Un tribunal popular juzgará por homicidio a la novia de la hija del anciano muerto en Carasa

Vista de Carasa (Voto)./Andrés Fernández
Vista de Carasa (Voto). / Andrés Fernández

La juez de Laredo exculpa a la descendiente porque en el momento del fallecimiento se encontraba trabajando en la fábrica

c. de la p .
C. DE LA P .Santander

Un tribunal popular enjuiciará por un delito de homicidio a una mujer, investigada por la muerte de un hombre de 86 años en la localidad de Carasa (Voto), en julio de 2017. El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Laredo ha acordado la transformación de las diligencias previas en procedimiento del tribunal del jurado, un auto dictado el pasado 19 de abril, que puede ser recurrido ante la Audiencia Provincial de Cantabria.

Inicialmente, la juez Ana Cristina Pomposo imputó en el caso a la hija del fallecido y a su compañera sentimental, pero finalmente ha acordado archivar la causa respecto a la primera ya que a la hora en que se produjo la muerte aquella se encontraba trabajando en la antigua fábrica de Magefesa. Ante esta circunstancia, la juez ha decidido dejarla fuera del proceso y dirigir la acusación únicamente contra su pareja sentimental.

Fuentes próximas al caso señalaron a este periódico que la investigación «está prácticamente terminada», de manera que sólo la Audiencia Provincial podría decidir si hay que practicar nuevas pruebas, si alguna de las partes así lo reclamara.

La investigación se abrió tras conocerse por la autopsia que el octogenario murió por rotura de cuello

En un primer momento se pensó que la muerte del anciano habría sido natural. Pero el Juzgado de Laredo abrió diligencias penales tras conocer que las conclusiones de la autopsia apuntaban a un presunto delito de homicidio. El informe determinó que la causa de la muerte fue debida a una rotura con desplazamiento de la vértebra C-2 del cuello, es decir por rotura de cuello.

Desde el primer momento las sospechas recayeron en las dos mujeres que convivían con la víctima, la hija del finado y la pareja de ésta, por lo que fueron citadas a declarar como imputadas ante el juez, aunque no llegaron a hacerlo al acogerse a su derecho a guardar silencio. El juez las dejó en libertad condicional con cargos.

Las investigadas únicamente contaron su versión de los hechos a la Guardia Civil, cuando las tomó declaración tras conocer el óbito. En aquel momento señalaron a los agentes que acostaron al anciano «como todos los días» y no observaron nada extraño, hasta que al día siguiente, cuando le fueron a levantar, se lo encontraron muerto.

Alarmadas, la hija del anciano llamó a una hermana que vive en un pueblo cercano, y ésta alertó a su marido, y de este modo toda la familia fue conociendo el fatal desenlace. Llamaron también a la médico del centro de salud de Bádames que acudió al domicilio y, en principio, no observó nada sospechoso en el óbito.

A la vivienda acudieron también agentes de la Benemérita, el forense y personal judicial para realizar el levantamiento del cadáver. En la primera inspección que realizaron los efectivos de la Policía Judicial no observaron «ningún tipo de indicio» que apuntara a una muerte violenta. Pero tal y como mandan los protocolos, el cuerpo fue trasladado al Hospital Valdecilla para la realización de la autopsia, cuyas conclusiones determinaron la apertura de una investigación por un presunto homicidio. La juez cree que la rotura del cuello no fue accidental sino provocada y atribuye la acción a la compañera sentimental de la hija, que es quien se encontraba en el domicilio a la hora del siniestro. El suceso causó una profunda conmoción en el municipio. El fallecido tiene ocho hijos, algunos de los cuales viven en la zona. Fuentes próximas al caso aseguraron entonces a este periódico que ninguno de ellos daba crédito a la intervención de las investigadas en la muerte del anciano. «Defienden a su hermana, pero también a la pareja sentimental de ésta, a la que el octogenario trataba como una hija más», comentaban entonces.

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