Los niños ya no quieren ser Vetusta

En los últimos dos años, hemos asistido a la aparición en unos casos y al triunfo rotundo en otros de bandas y artistas de muy distinto perfil sonoro y humano

Los niños ya no quieren ser Vetusta
I. Pérez
Nacho Criado
NACHO CRIADO

El 30 de diciembre, en el Wizink Center de Madrid, la banda alternativa española más importante de la última década celebra 10 años de su primer e inolvidable disco. Vetusta Morla celebran 10 años de 'Un Día en el Mundo' y 20 años de carrera. Sí, tardaron ¡10 años! en publicar LP. Esa celebración llega en la cúspide de su trayectoria. En 2018 han reunido 38.000 personas en La Caja Mágica, récord absoluto para el indie español. Han logrado asentar su carrera internacional, con llenos en su gira europea de salas, llenazos en la gira por Hispanoamérica e incluso la nominación por primera vez a tres Grammys Latinos. Y todo, manteniendo su sello creativo propio y su independencia discográfica, puesto que la alianza con Sony es eso: una alianza. Su discográfica sigue siendo la que ellos fundaron: Pequeño Salto Mortal.

Esta ejemplar carrera ha generado en la última década admiración e imitación a partes iguales. Si somos buenos, podemos pensar que todo artista que triunfa al final inspira a muchos otros que vienen después. Así ha sido siempre en la historia de la música. Los propios vetustos tienen innegables influencias de grupos como Radiohead. Si somos malos, podemos pensar que toda un sector de la industria musical ha visto su triunfo y ha puesto en marcha la maquinaria hace años para sacar «clones de Vetusta», como bien cantan Veintiuno en su disco 'Gourmet'. ¿Somos buenos o somos malos?

Desde 2012, cuando Pucho y compañía llenaron cinco Rivieras seguidas y lograron el disco de oro, una horda de grupos de perfil similar comenzó a llenar los carteles de festivales, los blogs alternativos y las emisoras de radio. ¿La foto de promo? Serios, como Vetusta. ¿El sonido? Épico, como Vetusta. ¿La tortilla? Con cebolla, como Vetusta y como cualquier persona de bien. Es la increíble historia de los grupos que querían volar y no sabían cómo. Aun así, esta generación nos ha dejado enormes canciones y momentos para el recuerdo en salas y en festivales.

Cayetano y Rosalía lideran la revolución

Pero si las niñas de Sabina ya no querían ser princesas, los niños «indies» ya no quieren ser Vetusta. Sí, yo también imito, ¿qué pasa? Los niños y niñas ya no quieren ser como la gran banda de Tres Cantos. Por fortuna, en los últimos dos años, hemos asistido a la aparición en unos casos y al triunfo rotundo en otros de bandas y artistas de muy distinto perfil sonoro y humano.

2018 ha visto la explosión increíble de Carolina Durante. Comenzaron el año tocando ante unas decenas de personas en el Café La Palma de Madrid. Y lo cerraron, sin paso intermedio alguno, llenando dos veces el Ochoymedioclub. Más de 1.000 personas cada noche cantando no sólo el gran himno Cayetano, sino el titular y otros tremendos como En Verano, Necromántico o incluso los temas de su próximo álbum 2019… ¡hay quien ya se los sabe!

¿Hace falta hablar de Rosalía? Vamos a esquivarla esta vez ya que su triunfo es obvio, rotundo, universal y ha sido analizado hasta la saciedad en estos meses. Pero tarde o temprano caerá Rosalía en esta columna, ya lo aviso. Y de C.Tangana, también. En la línea castiza de Rosalía, bebiendo también de fuentes tradicionales, están la maravillosa pareja que forman María Arnal i Marcel Bagés y la entente de Soleá Morente y Napoleón Solo. También del flamenco beben Tu Otra Bonita. Como del folk lo hacen los exitosos Nunatak. Tampoco quieren ser «clones de Vetusta» los chicos de Veintiuno.

Rosalía, María Arnal y Soleá Morente. Van tres mujeres nombradas. Pero es que hay muchas más que están brillando mientras exploran nuevos caminos, lejos del sendero de baldosas amarillas marcado por los vetustos. Muchas lo hacen con fiereza, signo de un tiempo en el que las mujeres gritan alto. Descargas guitarreras con Belako, Mourn o Agoraphobia. El punk rock como santo y seña, sin renunciar a otros sonidos. Pasa igual con el dúo de chicos que forma Cala Vento. Y Las Odio y Las Chillers también se apuntan a la actitud punk de decir las cosas fuerte y de manera muy clarita.

Unos se atreven con el inglés...otros con todo

También las dicen claras los grupos que han decidido cantar en inglés. Otra cosa es que tú, que pones en el CV «nivel medio-alto», sufras cuando no son los estribillos. A Nina, líder de Morgan, le han (hemos) abrasado mil veces pidiéndole que Morgan tenga más temas en castellano. Después de reventar el Circo Price de 2.000 espectadores (va camino de llenarse segundo día) y del éxito de su gira de salas, no parece que Caroline de Juan vaya a cambiar de opinión. 'North' y 'Air' son dos joyas. Y 'Volver' y 'Sargento de Hierro', la excepción de su apuesta por el inglés.

Misma línea siguen Joana Serrat, creciendo con su estilo de canción americana, y St.Woods, reciente fichaje de Live Nation nada menos, y que bebe de fuentes que van de Bon Iver a Ed Sheeran. De polivalencia como St.Woods también presumen otros artistas que le aportan explosividad y descaro a la escena alternativa. Pienso en la sandunguera Nathy Peluso, Los Vinagres y su verbenita, Putochinomaricón o ese «agitador folclórico» que se autoproclama Rodrigo Cuevas.

Muchos nombres. Muchos estilos. Pero uno en común. Ya no quieren seguir la senda de Vetusta. Queda un nombre más. El de una mujer que, pese al origen de su fama, quiere huir del ambiente más comercial de la música y se ha apoyado nada menos que en Raúl Refree para su primer trabajo en solitario: Amaia Romero. Se viene Amaiazo, que dirían Carolina Durante.

 

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