Cuarenta años sin el Teatro Pereda

El 31 de agosto de 1966 el teatro Pereda fue demolido. Con ello se ponía un triste punto y final a 47 años de un local incomparable, durante los cuales los santanderinos disfrutaron en él de lo mejor del teatro y la lírica

PABLO SAIZ DE QUEVEDO GARCÍA
El teatro Pereda se inauguró el 1 de julio de 1919./
El teatro Pereda se inauguró el 1 de julio de 1919.

Faltan tan sólo 4 días para que sea 31 de agosto. Para la mayoría, es un día más, feliz o triste, pero sin nada que lo haga especial. Tal vez alguien celebre su cumpleaños en ese día, o el aniversario de su boda, pero no creerá que tiene importancia más allá de lo personal. Los amantes del teatro de cierta edad saben que no es así. Dentro de cuatro días, ellos recordarán con tristeza que, hace exactamente cuarenta años, Santander perdió el que, posiblemente, haya sido su mejor teatro: el teatro Pereda.

Uno de los que lo recuerda bien es Gerardo Mazorra Ruiz. Y no es para menos, pues el teatro Pereda ha sido su vida. Allí comenzó a trabajar un 17 de marzo de 1945, con tan sólo 13 años, repartiendo programas de las representaciones por la ciudad. Cuando se le pregunta por lo que el teatro significó para los santanderinos, él responde que «cuando hablan de él, sólo les falta inclinar la cabeza». Y es que el teatro Pereda, que fue levantado para sustituir al teatro Principal tras desaparecer en un incendio en 1915, estaba en la vanguardia de los locales teatrales de España.

La construcción del teatro empezó hacia 1916, financiada por Manuel Herrera Oria, pariente del célebre cardenal, y según el proyecto del arquitecto Eloy Martínez del Valle. Éste, en un principio, estudió los planos del cercano teatro Arriaga de Bilbao, pero la construcción final siguió el modelo del teatro de la Zarzuela en Madrid: un teatro clásico, de herradura, con una decoración de gran belleza. Destacaba especialmente el techo del teatro,engalanado con motivos mitológicos por el pintor Gerardo de Alvear.

Las localidades, repartidas entre cinco pisos, llegaban a las 1.700, «un aforo grande para la época», recuerda Gerardo Mazorra. 600 personas se podían sentar en el patio de butacas, 310 en el anfiteatro y 700 en el denominado 'Paraíso', al que se accedía directamente por una escalera desde la calle del Río de la Pila. La parte derecha del teatro la ocupaba un palco regio, al que también se llegaba por una escalera independiente.

Grande era también el escenario, «uno de los más grandes de España, junto al teatro Romea de Murcia», según Mazorra, hasta el punto de que se decía de él que «era como una plaza de toros». Pero el escenario destacaba no sólo por su tamaño, sino por disponer de unos aparatos manuales que permitían el cambio de escenarios de manera rápida, que sólo tenían otros dos teatros españoles en la época que se construyó. Los artistas que actuaban en el Pereda tenían a su disposición un total de 21 camerinos, tres de ellos para las figuras principales, repartidos en tres pisos.

Acústica «maravillosa»

Pero el aspecto más memorable del teatro Pereda fue, sin duda, su acústica. Gerardo Mazorra dice que era «tan maravillosa que había gente de Santander que tenía posibles para ir al patio de butacas y subía al anfiteatro». De manera similar se expresa Ramón Seoane, joyero que ejerció durante 25 años como cantante lírico aficionado, al describirla como «terciopelo, las voces sonaban naturales, sin estridencias. Una belleza de sonido».

La inauguración del teatro se llevó a cabo el 1 de julio de 1919, con una representación de 'El alcalde de Zalamea' que llevó a cabo la compañía de Enrique Borrás. A ésta seguiría una larga serie de obras, con las que a lo largo de cerca de medio siglo pasarían por las tablas del escenario del Pereda los actores y directores más célebres: María Fernanda Ladrón de Guevara, Mary Carrillo o Pedro Alfayate, por citar algunos. Las temporadas del teatro -recuerda Mazorras- eran entonces muy extensas: «comenzábamos en junio y acabábamos en septiembre». Además, a lo largo del año, se hacían funciones esporádicas.

Por supuesto, el Pereda sirvió también de escenario para multitud de óperas y zarzuelas; Ramón Seoane recuerda especialmente una representación de la zarzuela montañesa 'La barquera', dirigida por su autor, Francisco Sáez de Adana, y sobre todo su propio debut años antes del cierre con 'La tempranica' de Jerónimo Jiménez. Seoane describe esta última experiencia como algo «maravilloso, con mucha emoción y muchos nervios».

Otros espectáculos que tuvieron cabida fueron las proyecciones de cine, las compañías de revista, las actuaciones de grupos como Los Pekenikes o los Blancos, e incluso el circo. Concretamente, el día que Gerardo Mazorras empezó a trabajar en el teatro Pereda «había una compañía, 'el Circo Alegría', con los payasos Rico y Alex, y un trapecio colgaba encima del escenario».

Por el tiempo que Mazorras comenzó a trabajar en el teatro Pereda, su gestión ya había cambiado de manos. La familia Herrera Oria se lo había pasado a la empresa Marsall-Calzada. Esta empresa llegó a tener once cines en la ciudad, entre los que se contaron el Coliseum y el Gran Cinema. El personal de Marsall-Calzada que trabajaba en el teatro Pereda, para Ramón Seoane, era «extraordinario». Como él explica, «no había los medios de ahora, pero sí había gente muy preparada y con unos conocimientos del tema tremendos».

Festival Internacional

El último año de su larga actividad, el teatro Pereda fue elegido para albergar algunas de las obras del Festival Internacional de Santander, en lugar del tradicional emplazamiento de la Plaza Porticada. Esta decisión no estuvo exenta de polémica, que Ramón Seoane atribuye a que «en la Plaza Porticada se creó un ambiente muy especial». Tras las representaciones, «la gente salía por entre los arcos y hacía comentarios, y después íbamos a Lago a tomar café, o a Capri a tomar helados». De todas maneras, sentencia Seoane, «la polémica estaba totalmente fuera de tono porque llevar las óperas al teatro Pereda era un acierto. Era el lugar idóneo para ponerlas».

Poco tiempo después, de manera inesperada, el teatro cerró. Los propietarios lo vendieron a una empresa constructora, que lo demolió para hacer pisos, acabando así con lo que ni la Guerra Civil ni el incendio de 1941 lograron dañar. Mazorras y Seoane coinciden en que el derribo les sentó «fatal», como a los santanderinos en general. Sin embargo, no se hizo nada para evitarlo. Seoane culpa por ello al alcalde, que a su juicio «debería haber tomado cartas en el asunto y haber dicho 'yo siendo alcalde, no puedo permitir que se derrumbe este edificio tan maravilloso'».

Faltan tan sólo 4 días para que sea 31 de agosto. Un día que no parece especial, pero que lo es. Porque ese día se cumplirán cuatro décadas del cierre del mejor teatro de Santander: el Pereda.

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