Este contenido es exclusivo para suscriptores

Accede 2 meses gratis a todo el contenido y disfruta de la mejor experiencia publicitaria

logo-correo-on2.svg
Acceso ilimitadoNuevas secciones y más contenidosNueva app solo para suscriptoresCartas de autor en tu emailOfertas y eventos exclusivos

Pobre educación

Los padres siempre le piden soluciones al sistema, sin admitir que parte de la solución puede estar en sus manos

Jesús Herrán
JESÚS HERRÁN

Miércoles, día del espectador. Nueve de la noche. Buen momento para ir al cine y evitar arriesgados horarios juveniles. Compras palomitas y bebida y vences la tentación de adquirir «por un euro más» una minitableta de chocolate o cualquier chuchería de las de promoción. Delante de ti un grupo de adolescentes carga con perritos calientes y nachos. Es la hora de la cena, dicen entre risas. Cruzas los dedos para que no vayan a tu misma película, pero Murphy aplica su ley a rajatabla: además de ir a la misma sala, se sientan detrás de ti. Durante la proyección, luces de la linterna de sus teléfonos, comentarios, estornudos fingidos, palabras malsonantes. El más gracioso del grupo eructa. Son jóvenes, no te van a hacer caso, me dice alguien cuando me ve a punto de estallar. Respiro fuerte e intento resolver la situación con una mirada que podría congelar a cualquiera. A ellos, no. Su efecto dura apenas unos minutos. Y vuelta a empezar.

Contenido Patrocinado

Fotos