Sánchez toca a rebato en el PSOE

Pedro Sánchez y Susana Díaz, durante un acto prelectoral en Sevilla. / Efe

El líder socialista afirma que será la sociedad quien «ponga el cordón sanitario» a las políticas «excluyentes» de PP y Ciudadanos

RAMÓN GORRIARÁN y CECILIA CUERDOMadrid

El presidente del Gobierno Pedro Sánchez ha abierto este sábado la precampaña de las generales defendiendo al PSOE como el partido de la «moderación» y el sentido común frente a «radicalización» de PP y Ciudadanos tras su acercamiento a Vox. Y tras reivindicar que en sus nueve meses de mandato «se ha hecho más por la justicia social que en los siete años de gobierno del PP», ha arremetido contra el cordón sanitario que ambas formaciones han anunciado hacia su formación apenas unos minutos después del anuncio del adelanto electoral este viernes. «El cordón sanitario se lo van a poner los españoles a ellos el 28 de abril dándonos una mayoría rotunda», ha proclamado.

El acto ideado a comienzos de semana para lanzar la candidatura del alcalde de Sevilla, Juan Espadas, a la reelección ha acabado convertido en el pistoletazo de salida a las elecciones generales. En su intervención, el secretario general del PSOE se ha dedicado a glosar las medidas aprobadas en sus ocho meses al frente del gobierno, anunciando que antes de disolver el Parlamento aprobarán medidas de calado como la recuperación de las cotizaciones a la seguridad social de los cuidadores de la dependencia o los subsidios de los desempleados mayores de 52 años. Asimismo, ha adelantado que la aprobación de unos presupuestos sociales será la primera medida que tome una vez vuelva al Gobierno después de las elecciones.

«Su problema no es cómo gobierna la izquierda, sino que no quieren que gobierne la izquierda», ha señalado, reivindicando que todos los logros sociales de los últimos años llevan el sello socialista. Así, Sánchez ha ironizado acerca de que el anterior PP «llegaba tarde y mal» al reconocimiento de esos derechos, «pero al menos llegaba». «La diferencia con el PP actual», liderado por Pablo Casado, «es que ahora no quiere ni llegar, sino involucionar 40 años».

Ante la radicalización de la derecha, Sánchez se ha mostrado convencido de que el 28 de abril la sociedad española «dará la espalda a la crispación y reivindicará la política útil». Así, ha criticado que frente a los reproches de que los socialistas carecen de proyecto de país, el modelo que tiene la derecha es «un concepto excluyente en el que solo caben quienes piensan como ellos». Un ejemplo que, ha dicho, se ve en su gestión del conflicto soberanista catalán, que evidencia su concepto de país. Ha sido la única referencia en su discurso a Cataluña.

Ante un millar de militantes y en Sevilla, feudo de Susana Díaz, el líder socialista ha querido mostrar unidad» ante el largo ciclo electoral. «Que sepa todo el mundo que estamos juntos y estamos unidos», ha clamado. Durante el acto han intercambiado gestos de complicidad, pero se han marchado cada uno por su lado. Asimismo, los abrazos de los militantes han frustrado la imagen de la entrada juntos de ambos dirigentes, enfrentados en las primarias por el liderazgo del partido.

Mayoría sólida

En la misma línea, la líder del PSOE andaluz ha arrancado su intervención apelando a la unidad para lograr «una mayoría sólida a Pedro Sánchez» que le mantenga en La Moncloa «sin tener que depender de nadie». Para eso, ha insistido, «nos vamos a batir el cobre, vamos a salir a pelear con ganas, unidos, sabiendo el reto histórico en el que se encuentra este país y sus ayuntamientos». «Venimos a presentar al alcalde y tenemos la oportunidad de arrancar en Andalucía dos campañas con un solo objetivo: parar a la derecha y garantizar el bienestar», dijo en su intervención.

Díaz ha azuzado el miedo a la derecha y a que se repita en el Gobierno central el mismo escenario que en Andalucía, donde pese a ser la lista más votada la abstención de la izquierda dio alas a una alianza entre derechas y extrema derecha. Como resultado, dijo, hay «tres derechas, dos gobiernos y un guirigay de desgobierno». Por eso, insistió en que «si no vamos a votar, ellos volverán», clamando contra la desmovilización de la izquierda.

La secretaria general de los socialistas andaluces apeló a la mejor etapa del PSOE, la de Felipe González, cuando fue su partido quien trajo «el bienestar» a España al inicio de la democracia, y pidió la movilización para repetir ese momento y «darle la vuelta a este país como un calcetín» para evitar que el escenario andaluz se extienda al resto del país.

Por primera vez no habrá un Gobierno monocolor

Es muy improbable que alguna fuerza política alcance en las elecciones del 28 de abril la mayoría absoluta del Congreso y gobierne en solitario. Las alianzas y las coaliciones para gobernar serán por tanto obligadas para evitar un bloqueo que conduzca a nuevos comicios, como en 2016.

Ha habido gobiernos en minoría que han llevado las riendas con el apoyo externo de otras fuerzas. Sin ir más lejos, el de Pedro Sánchez en los últimos ocho meses. Pero antes también estuvieron en esa situación Felipe González en su último mandato, cuando se apoyó en CiU; José María Aznar en su primera legislatura fue respaldado por CiU, PNV y Coalición Canaria; y José Luis Rodríguez Zapatero, que en sus dos gobiernos tuvo el auxilio de Esquerra e IU.

Pero esas fórmulas están condenadas a pasar a la historia. Ciudadanos y Podemos, las dos piezas básicas para las alianzas postelectorales siempre que PP y PSOE se mantengan como primeras fuerzas en la derecha y la izquierda, quieren gobernar. El experimento andaluz será la norma a partir de ahora, y si Pablo Casado, es un decir, llega a la Moncloa tendrá a Albert Rivera como vicepresidente: Asimismo si Pedro Sánchez, es otro decir, se mantiene en la Moncloa, es muy probable que Pablo Iglesias sea su número dos en el Ejecutivo.

El problema, ahora, está en las alianzas con dos bloques enfrentados. La única que parece clara si las urnas les dan la mayoría es la de PP, Ciudadanos y Vox. El promedio de una docena de encuestas para distintos medios privados señala que entre PP, Ciudadanos y Vox superarían el 50% de los votos y lograrían en torno a los 180 diputados.

La izquierda no puede

La suma de PSOE y Unidos Podemos se quedaría en el 39% de los sufragios y los 145 escaños, una presencia parlamentaria que podría verse reforzada con el PNV y Compromís, pero que no sería suficiente para gobernar. Los socialistas afirman que es muy difícil reeditar la mayoría de la moción de censura porque si no hay cambios el acuerdo con los independentistas catalanes después del 28 de abril parece fuera de lugar.

Hay otra combinación que es del agrado de amplios sectores en el PSOE, el pacto con Ciudadanos. Aunque con las actuales expectativas de voto no alcanzaría para gobernar, rondarían entre los dos los 170 diputados. Pero además hay problemas políticos y personales. La mutua animadversión entre Sánchez y Rivera dificulta cualquier acercamiento. Ni siquiera cuando pactaron para la investidura del socialista en febrero de 2016 hubo empatía entre ellos.

Para abundar en las dificultades políticas, el líder liberal ha dicho por activa y pasiva que su objetivo es expulsar al 'sanchismo' de la Moncloa. Una condición que, sin embargo, relativizan en el PSOE porque recuerdan que también dijo que «nunca» iba a apoyar al PP para la investidura de Mariano Rajoy, y lo hizo. También afirmó que no iba a pactar con la extrema derecha, y cogobierna en Andalucía gracias a Vox, con el que compartió foto en la manifestación de la plaza de Colón.

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