Astillero de Guarnizo en 1850, según Madoz

Popular calle de Los Hoteles (años sesenta)./DM .
Popular calle de Los Hoteles (años sesenta). / DM .

Los autores del diccionario se encontraron, en esos años, con «una dársena tranquila» con un millón de varas de superficie y cinco gradas

JESÚS MARÍA RIVAS El Astillero

La situación del Ayuntamiento de Astillero en 1854, aun sin estar incorporado el pueblo de Guarnizo al nuevo ayuntamiento, que lo hizo en 1871, quedó descrita en la ingente obra, que el diputado progresista y Ministro de Hacienda Pascual Madoz (1806-1870) realizó entre los años 1845 y 1850, titulada «Diccionario Geográfico Estadístico e Histórico de España y sus posesiones de ultramar».

En esos años, los reales astilleros llevaban sin construir para la real Armada desde 1769 y sin ningún tipo de actividad desde 1800. Así pues, los autores del diccionario se encontraron una dársena tranquila con, aproximadamente, 1 millón de varas de superficie (836.000 m2 aprox.) y cinco gradas para la construcción de barcos, donde, según señalan en el diccionario, se podrían construir otras 14 ó 15 para navíos de gran porte. «No parece que el Gobierno aprecie mucho todas estas ventajas», destacaban los técnicos visitantes, desconociendo seguramente, que diversos avatares políticos, que no vienen al caso, habían llevado a la corona a inclinarse por los astilleros de El Ferrol condenando, así, a nuestro astillero al ostracismo.

Resulta curioso constatar, cómo nos recuerdan 100 años después de haber dejado hundir el Real Astillero de Guarnizo, que «hechas las talas en el espacio de 8 años, se derribó madera para 44 navíos y 15 fragatas; pero lejos de construirse en el astillero de Guarnizo, se llevaron las maderas á Cádiz, el Ferrol, y no poca al extranjero». Por lo que leemos en el diccionario enciclopédico de Madoz, mucha gente era consciente de los intereses espurios que llevaron al abandono injustificado, técnica y económicamente, del astillero de la Planchada.

La denominación que recoge el diccionario para nombrar a la población es la de «Astillero de Guarnizo» y los técnicos que, al mando de Madoz, visitaron la zona, encontraron, además de un astillero abandonado, la existencia de 60 casas, una escuela de instrucción primaria, una iglesia parroquial bajo la advocación de Nuestra Señora de Muslera, una ermita dedicada a San José, un edificio notable (la casa del Rey o colegio Cántabro) bastante deteriorado y varias fuentes de agua muy delicada, entre las que menciona a la fuente de La Planchada.

La fuente de La Planchada estaba situada muy cerca del astillero, en el lugar conocido con el mismo nombre, con hermosas alamedas y una calle de árboles que hacían una extensión de 150.000 varas cuadradas. Esta fuente, muy reconocida «en virtud de las prodigiosas curas que se le atribuyen» gracias a sus aguas ferruginosas, junto con la playa en la que finalizaba, habían convertido la zona en un lugar «para el recreo de muchos comerciantes de Santander» especialmente en verano que eran atraídos por el encanto de la fuente y el baño veraniego; también concurrían gentes de ambas Castillas.

Convertido el astillero en zona de recreo durante el verano se encontraban muchas y preciosas casas de campo y, destacan los autores del diccionario, las casas «de los señores Aguirre y de don José María Botín». A pesar de tanto personal de veraneo los caminos eran de carro para uso de labranza, de igual manera que los caminos que lo unían con Guarnizo y otros pueblos como San Salvador o Liaño. No teníamos una carretera pública, así que, para ir dirección Bilbao, se cruzaba por medio del pueblo y luego en lancha hasta Pontejos.

Una vez que los astilleros estuvieron cerrados, los astillerenses se dedicaron al cultivo del maíz y las alubias, sin olvidar las patatas, frutas exquisitas, legumbres, lino y vino. Aunque había buenos pastos, cuentan que el ganado solo se criaba para ayudar en las labores del campo; es decir que, las gentes de Guarnizo y Astillero, después de 300 años construyendo los más afamados navíos del mundo, habían vuelto a trabajar el campo, en lo que se intuye como una economía de subsistencia.

Los 331 habitantes que tenía, entonces, el Ayuntamiento, además de las labores del campo mencionadas, regentaban algunas tiendas de abacería (alimentación y ultramarinos) y participaban en la construcción de algún barco. La aportación a la corona era una contribución de 1.733 reales con 20 maravedíes. El Ayuntamiento luchaba por sobrevivir con un presupuesto de 9.300 reales, que financiaba con los impuestos sobre los abastos del municipio. La escuela de primeras letras, que comentamos al principio, se financiaba de propios con la cantidad de 2.200 reales.

Como recoge este diccionario de 1850, vamos a recordar una reseña de la fiestas que se celebraban entonces en «Astillero de Guarnizo»; copiamos la cita integra: «Celebra con gran solemnidad y concurrencia la fiesta de la Asunción de la Virgen el día 15 de agosto, en la cual se corren novillos y por la noche se da un baile bastante lucido». Parece que a los técnicos de Pascual Madoz les gustó el ambiente de las fiestas.

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