Cantabria pierde 2.239 alumnos de Educación Infantil en sólo cuatro años

La caída de la natalidad tiene su efecto directo sobre las matrículas de Educación Infantil. /Alberto Aja
La caída de la natalidad tiene su efecto directo sobre las matrículas de Educación Infantil. / Alberto Aja

La caída de la natalidad deja su huella en la enseñanza, amenaza la continuidad de distintos colegios y obliga al sistema a replantearse el futuro

José María Gutiérrez
JOSÉ MARÍA GUTIÉRREZSantander

La decisión de la Consejería de Educación de fusionar a partir del próximo curso los colegios Los Viveros, Ramón Pelayo y Simón Cabarga de Santander, que conlleva la desaparición de este último después de 30 años de actividad, pone en evidencia una preocupante realidad: el descenso de alumnos que se incorporan al sistema educativo cántabro fruto de la crisis demográfica, que se convierte en una seria amenaza para la viabilidad de algunos centros. En Educación Infantil, concretamente en el 2º ciclo (alumnado de 3, 4 y 5 años), cuya escolarización está generalizada al cien por cien en toda la región, se han perdido en los últimos cuatro cursos 2.239 alumnos entre los colegios públicos, concertados y privados, lo que supone un descenso de la matrícula de un 13,5%. La caída de la natalidad (un 60% en las dos últimas décadas hasta situar la media actual en 1,15 hijos por mujer, por debajo de la media española) deja su huella directa en la Educación, a la que tampoco ayuda el saldo migratorio negativo.

La Educación Infantil estuvo creciendo hasta el curso 2012/2013, cuando se alcanzó el tope de 16.651 alumnos. En el ejercicio siguiente se produjo un estancamiento llamativo que rompió una larga tendencia de crecimiento (casi se repitió la misma cifra de matrícula, con 16.538 estudiantes). Y a partir del curso 2014/15, los colegios cántabros han empezado a perder alumnos de forma notable y progresiva (cada año más) en su etapa inicial, siendo el actual curso cuando más ha bajado. Así, en el ejercicio 2014/15 se perdieron en relación al curso anterior 483 alumnos (-2,9%); en el 2015/16, otros 529 menos (-3,3%); en el 2016/17 se matricularon 579 niños menos (-3,7%); y, por último, en este 2017/18 se han perdido 648 escolares con respecto al pasado curso (-4,3%) hasta dejar el total de esta etapa educativa en 14.299 estudiantes. Hay que viajar en el tiempo hasta 2006 para encontrar una cifra tan baja.

Además

Al contrario que en los periodos de crecimiento de este siglo, cuando la red pública concentró el aumento de matrícula, durante esta última época de descenso en Educación Infantil la correlación ha quedado prácticamente estable, lo que revela que el problema afecta por igual a centros públicos y privados-concertados. Los primeros reúnen en la actualidad el 69,5% de los estudiantes de esta etapa (9.935) y los segundos el 30,5% (4.364), porcentaje casi idéntico al que existía hace cinco años antes de que empezara la caída de nuevos alumnos.

Tras el anunciado cierre del Simón Cabarga, Educación estudia el futuro del Jesús Cancio, que tiene 49 escolares

Este decrecimiento de niños que se incorporan al sistema educativo por su base es una constante a lo largo de toda la geografía regional y afecta sobre todo a los núcleos más poblados. En estos últimos cuatro años, Santander ha perdido 540 alumnos de Educación Infantil, lo que supone un descenso porcentual del 11,7%; Camargo, 270 (-24,6%); Torrelavega, 221 (-13,8%); Castro Urdiales, 145 (-15,8%)... «En todos los centros se nota la caída de la natalidad, salvo en localidades periurbanas con población joven. Se nota en la Educación Infantil, pero ya también en los primeros cursos de Primaria», admite la directora general de Innovación y Centros Educativos del Gobierno de Cantabria, Isabel Fernández.

Centros con menos alumnos

El Rocío (Bárcena Pie de Concha).
5
La Población (Campoo de Yuso).
5
Villasuso (Cieza).
5
Puente Pumar (Polaciones).
7
San Roque de Oreña (Alfoz Lloredo).
8
Elsedo (Mogro).
10
Ntra. Sra. Roble (San Pedro Romeral).
10
CRA Liébana (Potes).
12
San Andrés (Luena.
14
Valdeolea (Mataporquera).
14

Es una evidencia: el problema que ahora se advierte en Infantil, con el paso de los años se irá trasladando a Primaria, Secundaria... Y mientras, por debajo, la realidad demográfica hace perder las esperanzas de que se pueda revertir la tendencia de caída de la natalidad y, por consiguiente, de alumnos, en un futuro cercano: la edad media de los habitantes de la región roza ya los 45 años, los jóvenes emigran en busca de trabajo y las proyecciones futuras, tanto del INE como del Icane, apuntan a una disminución de la población de unas 40.000 personas en la próxima década y a un aumento paralelo del envejecimiento: en 2031, el 30% de población contará con 65 años o más. Una tormenta perfecta que obliga a repensar la estructura y las dotaciones educativas.

«El cierre de un colegio no se hace por capricho ni de un día para otro: implica estudios y una valoración meditada y conjunta» Isabel Fernández, Directora general de Innovación y Centros Educativos

Viabilidad

¿Están en peligro otros centros tras el ya anunciado cierre del Simón Cabarga? «En este momento, no», responde la responsable de la Consejería de Educación. Pero las cifras oficiales de escolarización revelan casos llamativos como el del colegio público Jesús Cancio, ubicado en el populoso barrio de Cazoña, en Santander, que cuenta este curso con tan sólo 49 alumnos, menos que los que poseen, por separado, los tres centros -Los Viveros, Ramón Pelayo y Simón Cabarga- afectados por la fusión. En el caso del Jesús Cancio, los ochos alumnos de Infantil, de 3, 4 y 5 años, comparten un aula mixta; y los otros 41 de Primaria se distribuyen en tres clases dado su escaso número: en 1º sólo hay ocho niños matriculados, en 2º, apenas seis; en 3º, el número baja a cinco...

«Educación no aprovecha esta circunstancia para reducir la masificación de las clases; prefiere recortar el número de aulas» Jesús Aguayo, Representante del sindicato STEC

Las cifras revelan un problema. Así lo asumen los padres de los alumnos, incapaces de abstraerse a los rumores, y así lo reconoce la propia Isabel Fernández, que anuncia que responsables de la Consejería de Educación mantendrán una reunión la próxima semana con el equipo directivo del Jesús Cancio para analizar el futuro del colegio, que podría ser el siguiente en cerrar sus puertas. En la cita se valorará el tipo de alumnado, la progresión reciente, la futura en función de los flujos naturales de estudiantes, el proyecto, la viabilidad, las alternativas de centros cercanos... «A día de hoy no hay ninguna decisión tomada. Ninguna. Dependerá de lo que se valore en esa reunión», sostiene Fernández sin despejar los nubarrones que se ciernen sobre el centro.

Evolución del descenso de alumnos en Educación Infantil (3, 4 y 5 años)

2013/14.
16.538
2014/15.
16.055
2015/16.
15.526
2016/17
14.947
2017/18.
14.299

Muchas de las razones esgrimidas para justificar la clausura del Simón Cabarga -los efectos que provoca la escasez de alumnos en la calidad de la enseñanza y en la motivación del alumnado y profesorado y las dificultades para la realización de determinadas tareas- se dan también en el Jesús Cancio, cuya viabilidad lleva tiempo en el punto de mira.

«Cualquier cierre lleva un proceso, no es cuestión que se haga de un día para otro ni por capricho, porque es una decisión trascendente sin retorno: implica estudios previos, informes de la Inspección Educativa, reunión con la dirección...», explica la directora general.

La amenaza de cierre no llega, por ahora, a los colegios de las zonas rurales a pesar de que hay situaciones donde se está llegando al límite: hasta una decena de centros educativos de Infantil y Primaria cuentan con menos de 15 alumnos. También los hay con 20, con 40 escolares... Se llevan la palma los colegios públicos El Rocío (Bárcena de Pie de Concha), La Población (Campoo de Yuso) y Villasuso (Cieza), con tan sólo cinco. Aquí lo de reunir a niños de distintas edades en las aulas para evitar su aislamiento y racionalizar los recursos educativos es ya una constante desde hace años.

«En el caso de las zonas rurales se tienen en cuenta otras circunstancias distintas a las de los núcleos urbanos o periurbanos. La Consejería tiene la obligación de asegurar la enseñanza en zonas despobladas, generalmente además de difícil acceso, que dificultan el transporte a otros colegios de otras zonas que podrían plantearse como alternativas», señala Isabel Fernández.

Descenso por ayuntamientos

Santander.
-540
Camargo.
-270
Torrelavega.
-221
Castro Urdiales.
-145
Astillero.
-82
Los Corrales de Buelna.
-66
Laredo.
-63
Santoña.
-59
Piélagos.
-55
Reinosa.
-24

«Preocupación»

Mientras, el Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de Cantabria (STEC), mayoritario en la Junta de Personal Docente, muestra su «preocupación» por las consecuencias que puede tener este descenso de alumnos y lamenta que la Administración educativa no haya aprovechado esta circunstancia para, al menos, cumplir los ratios de estudiantes por aula pactados en junio de 2016. El acuerdo, firmado por la Consejería de Educación y los sindicatos miembros de la Junta de Personal Docente -STEC, CC OO, UGT y ANPE- obligaba a que durante el presente curso ya no hubiese ningún colegio público de Cantabria que tuviese más de 25 niños por clase. Pero todavía quedan 37 aulas, 31 de Primaria y 6 de Infantil, por encima de ese tope. «Educación no aprovecha esta circunstancia para reducir la masificación de las clases, sino que, al contrario, lo que hace es disminuir el número de aulas», expresa Jesús Aguayo, representante de STEC.

La organización sindical también pone en duda la conveniencia de los conciertos que reciben determinados centros privados -menciona La Anunciación (96 alumnos) o San Roque-Los Pinares (55), ambos de Santander- cuando sus matrículas están «lejos» de lo debido.

El impulso de la FP

La caída de la Educación Infantil no es 'visible' en las cifras globales de la escolarización de Cantabria, que reflejan una apariencia de estancamiento -93.132 alumnos este curso, 92.449 el pasado, 92.708 hace dos años- fruto del crecimiento experimentado entre los jóvenes que cursan enseñanzas postobligatorias, muy especialmente ciclos de Formación Profesional, que compensan el descenso por la base de la pirámide: en la última década el número de estudiantes de este tipo de formación ha pasado de 6.746 en el curso 2007/08 a los 12.116 del actual, casi el doble.

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