El coche eléctrico «no convence»

Un vehículo eléctrico carga sus baterías en el centro de Santander. /Andrés Fernández
Un vehículo eléctrico carga sus baterías en el centro de Santander. / Andrés Fernández

Las matriculaciones de automóviles con batería se incrementaron en la región un 125% el pasado año pero los usuarios aún no lo ven como una alternativa real

JOSÉ CARLOS ROJO SANTANDER.

Las grandes marcas del motor publicitan el coche eléctrico como una alternativa de futuro. De hecho, las ventas de estos modelos de vehículo crecieron más del doble el pasado 2017 en Cantabria -un 125% más-, donde Gobierno y Ayuntamientos planean multiplicar la instalación de puntos de recarga en las calles. Pero tras este optimismo subyace una desconfianza que alcanza a muchos profesionales del sector, que ven cómo en el balance general los inconvenientes aún pesan demasiado sobre las ventajas respecto a los tradicionales motores de combustión.

«Me parece que al diésel y la gasolina aún les queda bastante recorrido». Lo dice José Manuel Jiménez, jefe de ventas del concesionario Grünblau Motor. «Nosotros vendemos de momento solo un modelo, el BMW I3. Su autonomía alcanza los 250 kilómetros y eso conduciendo con cuidado», advierte. «Yo viajo de forma regular a Madrid y no podría plantearme un eléctrico. Sinceramente, es algo que por el momento no termino de ver». «Para entender cómo funciona esto, el pasado año creo que no hemos vendido más de 4 coches de este modelo», concreta.

En 2016 se matricularon en Cantabria un total de 20 coches eléctricos y en 2017 fueron 45. Ese incremento de tan solo 25 coches es el que dispara el tanto porcentual de las ventas al 125 %. Para entender mejor esta dimensión puede compararse el número con el total de ventas de vehículos de todo tipo en 2017, que alcanzó los 12.974.

«Es el coche perfecto para la ciudad»

En el albergue Paradiso (Suances), un complejo turístico y juvenil con una vertiente orientada a la educación en sostenibilidad, encaja perfectamente la filosofía del coche eléctrico. «Es el vehículo de la empresa, un BMW I3, totalmente eléctrico y estamos realmente contentos con ello», explica Miguel Massee, gerente del centro. «Tiene una autonomía de 300 kilómetros teóricos, con las prestaciones de un coche normal. Pasa de 0 a 100 en siete segundos y pesa tan solo 1.300 kilos», explica.

«Se puede llenar el depósito con solo 3 euros y en unos 20 minutos si la conexión es de carga rápida. No necesitamos pasar la ITV porque al no tener fluidos la mecánica es mucho más sencillas y apenas tiene averías», concreta. «Estoy convencido de que a medida que los modelos bajen de precio y la gente se conciencie también por las exenciones fiscales por emisión cero de humos, se vendrán mucho más».

Basta añadir que el parque de vehículos eléctricos de Cantabria hasta noviembre del pasado año sumaba 246 unidades entre furgonetas, coches, motocicletas y ciclomotores. Algo ínfimo en comparación con el parque de vehículos de gasolina y diésel, que alcanzó los 420.240. A escala nacional las ventas del eléctrico fueron casi anecdóticas; solo 9.671 se matricularon en 2017 en toda España.

En el lado positivo, el vehículo eléctrico es más ligero y en teoría más fiable que uno de gasolina o gasóil porque la mecánica se reduce a la mínima expresión y no contiene fluidos. No contamina y es mucho más silencioso. La recarga de una batería media puede costar 5 euros, mucho menos de lo que supone llenar el depósito.

45 unidades de vehículos eléctricos se vendieron el pasado año en Cantabria

Pero es imposible pasar por alto las desventajas. Desanima a cambiar de energía el «excesivo» precio de los modelos eléctricos, que de media suponen un desembolso de hasta 10.000 euros más respecto al modelo de idénticas prestaciones con motor de combustión. La escasa autonomía de estos vehículos -que ronda de media los 200 kilómetros- los convierten en opciones poco prácticas para quien tiene necesidad de hacer largos viajes y la escasez de puntos de recarga en la región no ayuda a paliar ese problema.

Por eso tiene parte de lógica que Camilo Setién, responsable de ventas del concesionario Setién Herrera y Cía, también se maneje en la cautela. «El motor eléctrico puro tiene aún muy poca autonomía. Hasta que no logremos que un eléctrico pueda andar 1.500 kilómetros sin detenerse a recargar, no resultará realmente útil». Su oferta se reduce a un utilitario pequeño, Smart, con 160 kilómetros de autonomía que en la práctica se queda en 100; pero la marca ya avanza que ampliará la opción de vehículos eléctricos para el próximo año.

Si cada estación de servicio permitiera enchufarse a un punto de recarga, el problema quedaría resuelto, pero en Cantabria solo ocho se han aventurado a instalar un poste de carga. «Nosotros tenemos uno en el área de servicio de Reocín, en la salida de la A-8 y en el pueblo de Ruente, y en ninguno de los dos casos ha merecido la pena», declara Jorge de Benito, presidente de la patronal de las gasolineras de Cantabria y España. «Si tenemos instalado un poste de este tipo es porque no queremos quedarnos fuera de la oferta energética que existe en la actualidad, pero si soy sincero creo que no he facturado más de 6 euros en el año que está funcionando el tótem», remarca. La burocracia administrativa y legal y la carestía de la instalación ha desanimado a otros empresarios a dar el paso. Máxime cuando la inversión para instalar un punto de recarga asciende a los 12.000 euros, según indican fuentes de la firma Urbener, empresa especializada en la compra de Energía Eléctrica en el Mercado Mayorista, que ha gestionado la puesta en marcha de la mayor parte de estos puntos de recarga en estaciones de servicio cántabras.

Energía gratis

De los 46 puntos de recarga que existen en la región solo 8 se encuentran en estaciones de servicio y, por tanto, son de pago. El resto, de uso gratuito, se reparten entre centros comerciales, como en el caso de El Corte Inglés o Carrefour de Santander; hoteles, o en el Parador de Santillana. También los hay en aparcamientos como el de La Llama, de Torrelavega; en concesionarios como el de la Nissan, en Santander; en un Camping como el de Loredo; además de los instalados en diferentes puntos de las calles, como el que Eon habilitó en pleno paseo de Pereda, en Santander.

«Hace mucho que en nuestra oferta tenemos la recarga de coches», explica Laureano Gutiérrez, del Parador de Santillana del Mar. Es una de las visiones más optimistas con el coche eléctrico, como la del Gobierno cántabro. La Consejería de Innovación, Industria, Turismo y Comercio otorgará este 2018 ayudas a la instalación de estaciones de recarga del 40% a fondo perdido. Lo aclara el consejero Francisco Martín: «Para transformar los usos y fomentar los vehículos eléctricos es imprescindible dotar a los usuarios de estaciones de recarga que puedan facilitar la movilidad con este tipo de vehículos».

Santander es buen ejemplo de ciudad que ha confiado en la electricidad para mover su transporte público. La flota de parques y jardines cuenta con 14 motocarros eléctricos y los servicios de limpieza y basuras tiene 12 furgonetas movidas por batería. Además, en las calles de la capital cántabra hay 8 puntos de recarga gratuita.

Un proyecto de años

«El coche eléctrico supone una nueva manera de conducir, es casi una filosofía», remarca el presidente de CEOE-Cepyme en Cantabria, Lorenzo Vidal de la Peña, gerente del concesionario Renault Vidal de la Peña. «Es un coche perfecto para manejarse por una ciudad pequeña como Santander, por eso yo lo utilizo y por eso me parece que sus ventas van a crecer con los años». Para confirmar esta tesis aún habrá que esperar.

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