«Un creador tiene que obligar al otro a pensar por sí mismo, aunque duela»

Egon Soda se sube esta noche al escenario de La Campa para presentar 'El rojo y el negro'

Pilar González Ruiz
PILAR GONZÁLEZ RUIZSantander

Egon Soda es un proyecto peculiar. Una banda que no ensaya. Seis amigos que se ven poco. Un concepto de música compartido y el deseo de jugar con las canciones. Ricky Falkner (voz, bajo), Xavier Molero (batería) y Ferran Pontón (guitarra), formaron la banda en 2001. Más tarde se incorporaría Josep María Baldom (teclados) y Pablo Garrido (guitarra), dando origen al grupo actual bajo su denominación definitiva. Y finalmente, en 2013, llegarían Charlie Bautista (teclados) y Ricky Lavado (percusión). Una familia bien avenida que este jueves presenta en Los Conciertos de La Campa, 'El rojo y el negro', su disco de «afianzamiento». El letrista y guitarra, Ferrán Pontón, charla con El Diario antes de su cita en Santander.

- Tras una pausa considerable, lanzan nuevo disco. ¿Se ha recibido como esperaban?

- Sí, ha sido lo que esperábamos en dos sentidos. Primero por nuestra propuesta clara sobre este disco a nivel estilístico y segundo en las letras. Queríamos saber si la gente lo entendía igual que nosotros. La parte musical es una cuestión más de percepción. Creemos que la parte negra del disco está presente. No ha salido salirse de lo que era Egon Soda, sino seguir avanzando con una combinación interesante, distinta que es nuestra clave.

- Una clave que se explica, ¿cómo?

- Un grupo de amigos que se dedica a la música y no quieren aburrirse.

-Teniendo cada uno sus proyectos y viviendo en lugares distintos, ¿WhatsApp les ha salvado?

- Desde luego WhatsApp ha sido una solución, pero más para enviarnos cariño que parta sacar cosas adelante. Somos un grupo que no ensaya. Queremos dejar la interpretación al momento de tocar. Queremos esa magia sin que esté muy preparado, muy buscado. Algo que pertenece más a la escena de jazz a que al rock pero nos gusta que suceda. Sí es complicado buscar fechas de conciertos, desde Richy a Mole tienen proyectos muy grandes, con muchos bolos, con giras fuera de España… Tenemos la suerte de trabajar con Heart Of Gold, que se dedica a pelearse. Nunca lo hacemos fácil, pero cada concierto es una celebración.

- ¿Esa parte casi de improvisación obliga a que cada interpretación sea única?

- Lo puedo explicar de una forma muy visual; hay veces que llegas a una parte determinada de la canción y sucede algo, un acorde distinto o una subida de tempo, un arreglo distinto y sonríes mogollón por dentro. Eso en nuestros bolos pasa muchas veces. Hasta ese momento no te percatabas de la emoción de ese punto porque no se había tocado así. Además, nos echamos mucho de menos y cuando nos vemos es un súper encuentro con una carga eléctrica muy potente.

- Su directo es, pues, un laboratorio.

- Exactamente. Ya tendemos a grabarlas tocando en directo y eso ya lleva en sí la semilla para que ocurra. Que haya momentos donde puedes cambiar es como tener un campo de juegos.

- Dicen que al hacer un disco «descartas muchas cosas». ¿Cuántas han descartado en 'El Rojo y el Negro'?

- Sobre todo, tocata. Hemos intentado tocar menos. Iban diez canciones que son las que están en el disco, pero podríamos haber puesto otra guitarra, haber hecho más solos, otra línea… Pero todo eso lo hemos vaciado para que respire más el bajo, la batería e intentar no pisarnos, siendo seis. Que no suenen todo el rato todas las capas. Eso pasa por escuchar mucho al de al lado y a veces se echa de menos en el rock; que cada momento respire uno.

«Somos un grupo que no ensaya. Queremos dejar la interpretación al momento de tocar»

- En medio de tanta escena naif y quizá frívola, ustedes deciden cantar sobre el atentado terrotista de Barcelona

- En ese caso además, no tuve much alternativa. Esa canción está escrita el día después del atentado. Yo vivo a pocas calles. Quedó una sensación de ahogo, de inestabilidad. Algo más epidérmico que racional y que me obligó a ponerlo ahí. El sonido es latino. Quería que fuera hacia el primer Santana hacia ese punto setentero, pero tenía que ver con más sudor, más carne, más visceral y junté las dos cosas. Los temas a veces te escogen ellos. No tienes otra opción.

¿Qué momento reflejará este disco para quienes lo vean desde la distancia del tiempo?

- Es el disco de afianzamiento. Fue muy importante el disco anterior, 'Dadnos precicipios'. Veníamos de un doble que era una explosión creativa y queríamos algo más cerrado. Ahora podemos seguir haciendo eso y a la vez seguir explorando. Nos vamos a seguir metiendo en el mundo negroide, y esa puerta ya no la cerraremos. Es un disco autopublicado, eso también es importante. Lo hemos sacado gracias a Heart Of Gold y eso nos da libertad de cara al futuro, a experimentar, ir a nuestro aire e ir buscando lo que necesita el grupo en cada momento…

- Egon Soda es una casa, afirmó. ¿Esa casa es un refugio?

- Desde luego. En mi caso particular lo es menos porque no tengo otros megaproyectos musicales; tengo otras cosas que están fuera de este mundo y son importantes para mí, pero aquí estamos en casa. Supone ir más allá de la profesionalidad y aportar lo bueno y lo malo que te ha ido pasando. ¿No te da cosa que la gente toque en tantos sitios?, nos preguntan. No. Todo va en beneficio de Egon. A Xavi y Ricky los conozco desde el colegio. Desde que teníamos 14 años. Son mi hermanos. Eso lo hace muy distinto a un grupo al uso con una buena relación o una relación profesional.

«Nos vamos a seguir metiendo en el mundo negroide y esa puerta ya no la cerraremos»

- ¿Qué es la reencarnación de un percutor que menciona en 'Glasnot'?

- (Risas) Es de esas frases que hago que tardo meses eso saber qué quiero decir. En el mundo y la historia hay decisiones que marcan la diferencia. Ser parte o intentar ser la persona que tome esa decisión a veces es una responsabilidad. Depende de cuando sea puede ser bueno o malo. De eso habla 'Glásnost', de la memoria y las decisiones tomadas cuando a lo mejor no era el mejor momento.

- Además de la negritud, hay canciones como 'Mi famoso gancho de izquierda' recuerda a los Who de 'Won't get fooled again'

- Desde luego, nos gusta mucho eso. Nos gusta el rock de los 60 o los 70. Hemos intentado aprender. The Band o grupos de esa época son lo que nos gusta escuchar. No lo queremos perder. Tiene que ver con nuestro desarrollo personal como músicos.

- En 'Te pierdo' hacen un juego de voces interesante

- Somos los seis más amigos, compañeros de Mi Capitan, de Love Of Lesbian, gente cercana. Mientras grabamos va pasando mucha gente por el estudio y nadie se escapa. La idea de ese final, que es muy del estilo 50´s, medio tiempo clásico, quería acabar con alto tipo The Beatles.

Noemí Elías

- ¿No hay ningún medio a la altura de los acontecimientos, al menos de la música como cantan en 'Matanza'?

- En el el caso de la música, la cultura o el arte, lo más importante es aportar, no solo una opinión, sino también información para que se generen opiniones propias. Lo que yo echo de menos son las ganas de generar una opinión ajena a la tuya. Este grupo es bueno, este es malo. Ya está definido y todo el mundo te compra esa idea. Lo interesante es generar argumentos y que quien escuche pueda dar su opinión.

- Pero siempre es más cómodo que te den las cosas hechas, parece

- Seguro. Pero las personas por una parte tienen las ganas de tener su propia voz aunque sí es más cómodo que te lo den hecho. Pero eso no siempre es bueno. La parte de responsabilidad de medios, escritores, artistas es no dejar que la gente se apalanque. Es un trabajo del creador, que tiene que obligar al otro a pensar por sí mismo, aunque duela, porque así se avanza.

- ¿Son oficialmente la banda con más pelo del panorama nacional, solo en competición con Corizonas?

- (Ríe) Tengo un amor tan profundo por Meister y Javi que creo que ellos son el ejemplo de lo que queremos ser; el disfrute absoluto. Y en eso estamos de acuerdo. Cada uno hace su camino sin sentirse presionado porque hay otras formas de buscar el éxito y eso nos permite que, en estos dos casos concretos seamos disfrutones y enamorados de lo que hacemos. Salimos felices al escenario y recordamos por qué empezamos a tocar.

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