Gran Premio de China

Bottas, el doctor Jekyll y Mr. Hyde que desquicia a Mercedes

Bottas. /Efe
Bottas. / Efe

El finlandés es capaz de lo mejor, como la brillante pole en Shanghái, y de lo peor, como desaparecer en la lucha por victorias como hizo en 2018

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO

«Este es el Bottas de Australia», se decía este sábado tras la clasificación del GP de China, en el que Valtteri Bottas salió como el gran vencedor. Hace dos semanas, en Baréin, las frases eran muy distintas. Y es que Bottas es como una caja de bombones: no sabes cuál te vas a encontrar en cada fin de semana.

Si bien es cierto que en este 2019 ha arrancado con cierta fortaleza, al menos así lo ha mostrado en dos de los tres grandes premios, no acaba de mostrar el nivel que día a día presenta Lewis Hamilton. El pentacampeón se ha ganado por méritos propios el papel de indiscutible líder de Mercedes. Sus números hablan por sí mismos mucho mejor que cualquier línea que se pueda escribir ahí. Sin embargo, en torno a Bottas hay muchas más dudas de las que parecen. Pelear hasta el último instante es un mínimo que se le exige a Hamilton cada sábado, pero si lo hace Bottas (logre la 'pole' o no) alcanza unas cotas de mérito que muestran que aún no está considerado como un candidato al título.

Quizá estar a la sombra de uno de los gigantes indiscutibles de las 1.000 carreras de Fórmula 1 disputadas no le ayuda. Brillar al lado de un agujero negro que absorbe todos los récords posibles y fagocita cualquier conato de emoción en las carreras como es Lewis Hamilton no es sencillo. Bottas llegó a Mercedes para restañar las heridas surgidas por la guerra entre el británico y un Nico Rosberg que tuvo que volver a sus cuarteles de invierno a regodearse en su primer y único campeonato del mundo, porque sabía que con Hamilton al lado no iba a lograr mucho más si no era a costa de un sacrificio colosal.

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Bottas ha aprendido a convivir con el ingrato papel de escudero. No por gusto, sino por paciencia: sabe que en algún momento Hamilton decidirá dejarlo. Por edad, al finlandés le quedan unas pocas temporadas más en Fórmula 1. Sólo son cinco años de diferencia entre ambos, pero es consciente de que en cuanto el británico cuelgue el mono para dedicarse a otra cosa (que, a diferencia de Alonso, no será el automovilismo, sino más probablemente la música o la moda), él tendrá la oportunidad. No es el camino más rápido, pero sí el más seguro: convertirse en un pilar de carga que estabilice la situación en Mercedes, sin llegar a poner en peligro el 'statu quo' y abrir una brecha como ocurrió con Rosberg.

Sus opciones, no obstante, pasan porque el dominio de Mercedes se extienda muchos años. A Hamilton le quedan, como poco, dos temporadas en Fórmula 1, pero más alla es una incógnita. No es casual que el futuro cambio de normativa para 2021 coincida con el fin del actual contrato del pentacampeón, que ya contará con 36 primaveras a sus espaldas y, probablemente, algún título más en su palmarés. Si Mercedes logra mantenerse como el referente de la parrilla y resistir las evoluciones de Ferrari y Red Bull (el resto aún parecen un paso por detrás), Bottas quiere presentarse como la opción más fiable de cara al futuro.

Rock

El carácter de Bottas no es incómodo para nadie en su entorno. Familiar (su esposa, la nadadora olímpica Emilia Pikkarainen, le ayuda a mantener la disciplina), poco dado a excentricidades y centrado en cuerpo y alma al automovilismo, no es el perfil de piloto que pueda aparecer en las páginas de corazón, sucesos o escándalos de los tabloides. Eso también es del gusto de los responsables de Mercedes, que aceptan la buena vida de Hamilton, sus perros, joyas y exigencias de divo porque gana carreras como quien desayuna. Toleran que el pentacampeón aparezca un día en la zona VIP rodeado de modelos y cantantes en el 'backstage' de un concierto de trap de Bad Bunny mientras al fin de semana que viene esté en lo más alto del podio de una carrera. Bottas sería más de ir a ver a Bruce Springsteen y en grada, no en pista.

Pese a esta presumible docilidad, Bottas es capaz de mostrar una gran competitividad en pista. Lejos de grandes y tormentosas actuaciones, es agua mansa: lo demostró en Australia, con una inconmensurable victoria previa a mandar muy lejos a los que le habían criticado en 2018 por no ganar ninguna carrera. Queda por ver hasta dónde y hasta cuándo estará dispuesto a resistir con la careta puesta. Si el sabor del liderato del Mundial le ha extasiado los sentidos, quizá veamos a un Bottas mucho más guerrero de lo que a Hamilton le gustaría.