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VIAJES DE OCIO O DE ODIO

El vicio por los móviles se está promoviendo desde la infancia

Jesús Herrán
JESÚS HERRÁN

Este puente nos ha traído la felicidad turística. La alta ocupación hostelera ha puesto una nota de optimismo en el oscuro panorama económico, que en Cantabria nos sigue mordiendo con los temibles dientes de sierra del empleo: un mes somos los que más puestos de trabajo generamos y al mes siguiente pasamos a encabezar las cifras del paro. En todo caso, este descanso nos ha servido para desconectar. Al menos de nuestra actividad diaria, porque de los móviles, que nos han comido el terreno, es ya imposible conseguirlo. El vicio se está promoviendo desde la infancia. He visto en la mesa de un restaurante como una familia ponía un teléfono y los cascos en manos y oídos de un niño de pocos años para que estuviese distraído. Y durante toda la comida estuvo el tierno infante absorto en la pantalla, dentro de un mundo de furia y explosiones. Otro no lector, me dije con tristeza, presa futura de la violencia. Luego, por la tarde, encontré a esa misma familia en Aguilar de Campoo viendo la exposición de las 'Edades del Hombre'. Estaban molestos porque no podían hacer fotografías con los móviles para dejar constancia de su visita. Y ahí seguía el niño, dándole sin pausa a los pulgares para esquivar los bombardeos enemigos. Quizá no tuviera nada que ver una cosa con la otra, pero pocas veces he contemplado con tanta comprensión el magnífico capitel de la matanza de los inocentes de la iglesia de Santa Cecilia. Luego, recapacité. Y me dije que estaba siendo injusto, porque estos viajes de ocio generan conocimiento. Mal que bien, siempre dejan algo de poso.

 

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