Campos de voluntariado, otra manera de veranear en Cantabria

El último día en la iglesia de Santiago los participantes en el proyecto terminaron de limpiar el altar./Alberto Aja
El último día en la iglesia de Santiago los participantes en el proyecto terminaron de limpiar el altar. / Alberto Aja

Finalizan los proyectos internacionales de conservación desarrollados en distintos municipios

Héctor Ruiz
HÉCTOR RUIZPraves

La iglesia de Santiago en Praves (Hazas de Cesto) ha estado frecuentada las últimas semanas por unos feligreses distintos. Son jóvenes y, además, muchos de ellos son extranjeros. No sólo eso. Su atuendo está lejos de ser la ropa de los domingos: llevan prendas cómodas, guantes de plástico y en sus manos sostienen pinceles y otros utensilios para los trabajos de conservación del templo. La imagen se corresponde al último campo de voluntariado juvenil internacional de los que se han estado desarrollando a lo largo del verano en diferentes municipios como Solórzano, Hazas de Cesto y Ribamontán al Monte. Este año se han ofrecido en la región once proyectos: cuatro nacionales y siete internacionales con un total de 162 plazas para jóvenes de las diferentes comunidades autónomas y 74 plazas para voluntarios internacionales.

Con música en unos pequeños altavoces portátiles amenizan las jornadas de trabajo los 18 chicos y chicas participantes en el programa que desde el pasado 16 de agosto y hasta el día 30 tuvo lugar en la iglesia de Praves. Entre ellos hablan español e inglés, no obstante, las lenguas maternas no se reducen a dos. Lo que más abundan son rusos, pero también hay franceses e italianos. «Aunque sí que tenemos, lo que menos hay aquí son españoles», comenta Lydia Quevedo, coordinadora de las actividades, doctora en Bellas Artes y Especialista en Conservación y Restauración de Obras de Arte.

El trabajo que se encomienda a los voluntarios es de conservación y limpieza del patrimonio en la iglesia. Las labores se concretan, principalmente, en el ensamblaje, pegado de piezas, tintes y acabados, encerados y pegado de volúmenes. Es decir, no llevan a cabo trabajos sobre el propio patrimonio de restauración y tampoco se alteran piezas de valor.

El trabajo que realizan se centra sobre todo en el mobiliario.
El trabajo que realizan se centra sobre todo en el mobiliario. / Alberto Aja

Se trata de una cuestión en la que hace especial hincapié Quevedo, sobre todo en recuerdo de lo sucedido con el famoso Ecce Homo de Borja. «Yo soy la primera que, como doctora en Bellas Artes, no me gusta que gente que no está preparada se meta en mi terreno», comenta la coordinadora a la vez que insiste en que «lo que hacen los voluntarios consiste en conservación, no en restauración».

En el templo de Praves se ha trabajado principalmente sobre el mobiliario: bancos, reclinatorios, mesas de altar, cruces candelabros... Unas actuaciones que permiten estar en contacto con la comunidad de la zona, que agradece la presencia y trabajo de los voluntarios. «La gente y el cura de aquí están encantados», explica Quevedo.

La labor que desempeñan es de conservación.
La labor que desempeñan es de conservación. / A. Aja

Los participantes que deciden venir de distintas partes del mundo hasta Cantabria lo hacen movidos por distintos motivos. La experiencia, aprendizaje de idiomas, conocer gente nueva... En el caso de la italiana Martina Morotti, estudiante de moda, ha venido varias veces a nuestro país porque «me encanta la cultura y la vida española», reconoce. Ella ya había colaborado en un campo de trabajo, aunque la anterior vez fue en Alicante y para cuidar niños.

Para las rusas Anastasia Repina e Irina Popova, ésta es una «experiencia para aprender el idioma de aquí». Sin embargo, confiesan que lo que más les ha gustado de las últimas semanas es conocer gente. «Los españoles son muy amables», comentan a la vez que recalcan que «también nos ha gustado mucho el poder trabajar en la iglesia y ver el resultado de lo que hemos hecho».

Experiencia

Estos campamentos, dirigidos a jóvenes de entre 18 a 30 años, tienen una temática muy diversa: tres de ámbito sociocultural en Valdeolea, Campoo de Yuso y Colindres; uno medioambiental en San Vicente del Monte; dos de arqueología en el castro cántabro del Cincho y en el yacimiento cántabro-romano de Camesa Rebolledo.

El de Praves es uno de los cinco de arte y patrimonio que se ha desarrollado. Los otros cuatro proyectos, en los que se han inscrito incluso jóvenes de Taiwan, son: uno sobre pintura mural en la ermita de Mortera de Hoz de Anero; conservación del patrimonio del Museo Etnográfico de Cantabria en Solórzano; conservación del patrimonio en Villaverde de Pontones y, por último, otro de conservación de arte y patrimonio en la Junta de Voto.

El consejero de Educación, Cultura y Deporte, Francisco Fernández Mañanes, visitó la pasada semana la iglesia de Praves en compañía del director de Juventud, Jorge Gutiérrez. Fernández Mañanes destacó de esta iniciativa la oportunidad que brinda a la juventud de intercambiar experiencias y convivencias. A su vez, facilita el aprendizaje intercultural, el desarrollo personal y el refuerzo de los valores solidarios. Son, además, una forma particular de servicio voluntario que cuenta con una larga tradición e implantación en Cantabria y en todo el mundo.

Para muchos de los participantes se trata de la primera aproximación a un campamento de esta naturaleza y, según aseguró el consejero, este tipo de actividades permite conocer el patrimonio, que es «una de las identidades regionales de Cantabria» y consideró que es «fundamental» la implicación de los jóvenes en su preservación, ya que «para amar algo primero hay que conocerlo».

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