Las bacterias ultrarresistentes atacarán este año a 200.000 españoles

Rafael Cantón, José Miguel Cisneros, Jordi Vila y Carmen Fariñas/R. C.
Rafael Cantón, José Miguel Cisneros, Jordi Vila y Carmen Fariñas / R. C.

Unos 26.000 españoles podrían morir por la ineficacia de los antibióticos, a pesar de ser los que más los consumen en el mundo sin ninguna razón epidemiológica

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Todos aquellos que salvan sus vidas gracias a un trasplante pagan un «coste», pues su sistema inmunitario se debilita durante un proceso previo inmuno-supresor que los hace propensos a infecciones de bacterias que, en otros casos, resultan inocuas. Estos pacientes y otros en situación vulnerable, casi siempre ingresados en las unidades hospitalarias, se exponen a la infección de bacterias resistentes a tres o más tipos de antibióticos. Son las ultrarresistentes, cuyos estragos van en aumento. Unas 26.000 personas morirán el próximo año, según datos de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC). «Se trata de una estimación a partir de la mortalidad cruda a los 30 días del diagnóstico de la infección», matiza José Miguel Cisneros, presidente de la SEIMC, en la presentación del Congreso Nacional que se celebra en Madrid.

Los infectados por estas bacterias alcanzarían los 221.958 pacientes en 2019, indica el «registro de pacientes afectados por bacterias multirresistentes», elaborado por la SEIMC. Morirá el 11,83%, según el estudio. «Durante una semana hemos diagnosticado a todos los pacientes infectados por bacterias multirresistentes, ingresados en 133 hospitales. Hemos seguido su evolución durante 30 días y realizado una estimación para todo el año y el resto de hospitales. Los resultados confirman los datos del año pasado». En 2018 la estimación se encontraba entre 30.000 y 35.000 individuos. «Con el intervalo de confianza del 95%, los datos coinciden y confirman la gravedad de la situación», mantiene Cisneros. «A nivel mundial va en aumento y los organismos internacionales indican que para 2050 morirá un millón de personas al año por esta causa».

A la complejidad clínica de los pacientes se añade el de la infección por un microorganismo que ha desarrollado inmunidad a una amplia gama de antibióticos que hasta hace unos años era capaz de destruirlos. El listado de afecciones es variado. Las más frecuentes son las infecciones urinarias, las neumonías, la meningitis. «Estamos en un momento crucial», opina Rafael Cantón, presidente del Comité Científico de la sociedad. «Cada vez el cuadro del paciente infectado es más complejo con los patógenos multirresistentes. Vigilamos organismos centinelas: enterobacterias, como la 'escherichia coli', y enzimas estafilococo aureus resistente a la penicilina. Encontramos, por ejemplo, que la resistencia de bacterias como las pseudomonas se ha incrementado del 2% al 15% en doce años. Es significativo».

Atajos en el camino

España es el primer consumidor mundial de antibióticos, indica la SEIMC, a pesar de que no existen razones sanitarias para frenar ninguna epidemia. Mientras se abusa de fármacos, la resistencia bacteriana ha tenido una respuesta más rápida que la de los científicos para desarrollar nuevos antibióticos que rompan la inmunidad de los patógenos. No hay atajos, y, si los hubiera, favorecen a las bacterias. Un 47% de la población española había consumido antibióticos en 2016, según los últimos datos divulgados por la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla y su uso en hospitales había subido un 2,74% ese mismo año. Lo que tendría que ayudar,la disponibilidad de antibióticos, ha jugado a favor de estos letales microorganismos.

«¿Cómo hemos llegado a esta situación?», se pregunta Cisneros. «En los 90 decíamos que las infecciones bacterianas estaban en sus últimos días, porque la humanidad había desarrollado antibióticos de forma tan espectacular que creíamos que el final de las bacterias podía vislumbrarse». Las razones que enumera Cisneros empiezan por el abuso de la prescripción de antibióticos por parte de los profesionales sanitarios.

«Hemos abusado», reconoce. «Lo estamos corrigiendo». Mientras tanto, la sanidad pública debe invertir en cada paciente infectado un coste adicional de hasta 40.000 euros. Cisneros acusa también al ciudadano que incumple las dosis y el tiempo que debe tomar los antibióticos, o que recurre a la automedicación. Por último, señala a las autoridades, por no contemplar partidas de financiación específicas para enfrentar las infecciones causadas por las bacterias ultrarresistentes.