El bisonte vence a la excavadora

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El bisonte (con calco)de hace unos 20.000. Arriba, aspecto de la cantera. / R.C.

  • El pueblo navarro de Urdax y Aranzadi frenan una cantera que perforaba a 24 metros de unos grabados considerados joyas prehistóricas

El macizo de Alkerdi es un laberinto de cuevas, sumideros, simas y dolinas situado en el extremo pirenaico de Navarra. A lo largo de los años, arqueólogos y exploradores se han adentrado en este sistema subterráneo ignorando los valiosos grabados descubiertos 24 metros por debajo de una cantera, y publicados ahora por la Sociedad de Ciencias de Aranzadi. Estas joyas prehistóricas representan –junto con las figuras ya conocidas de la cueva vecina de Alkerdi I– las únicas manifestaciones de arte paleolítico de Navarra. Sin embargo, las explosiones para extraer mármol y el descuido sistemático de la Administración por poco sepultan las huellas de nuestros antepasados, que paseaban como nosotros por esta red de tres kilómetros de galerías durante los siglos del deshielo.

El estallido que originó la guerra por los grabados se detonó el 15 de julio de 2014 en la cantera de Alkerdi y golpeó ruidosamente la vida de los vecinos de Urdax, en la comarca del Baztán. Esta voladura de más de 2.000 kilos de explosivos formaba parte del nuevo ‘proyecto de explotación’ de la empresa Mármoles del Baztán (MdB) y provocó tal alarma social que el Departamento de Industria del Gobierno de Navarra tuvo que paralizar las labores de perforación. Durante un largo trámite de informes y contrainformes, los vecinos de Urdax, unidos bajo las siglas de SOSAlkerdi, presionaron a las instituciones hasta que, dos años más tarde, el Gobierno de Navarra pidió un estudio multidisciplinar a Aranzadi.

Durante la investigación, espeleólogos del grupo Satorrak y el arqueólogo Jesús Tapia distinguieron puntos rojos y manchas negras en el interior de Alkerdi II –otra de las cavidades del sistema– y decidieron llamar al experto en arte parietal Diego Garate. Le guiaron a través de gateras y Garate descubrió un bisonte y otro animal muy deteriorado, grabados en una sala que se encontraba a 24 metros por debajo de las excavadoras. Las figuras eran 10.000 años más antiguas que los bisontes durmientes de Altamira. «La probabilidad de que aparezcan nuevas galerías con arte y restos arqueológicos es muy alta», indican en el informe de Aranzadi. «No es posible continuar con la actividad de la cantera. Dada la alta vulnerabilidad del sistema kárstico, los trabajos de explotación no son compatibles con la conservación (del arte)». La actividad minera no se ha reanudado.

Fernando Pérez, director del Departamento de Cultura del Gobierno foral, reconoce que podrían haber encargado antes los estudios, pero prefiere «mirar hacia adelante y fijarnos en la restauración y la difusión de este hito cultural». El bisonte de estilo pirenaico (declarado Bien de Interés Cultural) ha salvado así un patrimonio que llevaba alrededor de 20.000 años escondido.

A pesar de que el plan urbanístico de 1999 prohibía toda la actividad que no fuera arqueológica en las cuevas de Zelaieta II y III (destruidas entera y parcialmente por la cantera), Industria respaldó durante años el plan de trabajo de MdB. «Desde principios del siglo XX, investigadores de renombre como Barandiaran señalaron la importancia arqueológica de esta zona y, pese a ello, la cantera continuó con la extracción y no se realizó una exploración espeleológica ni geológica de un modo sistemático. En estos momentos se hace difícil cuantificar la magnitud del patrimonio desaparecido», denuncia Aranzadi.

El gerente de MdB, Javier Leoz, alega que ellos no son los «ogros en esta película, sino los sufridores». Acatarán la normativa a pesar de que este proyecto les proporcione «el 90% de la carga de trabajo. Nadie pregunta por el personal que se va a quedar sin trabajo», se queja. La empresa, que extrae mármol desde 1965, preparaba una obra con un presupuesto de más de un millón de euros en Francia y planeaba aumentar la plantilla a 50 personas, 25 trabajadores más de los que disponen ahora. «Teníamos todos los permisos. Si luego vienen unos muchachos con cucharas a investigar y descubren esto, les tendré que creer, porque no soy ningún experto», critica a título personal. «¿Qué nos interesa más, los vivos o los muertos de hace tropecientos mil años? Estas pinturas no se abrirán al público, es algo que solo atrae a unos pocos. Y que yo sepa esos hallazgos no curan el cáncer...».

La X en el mapa

Meses antes de que estallara el conflicto en 2014, los expertos Diego Garate y Olivia Rivero descubrieron nuevas figuras en Alkerdi I –hasta entonces único punto con arte rupestre de Navarra–. Al presentarse como arqueólogos, uno de los guías les habló de una pared que el descubridor original de la cueva, el espeleólogo francés M. N. Casteret, había marcado con una X. La pista se había perdido durante años en un tropel de notas, diarios y papeles arrugados, pero igual que en los viejos mapas del tesoro, la X indicaba la posición de quince grabados apenas perceptibles.

Años después, entre voladura y voladura, se descubren estas dos figuras grabadas en el interior de la cercana cueva de Alkerdi II. «Datan del Gravetiense. Se trata de la manifestación de arte más antigua de Navarra y una de las más antiguas de la humanidad», defiende Garate, «Si eso no es importante...».