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Bazán y Galdós, una pasión secreta

‘Miquiño mío’ rescata la correspondencia amorosa entre ambos escritores

Bazán y Galdós, una pasión secreta

Hasta 1971 no se conoció la intensidad de la ardiente relación que mantuvieron la narradora gallega y el autor canario

06.04.13 - 17:06 -
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Admiración mutua, pasión y sincero aprecio. Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 1851-Madrid, 1921) y Benito Pérez Galdós (Las Palmas 1843-Madrid, 1920), dos de los puntales de la moderna narrativa española, se admiraron y respetaron como escritores, se amaron en secreto y cultivaron una honda y calidad amistad hasta el final de sus días. Su relación de más de tres décadas está testimoniada en las cartas que la gallega y el canario se cruzaron entre 1883 y 1915. Son casi un centenar de misivas de Pardo Bazán y solo una de Galdós las que se reúnen por primera vez en el libro ‘Miquiño mío’ (Turner), en edición de Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández.

La correspondencia abarca los mejores años creativos de ambos autores y pone de manifiesto la variable intensidad de una larga relación que pasó de la admiración literaria a la más intensa pasión amorosa. «Su círculo más intimo supo, o al menos sospechó, que la relación existía, pero ambos la mantuvieron en secreto. Solo en 1971, cuando el diario mexicano ‘Excelsior’ publicó tres de las cartas de doña Emilia a don Benito, se atisbó la punta de iceberg de una pasión muy profunda», explica Juan Manuel Hernández, apasionado de la literatura del XIX que desde Sevilla ha trabajado en el libro con Isabel Parreño, filóloga avecindada en Vigo. De las más de 90 cartas de Pardo Bazán que localizaron se conocían las 35 más pasionales y emocionadas, publicadas en 1974 por Carmen Bravo-Villasante y conservadas en la Real Academia Española. Ellos localizaron el resto muy disperso, dataron y transcribieron todas depurando errores para armar «parcialmente y con mucho trabajo un puzle amoroso que sabemos que es más amplio por los huecos en la correspondencia y las referencias a cartas no localizadas».

«Mi ilustre maestro y amigo», saluda Emilia Pardo Bazán a Benito Pérez Galdós en 1883. «Querido amigo y respetado maestro» es la fórmula por la que opta un año más tarde. En 1886 Galdós pasa a ser «amigo querido» de la escritora, que se confiesa «admiradora y compañera» treinta y tantas cartas después. Cuando la confianza y la familiaridad se instalan en la relación doña Emilia recurre a la muy íntima formulación de ‘Miquiño mío del alma’ que formula en mayo de 1889, avisándole de que el sábado siguiente «podrá besar mi escultural jeta gallega».

Escritas a lo largo de 32 años, las cartas dan cuenta de la amistad, el amor y la admiración entre dos talentos coetáneos que compartieron cuitas creativas, avatares editoriales, penas académicas y alguna escapada ocasional. «Se amaron con verdadera pasión pero siempre en secreto», insiste Juan Manuel Hernández. Tuvieron su nido de amor en el madrileño barrio de Maravillas, hoy Malasaña. «Lo llamaban ‘el asilito’ y allí se encontraron con frecuencia en el momento álgido de su relación, entre 1887 y 1888», refiere el responsable de la edición.

De forma cronológica

El rico material epistolar recopilado permite reconstruir cronológicamente la larga relación de los dos literatos. «Se ve cómo la pasión amorosa da lugar a una serena amistad que duró hasta el final de sus días», insiste Hernández. Un amor atemperado que se mantuvo siempre y que jamás derivó en odio o inquina. «No hemos podido constatar la veracidad de un supuesto intercambio de insultos recogido por distintas fuentes y, según el cual, al cruzarse en una escalera Bazán le habría espetado ‘adiós, viejo chocho’ y Galdós habría respondido ‘adiós, chocho viejo’». «Se respetaron y admiraron siempre como literatos y como personas, incluso cuando la vida les separó, con un Galdós enfermo y casi ciego que se va a Santander y Bazán de vuelta a Meirás».

La correspondencia desvela la singular personalidad de la coruñesa, mujer de carácter y nada convencional, feminista ‘avant la lettre’, madre de tres hijos, separada y empeñada en su aventura literatura contra viento y marea. Se había casado en 1868, a los 17 años, con José Quiroga, padre de sus tres hijos, y de quien se separó en 1884 ante de la incomprensión de su afán literario. «Lo que hoy constituye un elemento de indudable interés, en su época fue considerado como algo inconveniente e incluso despreciable. Fue acusada de superficial e inconstante, de sumarse a las modas literarias por afán de protagonismo y tuvo muy grandes enemigos, como Clarín y Pereda», dice Hernández, que recuerda cómo la Real Academia le cerró el paso tres veces.

«Galdós fue uno de los pocos contemporáneos que le mostró siempre respeto intelectual y personal», apunta Hernández. «No tenemos sus cartas, porque doña Emilia se las devolvía, pero del contexto cabe deducir que fue quizá él quien puso más carne en el asador de esta historia, hasta perdonar las infidelidades con Lázaro Galdeano y Narcís Oller, que la escritora le confesó», agrega.

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