Condenados a la peripecia

José Maza muestra el solar donde hace siete años se erigía la única sucursal bancaria del municipio de Penagos. /Daniel Pedriza
José Maza muestra el solar donde hace siete años se erigía la única sucursal bancaria del municipio de Penagos. / Daniel Pedriza

El cierre de la única entidad bancaria que había en el municipio obligó a los vecinos de Penagos a cambiar sus hábitos

NACHO GONZÁLEZ UCELAY SANTANDER.

La desconexión bancaria afecta a 39 ayuntamientos, 18 que no llegan a 500 habitantes, otros once que no rebasan el millar, siete más que no superan los 2.000 y tres que ni cruzando esa frontera han logrado impedir que los bancos se fueran de allí huyendo de la crisis como quien huye de la peste. Por razones meramente estratégicas, Castañeda, Valdáliga y Penagos, que juntan más de 7.000 vecinos (la cuarta parte de los afectados), han dejado de interesar a la industria financiera. Y esto ha supuesto un problema. Al menos en Penagos, que hoy tiene un solar donde hace siete años tenía un banco.

«Nosotros teníamos una sucursal de Liberbank que daba servicio a todo el municipio», recuerda el alcalde, José Carlos Lavín, retrocediendo en el tiempo hasta el año 2012. «Pero, un día, el tejado se desplomó, la oficina cerró y ya no abrió más». Aprovechando ese contratiempo, Liberbank, por aquel entonces ya en plena fase de reestructuración, decidió terminar su relación comercial con Penagos.

«Los más mayores tienen que estar a expensas de que alguien les lleve a Sarón» José Maza | Vecino de Penagos

«Así que no tenemos sucursal. Ni sucursal... ni cajero automático», se lamenta Lavín, que ni ofreciendo un hueco en la fachada del Ayuntamiento consiguió que alguna de las grandes entidades financieras -Banco Santander, BBVA y Liberbank- se interesara por colocarles una dispensadora.

Desenchufados de la red de sucursales, los habitantes de los cinco pueblos de Penagos (Arenal, Llanos, Cabárceno, Penagos y Sobarzo) tienen que desplazarse hasta Sarón para poder bregar con sus dineros. La distancia depende de la localidad donde vivan.

Si viven en la capital, Penagos, «pues cuatro kilómetros y pico», calcula a bote pronto José Maza, que debió ser, entre los 2.160 habitantes del municipio, el más perjudicado por el cierre de la sucursal porque a diferencia de los demás él sólo tenía que cruzar la calle para llegar al banco.

«Lo que no era lógico es que hubiera tres sucursales donde no había ni mil habitantes» Luis Gandarillas | Vecino de Sobarzo

«Nunca entendí bien el cierre porque era una oficina con bastante actividad», dice el hombre, que donde antaño atesoró dinero ahora atesora los recuerdos de dos robos (uno frustrado y otro consumado, ambos ejecutados por butroneros), de un desplome y de una manifestación con la que ni él ni sus convecinos consiguieron que Liberbank rectificara su idea.

Por eso ahora, los más mayores, que antes iban a cobrar la pensión dándose un paseo por La Helguera, «tienen que estar a expensas de que alguien les lleve a Sarón».

Si viven en Sobarzo, «tres kilómetros», computa Luis Gandarillas, que muy al contrario que José sí entiende la decisión de Liberbank de echar la persiana.

La oficina bancaria cerró sus puertas tras venirse abajo el tejado del edificio, un suceso que no causó daños personales porque se produjo de madrugada.
La oficina bancaria cerró sus puertas tras venirse abajo el tejado del edificio, un suceso que no causó daños personales porque se produjo de madrugada. / Antonio 'Sane'

Prejubilado del sector de la banca, lo cual explica su forma de pensar, a él el cierre le parece lógico. «Lo que no era lógico es que hubiera dos y hasta tres sucursales bancarias donde no había mil habitantes», afirma Luis, que durante la precrisis llegó a ver abiertas cinco oficinas de la misma entidad bancaria en un radio de 20 kilómetros.

«Nosotros hacemos todos nuestros pagos a través de Internet o con tarjeta de crédito» Isabel López | Vecina de Llanos

«Comprendo que aquella decisión descolocara a algunos vecinos, especialmente a los más mayores, pero de igual modo que van en coche al médico también pueden ir en coche al banco».

Y si vive en Llanos, la localidad más alejada del centro de Penagos, «siete kilómetros, más o menos», recuenta Isabel López, para quien la banca online no es un misterio. De mediana edad, ella y su esposo hacen sus pagos a través de Internet o tirando de la tarjeta de crédito. «Sólo llevo dinero en efectivo para pagar el pan, la leche y cosas así», explica la mujer, que donde vive no echa en falta a los bancos.