Revilla arrasa y coquetea con el PSOE antes que con Ciudadanos

Miguel Ángel Revilla./
Miguel Ángel Revilla.

El PRC necesitará aliarse con socialistas o Cs para tener una mayoría fuerte en el Parlamento | «Lo normal sería pactar con el PSOE, pero no hay nada hecho», dijo el líder regionalista cuando todavía no tenía al diputado número 15 y las cuentas con Ciudadanos no salían | El PP no puede frenar la recesión nacional y pierde cuatro diputados | Podemos sale del Parlamento y Vox entra con dos

VIOLETA SANTIAGO y GONZALO SELLERSSantander

Por fin. Miguel Ángel Revilla proclamaba en los últimos meses que se merecía ganar unas elecciones después de haber construido un partido «fiable» casi con sus manos durante 40 años y los cántabros ayer le dijeron que sí, que ganador. Se lo dijeron en las urnas, voto a voto, en lo que se ha convertido en el mayor éxito de la carrera del líder regionalista. El PRC consiguió más de 122.000 papeletas (con el 99% escrutado) y pasó a ser la primera fuerza de la región. Tendrá 15 diputados (partía de 12) y ha desbancado a un PP que baja cuatro escaños y se queda con solo nueve. El de Polaciones ganó hasta en Santander, una plaza que era una espina clavada para él: en la capital, Revilla se hizo con el 31% de los votos, mientras la presidenta popular, María José Sáenz de Buruaga, se quedó cuatro puntos por debajo, en el 27% y Pablo Zuloaga solo logró el 17% del total de papeletas.

Aquí puedes ver los resultados en detalle de las elecciones autonómicas.

Los populares, que fueron los amos del cotarro autonómico hace ocho años al lograr una mayoría absoluta cuando hacían falta 20 diputados (hoy solo son necesarios 18), se encuentran ahora mismo a tiro de tres escaños del PSOE, un partido que tocó fondo en los anteriores comicios y que esta vez ha logrado coger tímidamente la tendencia ascendente nacional y pasar de cinco parlamentarios a seis. Ciudadanos también va para arriba, aunque sin excesos: el nuevo candidato, el conocido Félix Álvarez, consigue más respaldo que el desconocido Rubén Gómez en 2015, si bien se traduce solo en un tercer parlamentario (hasta ayer tenía dos).

Las sorpresas las dieron los partidos por los extremos: Podemos, que había llegado con rotundidad hace cuatro años al Parlamento al apropiarse de tres escaños, se queda fuera de juego. Cero diputados. Por el otro lado, entra Vox, que en la anterior convocatoria había sido una formación completamente residual –solo obtuvo 1.076 papeletas en toda Cantabria– y hoy amanece con más de 16.000 votantes detrás y dos diputados.

Aquí puedes ver quiénes son los diputados elegidos.

La otra gran incógnita de estos comicios, Santander, seguirá siendo incógnita hasta que se resuelvan los pactos. Ha vuelto a ganar el PP y aunque Gema Igual resta apoyos (baja en casi 5.000 votos y dos ediles) logra mantener 11 concejales (tenía 13) y, dado que entra Vox, la llave del futuro la tienen Ciudadanos y su flamante candidato, Javier Ceruti. El abogado tendrá que elegir entre un pacto a la andaluza (con las tres derechas) o inclinarse por lo que el resto de los partidos (PSOE, PRC y Unidas por Santander) han denominado a lo largo de toda la campaña el posible cambio histórico de timón en la capital de la región. La formación naranja no ha conseguido añadir ningún concejal desde las anteriores elecciones y Ganemos, que tenía dos ediles, se diluye y se queda en la nada.

En Torrelavega, el alcalde socialista José Manuel Cruz Viadero perdió por 218 votos frente al candidato regionalista, Javier López Estrada, hijo de López Marcano, quien fuera alcalde de la ciudad entre 1999 y 2003. Cruz Viadero había gobernado en coalición con López Estrada esta última legislatura y ahora el gobierno de la ciudad queda abierto a los pactos de futuro. Otros dos grandes municipios, Castro Urdiales y Camargo, han seguido líneas similares: suben el PSOE y el PRC, que suman mayoría y podrán gobernar en coalición en ambos lugares.

Revilla, acompañado de su equipo, observa la evolución del escrutinio.
Revilla, acompañado de su equipo, observa la evolución del escrutinio. / Alberto Aja

En conjunto, el PRC se llevó 41 municipios, el PP 36 y, el PSOE, ha conseguido ganar en 18 ayuntamientos. Cantabria votaba ayer más pendiente que nunca de los pactos, ya que a los cinco partidos que sacaron representación autonómica en 2015 se unía esta vez el empuje con el que parecía llegar el de Santiago Abascal, lo que hacía presuponer que se pasaría de cinco siglas a seis. Y, a pesar de que ha sido la segunda convocatoria en menos de un mes (las generales tuvieron lugar el 28 de abril), la gente no ha perdido las ganas de elegir: el índice de participación subió hasta más del 70% lo que significa que hubo un aumento de cuatro puntos largos respecto a las autonómicas de 2015.

En los próximos días se abrirá el melón de los pactos. Revilla lo encarará con la seguridad de que podrá maniobrar prácticamente a su antojo. Ya ayer lanzó un primer aviso a navegantes: hará valer sus 15 diputados y, según dejó caer, la lógica apuntaría a un pacto con el partido que gobierna en España, para poder reivindicar. «Lo normal sería pactar con el PSOE, pero no hay nada hecho». Eso sí, lo dijo cuando todavía no tenía el diputadao número 15 y las cuentas con Ciudadanos no le salían.

Al PRC no le ha cogido muy de sorpresa el resultado. Ya se llevó una alegría sin igual el 28 de abril, cuando José María Mazón, hombre de la total confianza del secretario general del regionalismo, cometió «la heroicidad» de conseguir el primer escaño de la formación en el Congreso de los Diputados de Madrid. Mazón ha sido, de hecho, pieza fundamental en la campaña de un exultante Miguel Ángel Revilla, que no ha dejado de recordar a los suyos la importancia de lo logrado y cómo influiría en estas elecciones, como así ha sido. Para los regionalistas fue vital triunfar en las generales porque les ha permitido insistir en su mensaje de que son fiables, conocidos y, sobre todo, en que están unidos y no cambian de chaqueta. Un discurso de gran valor a la vista del sufrimiento interno de los otros grandes partidos (PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos) en los dos últimos años.

Cara de circunstancias de Mónica Rodero (Podemos).
Cara de circunstancias de Mónica Rodero (Podemos). / María Gil

La cabeza de lista del PP María José Sáenz de Buruaga, por su lado, no se cansó de decir toda la campaña que había que elegir entre la solvencia del PP «o la palabrería de Revilla y los socialistas», pero el mensaje no caló lo suficiente: un PP a la baja en todo el territorio nacional y la dolorosa y reciente ruptura del partido en Cantabria no eran los escenarios más propicios para que la organización recuperase liderazgo.

La querencia del PSOE ha sido la contraria. Los votos a los socialistas de Cantabria no habían dejado de adelgazar desde hace 20 años, pero ayer Zuloaga consiguió detener la hemorragia. El de la rosa fue un poderoso partido del hemiciclo, con más del 31% de los votos y 14 diputados en 1999, momento desde el cual cada convocatoria ha sido un paso atrás, tanto en número de votos como de representantes en el Parlamento. Aun así, ha tenido el mérito a lo largo de las legislaturas de irse apañando para seguir influyendo de forma decisiva en la política autonómica gracias a sus pactos con el 'revillismo'. En 2015 parecía haber tocado fondo (apenas el 14% de los votos y cinco parlamentarios), pero lograron volver al Gobierno regional subidos a la grupa de los regionalistas.

La caída del PP no ha sido tan acusada como fue hace cuatro años. Los populares vivieron un verdadero vía crucis en 2015, cuando perdieron más de 53.000 votos de una tacada y pasaron de contar con el respaldo del 45% de los votantes y 20 diputados a tener solo el del 32,5% del apoyo y siete diputados menos, lo que les dejó fuera de las quinielas para seguir al frente del Gobierno regional desde el minuto uno del cierre de las urnas, ya que Ignacio Diego (líder del PP entonces y presidente con holgada mayoría entre 2011 y 2015) había practicado una política de tierra quemada con el resto de los partidos de la región que le hizo imposible, siquiera, sentarse a hablar con ninguno de ellos para intentar un pacto.

Gema Igual se abraza a César Díaz, número dos de la lista del PP en Santander.
Gema Igual se abraza a César Díaz, número dos de la lista del PP en Santander. / Daniel Pedriza

Esta es una de las principales diferencias entre las anteriores elecciones y las habidas ayer: hace cuatro años, si el PP quería reeditar posibilidades de gobernar, solo podía ganar con número suficiente de diputados para no tener que llegar a acuerdos. Esta vez, el PRC también aspiraba a ganar con solvencia, pero el resto de formaciones no han dejado de mirarle de reojo y de ponerle una vela. Conscientes, todos los demás candidatos de que Revilla podía ganar, sí, pero seguiría necesitando socio y cualquiera del resto de formaciones podría ser la elegida para entrar en el gobierno porque si algo caracteriza al PRC es que es capaz de pactar a un lado o a otro sin despeinarse. La mentalidad no puede ser más práctica: se elige aliado a la más pura conveniencia del momento político general.

En mal instante se ha situado en Podemos, que ha hecho trizas en una sola legislatura todas las ilusiones que despertó en 2015. El partido morado entró con cierto vigor en el Parlamento hace cuatro años: logró más votos que Ciudadanos (el otro partido nuevo en aquel momento) y se hizo con tres diputados que llegaron con ilusión a las instituciones, unas ganas que a lo largo de la legislatura se fueron torciendo debido a las numerosas rivalidades que propició su forma de funcionamiento interno. En esta convocatoria electoral, la conflictiva situación interna obligó a improvisar candidata a última hora (una desconocida técnico de laboratorio de Torrelavega, Mónica Rodero, que se convirtió en cabeza de cartel apenas dos meses antes de los comicios).

Otra de las incógnitas de la jornada era el resultado que obtendría Félix Álvarez, representante de Ciudadanos que planteó su carrera política al revés de lo que suele ser habitual: primero saltó a la política nacional y, desde allí, preparó su desembarco en la regional. Tampoco Ciudadanos se había lucido demasiado al elegir a la mitad de su candidatura en 2015: su número dos, Juan Ramón Carrancio, abandonó la formación de Albert Rivera en junio de 2017, justo a mitad de ciclo, pero no dejó su escaño parlamentario, sabedor del valor de un voto en un Parlamento donde el bipartito PRC-PSOE siempre estaba necesitado de una mano amiga para tener la mayoría. Apenas dos meses después de haber dado con la puerta en las narices a Ciudadanos, Carrancio ya estaba promoviendo un nuevo partido, OLACantabria, con el que ayer aspiraba a seguir siendo parlamentario. Solo consiguió un millar de votos.

En total, para elegir a los flamantes 35 diputados estaban llamados a la urnas más de medio millón de personas residentes en Cantabria, de las cuales ejercieron su derecho al voto 327.866. 134.105 se abstuvieron, 3.158 votaron en blanco y hubo 3.371 votos nulos.