo y palabras malsonantes, ¿también se puede hacer poesía?

–Yo nunca he sabido qué es la poesía, te digo mientras clavo mi pupila en tu pupila azul...

–Poesía eres tú...

–(Risas) A mí me dijeron un día que era poeta. Bueno, pues muy bien. Mejor eso a que me dijeran que era un peón de albañil que había caído de un andamio. No me parece tampoco un cumplido. Me parece que es un poco peyorativo que me llamen poeta (risas). Pero dentro de todos los insultos que se me pueden decir, me parece que ese está bien. Lo acepto.

–¿Qué se pueden encontrar los seguidores de Marea en el concierto de Santander?

–Pues ya sabes, mucho blues, bachata, guaguancó... (risas). Pues una banda de rock and roll, una especie en extinción. Somos cinco navarros haciendo rock and roll sin chiriflautas. Con la voz rota y la guitarra fuerte. Cantando nuestras viejas canciones antropológicas.

–Después de ene vueltas a España de concierto en concierto, ¿han apreciado un mayor espíritu rockero en el norte que en el sur?

–Siempre. Por tradición. En el sur hay otro tipo de tradición y así debe ser. Todos los sitios tienen que conservar su identidad y a mí me parece guay que en el sur se escuche más a Camarón o a Triana que a los Marea. Es parte de la identidad del pueblo y hay que cuidarla. En el norte tenemos una tradición de rock, porque mientras en Madrid estaban los pijos haciendo cucamonas en la Movida, en el norte se estaba haciendo una música de calidad con unas letras absolutamente contemporáneas. Tenemos mucha más tradición rockera.

–¿Guarda algún recuerdo de alguno de sus conciertos en Cantabria?

–Pues me acuerdo bastante de un concierto que dimos en Reinosa, cuando el grupo estaba ascendiendo. Fue bastante multitudinario, subió Rulo a cantar con nosotros y fue un día muy especial. Ellos, La Fuga, también estaban en un momento dulce. Somos contemporáneos y crecimos a la par. Seguimos teniendo muy buenas conversaciones.

–Cambiando de disco, ¿qué le parecen los resultados electorales?

–El lunes, cuando me levanté, pregunté si habían ganado los más fachas de todos y me dijeron que no. Y dije, 'ah, vale, pues entonces mejor' (risas).

–¿Le dedicaría una canción a algún político?

–No. Yo le dedico canciones a personas importantes y que merezcan la pena. Ni a Santiago Abascal ni a Pedro Sánchez ni a ninguno de ellos le dedicaría una canción. Jamás. No les voto, además, porque no hay nadie que me represente.

–Quizá se presente algún día Pedro Sánchez en el Falcon en alguno de sus conciertos.

–Bueno, pues si paga la entrada, que entre a verlo. En el camerino no le voy a recibir. Que pague la entrada como todo el mundo y disfrute del espectáculo, no le puedo impedir la entrada. Pero, desde luego que a ninguno de ellos le voy a hacer un recibimiento en mi camerino, que es mi Moncloa. En mi Moncloa sólo entran mis amigos.