El simio acuático

El consumo de pescado y el cocinado de los alimentos fueron los dos factores fundamentales que permitieron evolucionar a unos monos más o menos listos hasta convertirse en seres humanos

La grasa omega 3 DHA ha sido clave en la evolución humana./María Gil Lastra
La grasa omega 3 DHA ha sido clave en la evolución humana. / María Gil Lastra
José Enrique Campillo
JOSÉ ENRIQUE CAMPILLO

La semana pasada se publicó en estas páginas un reportaje titulado 'Dónde comer pescado en Cantabria'. Era un documentado recorrido por los mejores restaurantes de Cantabria en los que se pueden degustar los excelentes tesoros gastronómicos que nos proporciona este mar que tenemos enfrente. Ya hemos resaltado desde Cantabria en la Mesa las virtudes saludables que tiene el comer con frecuencia productos del mar ya sean frescos, congelados o en conserva. Todos tienen sus virtudes gastronómicas y saludables y, por lo tanto, debemos alternarlos en nuestro menú semanal.

Pero hoy quería comentarles que, además, es posible que el consumo de pescado, junto con el cocinado de los alimentos, fueron los dos factores fundamentales que permitieron evolucionar a unos simios más o menos listos hasta convertirse en seres humanos. Todo surgió de la mente inquieta de Elaine Morgan, una joven escritora inglesa, ecologista y feminista. Y sobre todo de su pluma, ya que en 1982 publicó un libro que supuso una conmoción en los ambientes científicos dedicados a la evolución de la especie humana. Se trata de 'The Aquatic Ape' (El simio acuático), un texto en el que se atrevía a proponer que la única posibilidad para explicar las características tan peculiares de nuestra especie, que nos diferencian tanto de cualquier otro animal, fueron los millones de años que nuestra especie paso viviendo en un entorno acuático o semiacuatico. Alternaban su vida en zonas secas y periodos de vida en el agua. Eso les permitía huir de los depredadores y conseguir alimento fácil a base de peces, moluscos y crustáceos.

Este hipotético hecho habría influido en nuestra evolución, debido a que en este ambiente habrían obtenido la mayoría de sus alimentos de las zonas costeras del mar y en los grandes lagos de aguas someras que abundaban (y aún persisten) en la zona del este de África donde trascurrió nuestra evolución.

Hace dos millones de años esa zona de África era un secarral parecido al que ahora nos muestran los documentales. Y para nuestros ancestros, cazar alguna presa sin disponer aún de armas capaces de matar a distancia, era tarea casi imposible. Comer peces, mejillones o cangrejos del mar o de los lagos fue la solución para progresar.

Una de las pruebas, entre otras muchas, es que el componente esencial de nuestro cerebro es una grasa omega 3, la DHA, que abunda sobre todo en los alimentos acuáticos. Numerosos científicos aseguran que el abundante aporte de este componente facilitó la evolución de nuestro gran cerebro. Por lo tanto cuando la gente debate sobre si somos herbívoros, carnívoros u omnívoros, yo creo que, sin duda, somos piscívoros (comedores de pescado). Recuerden que antes se decía «somos lo que comemos». Hoy está de moda la paleodieta, es decir la forma de alimentarse de nuestros ancestros paleolíticos. Y, en consecuencia, decimos «somos lo que comieron nuestros ancestros».

Por lo tanto seamos consecuentes con este pasado evolutivo e incluyamos la mayor cantidad posible de productos del mar en nuestra dieta. Pondremos a nuestro organismo en sintonía con nuestro diseño evolutivo y obtendremos salud y placer.