La santanderina Maite Arce, la fuerza convertida en seda

La santanderina Maite Arce, la fuerza convertida en seda

La artista plasma su particular obra en chales, pañuelos, vestidos, lámparas o cojines, con pedidos nacionales e internacionales a través de Internet

Gemma Alonso Monedero
GEMMA ALONSO MONEDERO

Creativa, elegante, luchadora ante la vida, artista de la pintura sobre seda y empresaria de Bellas Artes, al frente de un negocio de pintura y pinceles en la Calle Calderón de la Barca. Podría decir muchas cosas de Maite Arce Santiago (Santander, 1959), pero será mejor que lo cuenten sus palabras.

Quedo con Maite para la entrevista en su casa porque es allí donde tiene su taller y donde desarrolla su trabajo como artista. La conozco desde hace muchos años y hemos compartido eventos de amigos comunes a lo largo de los años. Me arriesgo a decir que siempre nos hemos caído bien. Siempre he tenido la sensación de que nos hubiera gustado hacer más cercana nuestra relación y hoy tenemos otra oportunidad.

El día está gris, falto de luz y frío. Su casa está cerca del mar y eso siempre es un placer. Maite me espera con su eterna sonrisa. Un café caliente propicia la charla. ¿Os he dicho que era un día gris? Su casa está llena de luz, todo son ventanas, cristales en las paredes, pintura blanca y libros, muchos libros. Al fondo del salón, entre múltiples retazos de color, está el bastidor. La seda brilla y nos envuelve.

La sonrisa, otra de las señas de identidad de Maite Arce.
La sonrisa, otra de las señas de identidad de Maite Arce. / DM

Maite me cuenta que este año cumple 60 años, que se encuentra mejor que nunca y que, sobre todo, le gusta cómo está envejeciendo. Se gusta ahora más que cuando era joven y se siente mucho más contenta. Me transmite la idea de que no fue fácil ser joven, sobre todo, en la época que le tocó vivir. Ella era una magnífica estudiante y una buena niña, siempre con curiosidad de aprender nuevas formas de hacer las cosas, pero que no encontró quien la motivara en esa manera de vivir la vida. «Los padres de antes no solían hablar con los hijos, eran más de prohibir y de mandar», asegura. «Yo he aprendido a base de cometer errores», añade. Y Maite siempre se ha rebelado ante esa manera de educar.

Ella en familia

Empezó a estudiar Medicina. Tenía una idea muy romántica sobre esta profesión y le dedicó tres años de su vida. Luego, lo dejó... En ese tiempo se conoció más a sí misma y reconoce que «nunca he pensado que perdí el tiempo». «Esos años forman parte de mi vida y de mi aprendizaje para encontrar mi camino».

No le gusta hablar de su vida personal, se adivina que no ha sido un camino de rosas. Tiene dos hijos, chico y chica, que viven en el extranjero, con los que mantiene una maravillosa relación. «Viajamos juntos todo lo que podemos, disfrutamos de nuestra compañía, pero tenemos cada uno nuestra trayectoria. Es más, les exijo que tengan su vida, pero siempre buscamos el momento para estar juntos», explica.

Italia ha marcado su vida. Hay un antes y un después. Cuando llegó allí por primera vez se dio cuenta de que lo que sentía y quería vivir lo sentían más personas. «Italia era, en aquella época, un país pleno de derechos, un país avanzado y moderno», recuerda. Vivió en Florencia y en Trento. Estudió Gráfica Publicitaria, porque le gustaba la parte creativa de la publicidad, y vivió allí casi diez años. Compatibilizó sus estudios de gráfica e ilustración con sus estudios de italiano, que le sirvieron para más tarde dar clases de español en el Instituto Lingüístico. «Italia fue la reconciliación conmigo misma», confiesa. «Allí mantengo a mis amigos y los voy a ver cada vez que puedo», asegura.

Mostrando una de sus creaciones.
Mostrando una de sus creaciones. / DM

Volvió a España en el año 1995, se fue a Madrid a hacer Ciencias de la Información y trabajó en una agencia de publicidad de 'free-lance' y después en un estudio creativo. Era la época en que todavía se dibujaba a mano. «Era todo mucho más artesanal y a mí me encantaba trabajar con las manos», añora. Era el tiempo de luchar y encontrar su camino.

Un día fue a casa de una amiga y se encontró con un cuadro pintado en seda y quiso saber más y aprender. A partir de ahí «he sido autodidacta y me he retroalimentado», dice. «Una señora me enseñó la técnica, el libro de instrucciones, y luego he ido aplicando todo lo que he aprendido en mis estudios y en mi vida, lo que había interiorizado», señala.

«Si somos originales y hacemos lo que vemos en nosotros, todos podemos ser creativos»

Le confieso que me maravilla lo que veo a mi alrededor, la seda que está pintando en estos momentos y le confieso que yo sería incapaz de un trabajo así. Ella sonríe y dice «todos somos capaces, lo que lo hace más difícil es querer copiar y que te salga peor que a otro, pero si somos originales, si hacemos lo que vemos en nosotros, todos podemos ser creativos». «Esto lo hago bien, pero también me gustan otras mil cosas», comenta. «Me encanta leer, tengo cientos de libros, me gusta la música y, desde luego, estar con los amigos».

La pintura en seda es ahora su vida, su trabajo, su medio de vida, su vocación. También tiene su negocio de Bellas Artes en Santander, en la calle Calderón de la Barca, donde está por las mañanas. Por las tardes, las dedica al taller. Tiene muchos encargos. Del resto de España e incluso de Estados Unidos. Recibe los encargos en su página web, donde se puede ver parte de sus maravillosas creaciones: chales, pañuelos, vestidos, lámparas, cojines...

La creadora, en una de sus visitas al Mercado de Motores.
La creadora, en una de sus visitas al Mercado de Motores. / DM

«En cada seda, vuelco lo que soy y no siempre soy la misma. Cuando tengo la seda en el bastidor apenas pienso, me muevo rápida e instintivamente, intentando trasladar a la seda lo que aprendido, visto, leído, asimilado... Lo que me gusta y lo que rechazo... El estado de ánimo, la luz, si llueve o brilla el sol... Un cuadro, un museo que visité, alguien con quien me crucé por la calle... Todo surge a la hora de trabajar. Es un diálogo sincero y espontáneo», comenta.

«En cada seda vuelco lo que soy y no siempre soy la misma»

Acude una vez al mes al Mercado de los Motores, en el Museo del Ferrocarril de la antigua Estación de las Delicias en Madrid. «Es una preciosa ubicación en donde el ambiente es estupendo y en donde me surgen oportunidades cada día y desde donde preparo mi futuro», confiesa. «Creo que ha llegado el momento de invertir en mí misma y de conseguir los resultados por los que tanto he luchado», añade sincera.

«He peleado mucho para encontrar mi camino y lo mejor que me ha pasado en la vida ha sido ser capaz de que nada me destruya», concluye Maite. En esta ocasión no ha podido evitar que las lágrimas inunden sus ojos y la emoción rompa su voz.

Esta mujer luchadora, elegante y también rompedora me ha abierto las puertas de su casa y de su vida. O quizás, podría decir, entreabierto. Me quedo con la sensación que al igual que sus sedas pintadas, esta mujer fuerte y hermosa es el resultado de mucho trabajo, mucha inspiración, mucha vida... Y que le queda mucho por contar... Quizás otro día.

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