El Soplao contra los elementos

Los 8.500 participantes y los seguidores del infierno cántabro han afrontado la prueba bajo la lluvia. / Javier Rosendo

Diego Noriega y Alberto Fernández ganan la carrera de bicicleta de montaña y Vanesa Cadavieco consigue acabar la maratón en primera posición femenina | Tino Zaballa, campeón del Soplaoman, y Jesús Herrero de la Ultramaratón

Marco García Vidart
MARCO GARCÍA VIDARTSantander

Poco después de entrar en meta, paró su bici negra. Ambos estaban cubiertos de barro. Él hundió la cabeza entre el manillar de ella. Enseguida, un abrazo vino a consolar tanto sufrimiento. Imponía ver a un deportista que sí, que había entrado en meta y terminado la prueba de bicicleta de montaña. Pero que había sufrido lo indecible. La suya podía ser una de las cientos de historias que hubo este sábado en la Avenida de Cabezón tras concluir Los 10.000 del Soplao. Pero esa bici negra y amarronada de tanto barro, decía algo sobre su propietario. Dorsal '4'. Un número bajísimo. Y eso es propio de alguien muy bueno en esto. El '4' identificaba a uno de los sumos sacerdotes del infierno del Soplao. El torrelaveguense Óscar Velar ha terminado todas y cada una de las trece ediciones de Los 10.000 del Soplao. Y también las diez que se llevan hasta ahora de la prueba de carretera. Una punción el miércoles para aliviar un problema lumbar le hizo hasta la mañana de ayer dudar. «El cuerpo me decía que no, pero la cabeza... Tenía que intentarlo». Problemas físicos aparte, la lluvia y el frío masacraron a Óscar y a su bici. Las palabras de una ya leyenda del Soplao sentaron cátedra. «Este es uno de los tres Soplaos más duros que recuerdo. Si no llegan a recortar el recorrrido... No quiero ni pensarlo. Hubiese sido un matadero».

La decimotercera edición de Los 10.000 del Soplao ya forma parte de la historia de la carrera. Y por varios motivos. Uno, por el requiebro que dio la organización en la tarde del viernes. A todas luces, acertadísimo. Ante la previsión de lluvia y sobre todo frío, eliminar las partes más peliagudas del recorrido en varias pruebas –la de bici de montaña, 41 kilómetros menos–. Había dos palabras a evitar. 'Fuentes' y 'Ozcaba'. Los puntos a más altura. Por Ozcaba camino de Colsa, la pista llega casi a los 1.200 metros y lo que en Cabezón era agua, allí hubiese sido aguanieve. El segundo motivo fue que ni aún así se evitó la dureza. Un día pasado por agua y sobre todo con temperaturas de lo más bajas martirizó a los miles de peregrinos del averno. De cuando en vez, al infierno cántabro le gusta recordar sus orígenes. Nació en 2007 con agua, granizo y tormentas. También para la pequeña historia quedará que, con ese recorte de recorrido, los primeros llegaron más pronto que nunca. A la una y cuarto, Diego Noriega y Alberto Fernández entraban tan amigos como ganadores de la prueba estrella del programa, la de bicicleta de montaña. Fernández añadía así otra muesca en su palmarés en El Soplao, tras el primer puesto en la edición de 2017.

Y eso que poco antes del amanecer el día daba bastantes esperanzas. A las seis y media de la mañana hacía fresco, pero en el cielo había muchos más claros que nubes. El guipuzcoano de Oñate Ander Zabarte ya esperaba pacientemente al final de la Avenida con su bicicleta. «Debuto en El Soplao. Lo que temo es al tiempo». En su opinión, el recorte en el recorrido era una idea «acertada». Del mismo modo pensaban los hermanos Antonio y Javier Rojo y su amigo Gerardo Gil, cacereños los tres. «Si es por seguridad...». Todos debutaban en Cabezón a lomos de sus bicis. «Venimos a ver si acabamos. El plan es ir los tres juntos».

Alberto Fernández: «Hemos podido sobrellevar un día duro»

Ha sido duro. Ha amanecido el día complicado y hemos podido sobrellevarlo. Hemos entrado juntos Diego y yo. Hemos venido colaborando y hemos decidido hacerlo así. El recorrido estaba un poco más embarrado que otros años, la zona nueva de El Soplao. La parte que se ha suprimido, creo que ha sido un acierto. Era mucho volumen de gente a controlar y el día no acompañaba».

Diego Noriega: «Esta es una carrera que se me da bien»

Ha sido una gran alegría y para mí un motivo de admiración llegar con Alberto Fernández a la meta de esta edición de Los 10.000 del Soplao. El año pasado no pude disputar porque en el Alto de Cruz de Fuentes reventé, pero Los 10.000 del Soplao es una prueba que se me da muy bien. Es una carrera señalada y qhay que disfrutarla».

Pero al poco de amanecer, a las siete de la mañana, cayó una gota de agua del cielo. La primera de cientos de miles. Una lluvia mansa se dejaría caer sobre Cabezón toda la mañana. En la salida de la marcha a pie, Ángel Bustara afrontaba su séptimo Soplao. A él le queda cerca, porque es de Mazcuerras. «Esto es algo grande», afirmaba con orgullo. A su lado, el santanderino José Manuel Rivero, que ha hecho maratones y pruebas de 100 kilómetros, debutaba en esa ruta a pie (casi 50 kilómetros) «como colofón a mi vida deportiva». Uniformados estaban Félix Botrán, Jaime Sánchez, Manuel Vega, Carlos Martínez y Benjamín Vega. Todos asturianos de Mieres. «Nos han dicho que es duro, pero estamos acostumbrados a barro y montaña». De Madrid venía Daniel Delso para afrontar los 48 kilómetros de la maratón. El tiempo no le asustaba. «El que corre trail ya sabe lo que es esto». También debutaba en El Soplao. Su objetivo era «acabar, pasarlo bien y volver el año que viene».

Según se acercaban las ocho de la mañana, el momento en el que comenzaba todo, llegó un momento de cierta tensión. No sólo se aproximaba Tino Zaballa para terminar el segmento a pie de esa locura llamada Soplaoman, sino que también estaba cerca de meta Jesús Herrero. El primero de una ultramaratón –comienza a las 23.00 horas del viernes– que con el recorte de recorrido perdió 28 kilómetros. Así que el hasta el momento tricampeón se acercaba sin freno a la meta aún sin darse la salida oficial del resto de pruebas. Herrero tuvo que entrar por una calle no habitual, cruzó el pórtico de meta para parar su tiempo y se hizo a un lado. Al poco, llegaban las ocho y comenzaba a sonar ese 'Thunderstruck' que alivia todos los males. Primero, para los de la bici de montaña. Más de once minutos de cabalgata hacia el infierno. Después, los de la maratón y tras ellos, los 2.600 andarines de la ruta a pie. Muchos de ellos saludaban y se hacían fotos con Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria, que acudió a presenciar la salida del Soplao. Por último, los de la ruta adaptada. Familias con críos pequeños que ya aprenden desde pronto el espíritu del Soplao. Y esos héroes que son las personas con alguna discapacidad. Desde hace seis años, unos participantes más. Esta vez, con dos padrinos de lujo. Empujando un par de sillas, Martín Fiz y Abel Antón, embajadores del Banco Santander, uno de los patrocinadores de la prueba. Si como atletas fueron grandes, como personas demuestran serlo aún más.

Una noche en camiseta

Tras todas esas salidas, llegó un poco de calma. Lo justo para que Jesús Herrero contase su aventura de una noche por los montes. Lo que contaba apenas se creía. «Toda la noche en manga corta, porque el cielo ha estado bastante despejado. Pero la previsión era que se ponía a llover a primera hora de la mañana. Veo acertada la decisión de recortar el recorrido. Llevábamos unos años muy buenos de sol, pero esto es Cantabria. Por suerte para mí, yo la he 'librao'». Su cuarto triunfo en la ultramaratón se lo debe a su fisioterapueuta. Un esguince hace tan solo una semana casi le deja fuera de juego. «Pero me ha vendado muy bien y llevaba el tobillo muy rígido. No me ha molestado nada».

Lo que pasaba en el corazón de las montañas se intuía en una entrada de la Avenida en la que la lluvia caía sin ninguna prisa pero tampoco sin pausa. De cuando en vez, entraba un binomio de bicicleta y ciclista embadurnado de barro. Caras largas. El infierno cántabro les había hecho abandonar con un sonoro sopapo. Dos de ellos eran extremeños. Y hermanos para más señas. Rodolfo y Juan Durán pedían algo caliente en uno de los abarrotadísimos bares junto a la meta. «Hace mucho frío. Y el agua corre por los caminos. Las bajadas están fatal», señalaba Rodolfo. «Es la excusa perfecta para volver el año que viene», aunque ambos no era debutantes en Cabezón de la Sal. Ese frío, «en la zona de El Toral», lo destacaba Alberto González, medio madrileño medio cántabro, «porque mi padre es de Oreña». Él finalizaba la ultramaratón. Por El Toral, tuvo un principio de hipotermia. Pero El Soplao ganó otro adepto. «Era mi primera participación. Y la organización, los voluntarios, la gente de los pueblos animando todo el rato... Todos de diez».

El paso del tiempo que reflejaba el reloj de números rojos iba devolviendo a los empapados peregrinos del infierno. Raúl Cagigas, de Puente San Miguel, entraba victorioso sobre su silla de ruedas en una de las rutas adaptadas. «La lluvia no importa tanto, sino el terreno. Había muchas piedras. Y además el barro se mete en las ruedas de la silla». Y también Tino Zaballa, sobre su bicicleta de montaña para entrar como primero en el Soplaoman. Entre todos ellos, seguía el reguero, cada vez más numeroso de bicicletas de montaña y rostros serios. La batalla de los 'bikers' y el infierno estaba siendo épica y se estaba cobrando decenas de voluntades. Hasta un nombre sagrado del pedal rendía su bandera. Peio Ruiz Cabestany dejaba lo de terminar la prueba de BTT para otra ocasión.

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Los que terminaban, se la ganaban de pleno derecho y a los que no, se les ofrecía como recuerdo. Una novedad de lo más atinado era una medalla conmemorativa. Los valientes chiquitines que se atrevieron con la más pequeña de la ruta adaptada (casi nueve kilómetros), andaban de lo más contento con ella. En meta, el jolgorio crecía cada vez más. La llegada de los primeros de la maratón precedió a informaciones por megafonía cada vez más recurrentes sobre la cercanía de los primeros en la prueba grande de la mañana, la de bici de montaña. Alberto Fernández, el ganador de 2017, viajaba junto a otro cántabro, Diego Noriega. Y ambos entraban juntos en la meta para poner fin a tanto sufrimiento por los montes, aunque la clasificación oficial diga que fue Fernández el que entró en la primera plaza.

Los dos cántabros abrieron el reguero de caras satisfechas a lomos de una bici. Una de ellas era la del corraliego Kevin Suárez, que en algún momento llegó a mandar en la carrera. «En El Moral, cero grados, uno... Todo el día mojándonos». Pero hace tres meses salía de un hospital, tras pasar muchos días recuperándose de una caía previa al Campeonato de España de ciclocross. Así que ayer seguía recobrando sensaciones como ciclista. «Me encuentro bien». De uno de los peores infiernos cántabros desde que todo comenzase en 2007, al menos hubo gente que salió con una sonrisa.