"Ser capaces de reducir las secuelas de pacientes en coma es cambiar su vida"

José Luis Fernández Torre, jefe de Neurofisiología.
José Luis Fernández Torre, jefe de Neurofisiología. / Andrés Fernández
  • El innovador proyecto de Valdecilla, que lidera el neurofisiólogo Fernández Torre, llega al epicentro del talento tecnológico, el MIT de Boston, tras ser premiado entre las quince mejores ideas del mundo

El fin es llegar a prevenir los daños cerebrales sobrevenidos mientras un paciente está en coma. Y el medio para lograrlo es la creación de un innovador electrodo capaz de detectar los fenómenos causantes de la muerte de neuronas que agravan la lesión inicial. Una herramienta mínimamente invasiva –bastará un orificio– que permitirá a los neurointensivistas, neurocirujanos y neurofisiólogos intervenir a tiempo y reducir las secuelas. En definitiva, el invento aspira a mejorar el pronóstico de aquellas personas que han sufrido un traumatismo craneoencefálico grave en accidente laboral o de tráfico, un infarto o una hemorragia cerebral para cuando despierten del estado de coma.

La idea de este proyecto de alta tecnología nace en Valdecilla, de la mano de José Luis Fernández Torre, jefe de Neurofisiología Clínica, y de Miguel Ángel Hernández-Hernández, médico de Medicina Intensiva. A través de la Fundación para la Innovación y la Prospectiva en Salud en España (Fipse), una entidad privada de investigación sanitaria sin ánimo de lucro en la que convergen el Ministerio de Sanidad y las compañías farmacéuticas, ha viajado hasta el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) de Boston, epicentro del talento mundial y embrión de los avances tecnológicos del futuro –un tatuaje que convierte la piel en una pantalla táctil y una cámara para leer libros cerrados son dos ejemplos recién salidos de los cerebros del MIT–. «Fipse abrió una convocatoria para proyectos tecnológicos de biomedicina, buscando candidatos al programa de mentorización del Instituto de Tecnología de Massachusetts. En España nos presentamos más de cien, de los que fueron seleccionados seis, entre ellos el nuestro, subvencionado con 24.000 euros. Aparte, se hizo un llamamiento a nivel mundial, y se eligieron otras nueve ideas», explica.

Fernández-Torre acaba de regresar de Boston, donde ha presentado el proyecto en un maratón de 48 horas de encuentros con profesores (mentores) del MIT –cada sesión con dos expertos diferentes y veinte minutos de margen–, que «nos han ayudado a identificar nuestras debilidades y fortalezas, a afinar nuestra idea y a buscar la mejor forma de que este electrodo salga al mercado y pueda llegar a la cama del paciente como una práctica de rutina hospitalaria, que es el objetivo fundamental». A su juicio, conectar proyectos españoles «con la flor y nata de la ciencia y la tecnología mundial» es una «acertada estrategia de política nacional, para que el desarrollo biotecnológico español tenga futuro».

Finalistas

Durante los próximos meses trabajarán siguiendo las recomendaciones que aporten los expertos mundiales que asesorarán al equipo cántabro. La presentación se retomará en enero. De los quince candidatos, el MIT elegirá a los tres con más interés biomédico, que saldrán de la meca de la ciencia con la inyección económica necesaria para lanzar su prototipo.

«La fuerza de nuestro proyecto es que aúna la experiencia clínica del servicio de Neurofisiología de Valdecilla –el único lugar de Europa, junto con Londres, que monitoriza con electroencefalografía intracortical a los pacientes con daño cerebral agudo–, con la investigación del Instituto Cajal, dirigida por Liset Menéndez de la Prida, que ha diseñado un electrodo de registro de actividad neuronal en ratas; y la innovadora tecnología que lo ha hecho posible, denominada de microfluídicos (permite inyectar drogas al tejido cerebral a través del propio electrodo), que ha sido desarrollada por la empresa MicroLiquid de Mondragón (Guipúzcoa)», señala Fernández-Torre.

«De la misma forma que cuando un paciente sufre un infarto de corazón, se le monitoriza para ver si tiene una arritmia y evitar una muerte súbita, lo que pretendemos con este instrumento es facilitar el registro de la actividad neuronal en pacientes con lesión cerebral grave para poder detectar las alteraciones eléctricas que provocan la muerte de neuronas, produciendo complicaciones sobreañadidas a las del traumatismo o la hemorragia que ha causado el estado de coma». Todo ello sin perder de vista, apunta el facultativo, que «la mayoría de estos pacientes son jóvenes, a los que si no se les trata adecuadamente les puede quedar un déficit neurológico muy importante, con lo que ello conlleva de dependencia social, imposibilidad para trabajar, necesidad de ayudas económicas... Ser capaces de reducir sus secuelas supone cambiarles la vida».

Pioneros

Hace dos años que el servicio de Neurofisiología Clínica de Valdecilla, en colaboración con Medicina Intensiva (Miguel Ángel Hernández-Hernández) y Neurocirugía (David Mato-Mañas), introdujo de forma pionera en España esta monitorización, que «solo se realiza en Columbia (Nueva York), Los Ángeles y Londres». Por medio de un electroencefalograma se registran las crisis epilépticas de pacientes en coma, que son «imposibles de detectar de otra manera», apunta Fernández-Torre. «Lo que planteamos es un único electrodo que mida los diferentes parámetros. Es decir, que en lugar de realizar tres o cuatro orificios en el cráneo, hagamos uno solo», añade.

Solo Valdecilla recibe unos 50 pacientes al año por hemorragia cerebral que podrían mejorar su calidad de vida gracias a este procedimiento. En España, se calcula una prevalencia de daño cerebral adquirido por ictus y traumatismo craneal de 657 casos por cada 100.000 habitantes.

Pero, además, el éxito de este proyecto «podría situar la ‘marca Valdecilla’ en el punto más alto de la monitorización cerebral del país e, incluso, de Europa», sostiene el neurofisiólogo, convencido de que «apostar por esta línea de investigación y de trabajo asistencial es vencedora». Como profesor de Neurofisiología en la Facultad de Medicina, «a mis a alumnos siempre les digo que los fenómenos eléctricos que están estudiando en segundo curso serán su pan de cada día cuando sean médicos dentro de ocho años. Y quien quiera investigar en prevenir daños y quien quiera tratar a este tipo de pacientes tiene que conocerlos».

Fernández-Torre –que puede presumir de visionario, porque hace 18 años que investiga este campo, con la publicación de más de ochenta artículos– considera que «Valdecilla tiene en su mano la oportunidad de posicionarse como líder mundial en monitorización intracerebral, porque lo supo ver a tiempo. Aquí contamos con el apoyo de la Dirección del hospital, pero hay gente que sigue sin creer en ello, y se equivoca».