El 80% de los ataques al colectivo LGTBI no se denuncian

El 80% de los ataques al colectivo LGTBI no se denuncian
AFP

Uno de cada cuatro agresores son familiares, vecinos, o compañeros de piso, de trabajo o de estudios de la víctima

Alfonso Torices
ALFONSO TORICESMadrid

La inmensa mayoría de las situaciones de violencia y discriminación que sufren los gais, lesbianas, transexuales y bisexuales españoles no llegan a las comisarias ni a los juzgados. El informe 'La cara oculta de la violencia hacia el colectivo LGTBI', elaborado por el Observatorio Redes contra el Odio y FELGTB, llega a dos conclusiones principales: que el número de agresiones vinculadas a los prejuicios y el odio por la identidad sexual de las personas son cada vez más numerosas y que, pese al esfuerzo por sacarlas a la luz, solo se ve la punta del iceberg, porque al menos el 80% de los ataques nunca se denuncian.

Los 629 delitos de odio o incidentes discriminatorios detectados por el estudio en 2017, pese a ser el doble que los de un año antes y el triple que los denunciados en las comisarías españolas, no dibujan, según sus autores, más que la superficie del problema. El documento apunta las razones fundamentales que explican por qué esta «realidad insoportable» sigue oculta y no es aún más evidente que «la LGTBIfobia sigue campando a sus anchas en España», según aseguró Uge Sangil, presidenta de FELGTB.

La primera es que una gran parte del colectivo sigue sin salir del armario, ni siquiera para denunciar. Esta falta de visibilidad es mucho más acusada entre las mujeres, como lo demuestra que solo el 21% de los incidentes comunicados vengan de ellas, y entre los miembros del colectivo con más de 50 años, que en una gran mayoría han vivido la represión social y legal del franquismo y que solo suponen el 4% de todas las denuncias. La segunda razón son los obstáculos que las víctimas encuentran para denunciar, como la escasez de recursos de apoyo y la desconfianza en el trato que les espera de policías y jueces. La tercera causa de la ocultación la marca el territorio, con una capa de silencio más pronunciada en las pequeñas ciudades y las zonas rurales (de las 629 denuncias solo 11 proceden de localidades de menos de 10.000 habitantes). En cuarto lugar estaría el silencio de las víctimas transexuales, unas de las más atacadas, pero también el colectivo con mayor exclusión social. El último colectivo que calla los ataques por sistema es el de los inmigrantes sin papeles.

El 57% de los delitos e incidentes recogidos por el observatorio en 2017 son situaciones de intimidación, entre las que abundan los insultos, los acosos y las amenazas, pero también hay un 14% de agresiones físicas, como gran una paliza que terminó con la víctima hospitalizada durante días, con pérdidas de visión y audición y cambiando de domicilio. A estos hay que añadir el creciente aumento de la LGTBfobia en internet y las redes sociales, las pintadas homófobas, varios casos de denegación de trabajo y atención comercial, médica o policial, y un caso de agresión sexual.

El portal y la calle

El informe indica que, en contra de lo que se podría pensar, cuatro de cada diez agresiones las protagonizan personas del entorno más cercano de la víctima. En el 17% de las ocasiones son compañeros de piso, de trabajo o de centro educativo, en el 12% son vecinos y en el 7% su propia familia. Los desconocidos son los autores del 36% de los incidentes, que tienen como los otros dos actores principales a comerciantes (7%) y a porteros de locales de ocio (4%).

Estos protagonistas explican por qué hasta un 35% de los ataques se hayan producido entre el portal y el domicilio (20%), el lugar de trabajo (10%) y el centro de estudios (5%). Pese a todo, los lugares donde más hechos violentos se registran son los espacios públicos de las ciudades (calles, parques y zonas de ocio). Destaca también el 13% de incidentes en oficinas de servicios (comisarías, registros, aseguradoras, centros de salud) y el 15% que se localiza en internet.

Otros dos datos preocupantes que destacan los autores del informe son que el 12% de las víctimas son menores de edad y que hasta el 4% de los denunciantes son heterosexuales. En su mayoría son familiares o amigos que acompañaban a los agredidos y que también se convierte en víctimas, pero también ciudadanos atacados al sospechar que tenían una inclinación sexual que en realidad no era la suya.

 

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