500 artículos

Me gustaría saber vuestra opinión, vuestras inquietudes, que deseáis saber que no hayamos dicho sobre el mundo del café, que queréis que volvamos a publicar…

500 artículos
RAÚL ALONSO SÁNCHEZ

Muy buen fin de semana a todos. Una vez más, y ya van 500 ocasiones, estamos escribiendo unas líneas en este espacio gastronómico que nos brinda El Diario Montañés. Hoy me voy a extender un poco más de lo normal, exactamente 500 palabras, y es que es un artículo especial, un escrito en el que pararse, respirar, echar la vista atrás, releer los 499 artículos anteriores y reflexionar, pero tranquilos, solo para coger impulso y seguir intentando inculcar la cultura de café en cada uno de vosotros, los lectores.

He escrito sobre muchos aspectos del café: recetas frías, calientes, bebibles, comestibles, sobre campeonatos, sobre ferias, sobre amigos, compañeros de trabajo y familiares, incluso sobre té y otras infusiones, y sobre métodos de elaboración de café diferentes. Incluso hace poco sobre tueste de café, algo que parece que se nos escapa como clientes, pero que es fundamental para el buen sabor de la taza final.

Empecé publicando los cafés con los que acudía a los campeonatos baristas a los que me presentaba. Me acuerdo del café-tonic, del mojito de café o del café a la plancha. Los últimos que mejor recuerdo son los de tueste. ¡Me encantó escribirlos!

Echando la vista atrás he visto varios dedicados a clientes, que he degustado en sus cafeterías, restaurantes o bares…

Sin duda, al decirme que este era el número 500 y después de llevar una semana revisando mis artículos anteriores, me quedaría con dos muy especiales, aunque tengo otros muchos de amigos que me llegaron al corazón, como el de las nubes de café y leche que tienen mis amigos Marta y Javi enmarcado, al lado de su zona de café, en la cocina.

Los dos que os decía son el café de castañas, dedicado al unísono a mi abuela Ascensión y a mi madre, sangre de mi sangre, madre de mi madre; y el café hecho arte, que dediqué a mi padre, tal y como lo ha hecho toda la vida en casa y que me ha dado a probar desde los 10 años. Como veis estos dos son los que he rescatado en foto para este número tan especial y los recupero al final de este artículo.

La verdad es que ha sido un placer compartir cada número de estos 500, debo de ser de los pocos que han escrito cada semana ininterrumpidamente en el suplemento, y sí, me gustaría saber vuestra opinión, vuestras inquietudes, que deseáis saber que no hayamos dicho sobre el mundo del café, que queréis que volvamos a publicar…

Yo voy a seguir aquí, a vuestro lado, cada semana, y además como ya dije en otros artículos, para poder recibir ese 'feed back' del que os hablo, os recuerdo que podéis poneros en contacto conmigo en el e-mail raul@cafedromedario.com y estaré encantado de responderos y atender vuestras peticiones, siempre y cuando estén dentro de lo cordial.

Os deseo feliz semana y nos vemos de nuevo el sábado que viene con más café. Un saludo y una aeropress, por favor.

Mamá

Cuando huelo, me acuerdo de ella; cuando siento, me acuerdo de ella; cuando oigo me acuerdo de ella; cuando saboreo, me acuerdo de ella, y sin embargo cuando la veo, no la disfruto todo lo que debería. Sí, gracias a ella puedo hacer todo esto, porque su sangre llevo. Al mundo vine de ella, mi madre, Marisa.

Llevo infinidad de artículos de café diferentes, explicándoos todo sobre este producto, dedicando algunos de ellos a personas importantes en mi vida, y ya veis, después de 100 artículos y gracias a que este domingo es el día de la madre, voy y se lo dedico, no tengo vergüenza. Debería de haber sido el primero, o por lo menos el primero dedicado, pero como dice el dicho, más vale tarde que nunca. Felicidades MAMA.

Un consejo del que por desgracia no puede disfrutar todos los días de su madre: siempre que podáis disfrutarla, porque es quien os lo ha dado todo. En su honor, el café de hoy, un postre con cada una de las cosas que más le gusta disfrutar a mi madre, bueno casi todas, que he estado buscando y no he encontrado cerezas todavía, pero llegarán y juntos las saborearemos. En el fondo del plato, guisantes tiernos repelados en crudo, fresas (en lugar de las citadas cerezas), almendras de Calahorra, nueces y, sobre todo, café, dulce y caliente, como a ti te gusta mamá. Solo elaboraremos el café, llevándolo a ebullición con azúcar al gusto y mantequilla, a la que le añadimos granos de café tostados y las almendras.

Una vez presentado en plato servimos y a disfrutar, como a buen seguro haréis la mayoría de vosotros mañana con vuestra familia. Yo lo disfrutaré con mi otra madre, la madre de mis hijas. Un saludo y tantos espresos como madres existan en el mundo, por favor.

Café hecho arte

El café hecho arte, la mezcla de este deliciosos líquido embiagrador de los sentidos, de color oscuro y multitud de matices, junto con el calor de un buen whisky y la untuosidad fresca de un buena crema de leche pura, han originado el combinado de café por excelencia, el café irlandés. Y si alguien es capaz de realizarlo casi a la perfección, ése, es mi padre, Teófilo Alonso.

Ver la pausada y desinteresada facilidad en la ejecución de tan rico manjar con sus manos, es todo un arte. Sin quererlo, hay lo tienes, un irlandés excepcional, y encima tienes que escuchar: «¡¡VA!!, sin querer ha salido, lo mismo mañana no sale bien». Pero sale, os aseguro que sale. Y es que durante su carrera profesional ha sido uno de los más grandes maitres que ha habido, qué voy a decir yo que es mi padre.

A mí me lo ha enseñado todo, de forma consciente por mi parte y de forma inconsciente, pero los años le van dando la razón y yo me voy dando cuenta que donde yo escuchaba una bronca, una orden o un enfado, en realidad era un consejo, una idea, una educación. ¡Qué pena que no nos demos cuenta antes, en el tiempo, de esto!

Por lo menos yo he tenido la suerte de darme cuenta mientras está aquí, y sé que, aunque no lo hayamos hablado de forma directa nunca, él sabe que ahora lo he comprendido y sabe que yo sé que lo sabe

¿Por qué os cuento todo esto? Pues porque he venido a Calahorra, ciudad en la que viven mis padres, a pasar unos días a su lado. Y el otro día, dando un paseo por el pueblo, en fiestas (puesto que los Santos Mártires que veneramos en Santander se hicieron mártires a orillas del Cidacos, río que baña los pies de la ciudad), mientras ibamos a tomar unas rabas, nos pusimos a hablar de café, de cómo es ahora, de cómo lo hacía él, de dónde viene, etc, y me acordé de su café irlandés, de su forma de trabajar y de todas sus enseñanzas...

Así que me puse al ordenador y fue el latir de mi corazón el que ha presionado sus teclas para escribir y terminar este artículo diciendo 'Te quiero Papá'. Hoy le pediré que me haga un café irlandés que disfrutaré como un niño. Un saludo y un espreso, por favor.

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