Martes, 13 de febrero de 2007
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TORRELAVEGA

Tribuna Libre
Lenguas vivas
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¿Para qué sirven el latín y el griego? Con toda seguridad cada uno de los que se dedican a estas disciplinas, tanto alumnos como profesores, esta pregunta la han sufrido en infinidad de ocasiones. Es más, seguramente algunos se extrañarán de que todavía se dé eso, lo que despectivamente llaman 'lenguas muertas'. «Si eso ya ni se habla», dicen. En cierto sentido tienen razón, la lengua que cada día empleamos está siendo tan maltratada que en ocasiones ya no se vislumbra que tras cada una de la mayoría de palabras que empleamos están las lenguas clásicas. Y también tras el arte, tras la filosofía, tras la arquitectura, tras la matemática, tras la astronomía, literatura, derecho, mitología, educación física, deporte, espectáculos y un largo etc. (por cierto, ETC. procede del latino Et cetera, «y lo demás, y el resto de cosas»).

Sorprendentemente son países como Alemania, Gran Bretaña, Francia o Estados Unidos los que con más esfuerzos dedican para que las bases de nuestra cultura occidental, encarnadas en el griego y el latín, perduren en la educación de los más jóvenes. Mientras que en dichos países quienes se dedican a dichas lenguas son tenidos en alta estima, en nuestra vieja piel de toro han sido enviados al ostracismo, esperando que poco a poco vayan desapareciendo.

Cada día se proponen nuevas materias desde los medios de comunicación y desde los ministerios para solventar problemas como la violencia, la xenofobia, los accidentes de tráfico Los jóvenes han de saber manejar todo tipo de herramientas informáticas, han de resolver infinitas cuestiones matemáticas y, por supuesto, han de saber idiomas 'modernos', que, por lo menos los más habituales en nuestros centros, proceden, si no completamente, sí en un gran porcentaje, del latín. Sin mencionar los neologismos que crean y utilizan la mayoría de las disciplinas científicas. Perfecto. Sin embargo hemos de mencionar bajito las palabras latín o griego, casi incluso lengua española, no sea que se nos acuse de conspirar con tales materias. Si el conocimiento es peligroso, cada día estamos más a salvo. El griego y el latín son más que simples lenguas antiguas. ¿Acaso desde que se ha reducido el estudio de estas lenguas y de su mundo ha mejorado el nivel cultural de nuestro país? Ustedes conocen la respuesta.

Pero las nuevas tecnologías no están reñidas con el latín y el griego: miles son las páginas webs dedicadas al mundo grecolatino; existen periódicos digitales en latín, radios en latín, cómic en latín, chat en latín; entre otras muchas cosas. ¿Saben que en Gran Bretaña existe un proyecto con resultados extraordinarios de la Universidad de Cambridge para la difusión del latín? En muchas escuelas es ya obligatorio, y en aquellas que no poseen profesor las clases son virtuales, por videoconferencia. Una vez más se han dado cuenta de que las lenguas clásicas son importantes para el resto de disciplinas y para la vida moderna. Desde luego el latín y el griego nos ayudan e invitan a pensar, lo que ya per se es suficiente para que lo tengamos en cuenta.

En Cantabria nos congratulamos cada día de un pasado histórico rico y hermoso, de un tiempo en el que figuramos en los mapas. Si queremos conocerlo y entenderlo, nuestras herramientas también son el latín y el griego.

No todo es tierra quemada ni mucho menos. Muchos son los jóvenes estudiantes que acuden aún a estas materias, cada día más optativas, algunos con pasión, otros 'huyendo' de ciertas asignaturas. Algunos acaban amando las lenguas clásicas y su mundo. Torrelavega es un buen ejemplo. Muchas veces tan sólo con el paso de los años, con la perspectiva del tiempo pasado, acertamos a reconocer lo que estas disciplinas aportan. Un tal Horacio, buen tipo y que escribía bastante, dijo: 'Quo semel est imbuta recens, servabit odorem / testa diu' (Una vasija nueva conserva largo tiempo el líquido que la impregnó por primera vez). Epístolas, I, 2, 69.

Tu también, lector, o, lo que es más importante para ti, tus hijos, siempre estarán a tiempo de embarcarse en esta aventura que es el mundo grecolatino, y que engancha. Puede tener efectos secundarios como adquisición de conocimientos y realización de preguntas incómodas. Incluso puede provocar ansias de lectura. Si te embarcas en esta aventura, buen viaje: no te arrepentirás.

 
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