China y EE UU buscan la paz arancelaria al borde del abismo

Vista aérea de Pekín./AFP
Vista aérea de Pekín. / AFP

Nueva reunión entre ambas potencias a dos semanas de que expire el plazo que se habían dado para llegar a un acuerdo

ZIGOR ALDAMAShanghái

Las dos principales potencias económicas del planeta no quieren que la sangre llegue al río en su guerra arancelaria. Pero llevan ya meses negociando y no parece que sus posturas se hayan acercado lo suficiente. Las conversaciones que China y EE UU reanudaron este jueves en Pekín tienen un cariz diferente. No porque fuese San Valentín, como subrayaron medios chinos con ironía, sino porque se celebran a sólo dos semanas de que concluya la tregua de 90 días que se dieron en diciembre.

Si no firman la paz, el 1 de marzo se podrían aprobar nuevos impuestos: Washington ya ha anunciado su intención de elevar del 10% al 25% los aranceles que gravan la importación de productos chinos por 200.000 millones de dólares. Afortunadamente, el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó que «las negociaciones van bien» y que no descarta reunirse con su homólogo chino, Xi Jinping, para atar los flecos que sus subordinados dejen sueltos. Es buena señal que el presidente chino se vaya a reunir hoy con los representantes americanos, a los que agasajará con un banquete tradicional.

El diario oficialista chino 'Global Times' escribió que «tanto la actitud de los principales líderes americanos como la reacción del mercado de EE UU reflejan el optimismo del país en lo referente a alcanzar un acuerdo». Y reforzó estos buenos augurios refiriéndose a la información que Bloomberg avanzó este jueves: Trump está considerando la posibilidad de extender la tregua 60 días más para facilitar que las conversaciones lleguen a buen puerto.

Pero todos estos gestos esperanzadores ya se han visto en reuniones anteriores y siempre han acabado en decepción. Trump quiere reducir el superávit comercial chino, que el año pasado marcó un nuevo récord, y crear puestos de trabajo en el sector de las manufacturas en Estados Unidos. El sector tecnológico también está envuelto en esta pugna por la hegemonía global.

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