La mujer en la vida y obra de Pablo Neruda

GUNTHER CASTANEDO PFEIFFER
La mujer en la vida  y obra de Pablo Neruda/
La mujer en la vida y obra de Pablo Neruda

Con los años las mentalidades cambian y los escritos de otras épocas vistos a la luz de los años actuales pueden resultarnos extraños. No podemos juzgar a los autores clásicos con los elementos de pensamiento modernos. Los textos antiguos trataron a la mujer bajo el prisma de la concepción de la sociedad en su momento. Así la mujer en la Biblia, tiene un protagonismo secundario al del hombre, como la administradora de la familia y piedra sillar de la sociedad, pero no involucrada en el poder político, militar y, mucho menos, religioso. Los escritos de la Edad Media nos muestran un esquema parecido, quizás incluso agravado en detrimento de la dignidad femenina.

Cuando nos asomamos a la obra cumbre de la literatura española, o sea el Quijote, nos encontramos una mujer muy convencional. Aunque la grandeza de esta obra del inmortal Cervantes, asoma por todos lados y nos muestra a una pastora, Marcela, que lucha por defender su propio destino. Así hace un discurso por la independencia de la mujer. Pero a excepción de esta figura el resto de mujeres en la obra, están a remolque de los personajes masculinos.

Pensemos en la sobrina del caballero manchego, o en la esposa del duque o en la mujer de Sancho Panza. Personaje que Cervantes en la segunda parte (la de 1615) la levanta a puestos de protagonismo porque encuentra en ella un nuevo filón humorístico, filón que explota la ignorancia de esa mujer, aunque se cuida mucho, o más bien se le cuela a Cervantes sin pretenderlo sumar a su discurso la sabiduría popular, ajena a los estudios. Esta Teresa Panza es tan descuidada en la primera parte que incluso por tres veces la cambia el nombre, llamándola Mari Gutiérrez, María Panza y al final dejarla en Teresa Panza.

Estos esquemas de pensamiento del hombre sobre la mujer y diría más aún de la sociedad sobre el papel de la mujer, varían con el tiempo y también con el espacio, de forma secundaria a la civilización. ¿Cómo juzgar el trato de la mujer en Afganistán, bajo la luz de la civilización occidental?

¿Cómo valorar determinados tratamientos, léase, la ablación del clítoris que se practica en pueblos de África? Me repugnan las prácticas sociales que recaen en la indignidad de uno cualquiera de los grupos que forman parte de nuestro mundo, sea éste grupo el de las mujeres, el de los negros, los niños, los parias de la India, o el que fuere. Pero no es posible trasladar los esquemas actuales a juicios del pasado, así como es también difícil trasladar los valores de una sociedad a otra.

Entre cambios

Es por esto que en la literatura del siglo XX y concretamente en el caso que nos ocupa de Pablo Neruda, hay que andar con cuidado puesto que su visión de la mujer está a caballo entre los cambios que se producen en el siglo XX, su ideología política y lo que aporta la revolución rusa a la mujer como elemento revolucionario y, por otro lado, la propia enseñanza de lo que él vivió. Recordemos que nace en 1904 en el seno de una familia con patrones del siglo XIX.

Efectivamente Neruda fue cuidado por Trinidad Candia, su madrastra. Ésta era una mujer callada, que había sido apartada de las decisiones sobre su propia vida, en aras del buen nombre de la familia. Así antes de su matrimonio había tenido dos hijos con dos hombres distintos, la primera vez con el que años después la aceptaría por esposa, José del Carmen Reyes (padre del futuro poeta).

Este primer fruto de su vida, le fue arrebatado para evitar las murmuraciones (el niño, llamado Rodolfo se crió a muchos kilómetros de distancia). El segundo de los embarazos de Trinidad fue concebido con un joven, Rudecindo Ortega, que trabajaba en los negocios familiares. El segundo niño del vientre de Trinidad fue adoptado por la hermana de ésta, Micaela y su marido Carlos Mason. Trinidad se acostumbró a que otros decidieran por ella y acató la voluntad de los demás. Cuando José del Carmen, padre de su primer hijo, se casa con Rosa Basoalto y queda viudo, al cargo de un niño (Ricardo Eliecer Neftalí, futuro Pablo Neruda), se le ocurre que es bueno fundar una familia y ¿qué mejor que casarse con Trinidad? Matará dos pájaros de un tiro, uno dar madre al pequeño Neftalí y dos, traer consigo a Rodolfo, el mayor, del que se siente responsable.

No se consulta a Trinidad. José del Carmen habla con su amigo Carlos Mason y todo queda acordado. José del Carmen luego llevaría otra niña a ese hogar, fruto de sus amores con una descendiente de catalanes, afincados en Chile. Trinidad calla y educa y cuida con amor a esos niños que han llegado a su hogar perdiendo a su madre.

Una imagen especial

Neruda siempre hablará con enorme cariño de su madrastra, a la que llamó mamadre. Era una mujer bondadosa y callada y cuando aparecía el padre de familia desaparecía como una sombra, dirá el poeta años más tarde. Este ambiente en el que se educa Neruda, le va dando una imagen de la mujer, que no podemos transportar a nuestros días. De todas maneras, Neruda tiene una imagen de la mujer muy especial.

Por un lado y desde que él era un niño aprendió a respetar a la mujer como literata. Efectivamente, cuando el muchacho cuenta entre catorce y dieciséis años de edad, Gabriela Mistral, quien ya en ese momento es una figura cumbre de la lírica chilena, llega a Temuco como directora del liceo de niñas de la ciudad. Neruda acude a ella a que juzgue sus versos. Gabriela le «descubre», pues el poeta recibe los primeros apoyos y las primeras críticas de ella. Le pasa a los autores rusos de los que Pablo será devoto toda su vida.

Cuando el muchacho con diecisiete años, llegue a la gran ciudad, Santiago, las mujeres serán para él, el sexo opuesto. Desarrollará una gran capacidad de seducción y tendrá numerosas novias y amantes. En el ambiente de vanguardia de Santiago no existirán apenas dos o tres mujeres. Es muy posible que sea cierta la teoría del psiquiatra Luis Rubilar que afirma que Neruda siempre buscó en las mujeres la madre que la naturaleza le arrebató en su primer mes de vida. De hecho y como dato curioso, tenemos unas extrañas coincidencias; su madre se llamaba Rosa, su primera novia, llevaba como nombre Albertina Rosa. Desde sus primeros libros la rosa será símbolo de belleza. Su tercera mujer, Matilde Urrutia, llevaba de segundo nombre el de Rosario. Y en el libro de 'Los versos del capitán', la introductora del libro, que sería la amada del Capitán, firma como Rosario de la Cerda (segundo nombre y segundo apellido de Matilde). Como colmo, para el último amor de su vida escribe un libro llamado 'La espada encendida', en el que la pareja de amantes se llaman Rhodo y Rosía. Otro de sus libros se titula 'La rosa separada', dedicado a la Isla de Pascua y a sus extrañas esculturas. Separada por ser isla, rosa por ser bella. También Pablo quiso editar una antología de la poesía femenina chilena, y el título del libro era 'La rosa de papel'.

Aparte de ese respeto por sus colegas de profesión, y por el aspecto seductor en que Neruda destacó, se puede afirmar que su comportamiento con la mujer es bueno. Pero hay alguna excepción a esto. Por ejemplo a su primera mujer, María Antonieta Hagenaar, con quien se casa sin amor y basándose en su ideal de fundación de una familia. Cuando descubre la inexistencia del amor, no le importará abandonarla sentimentalmente. Está demostrado que cumplió con su obligación de aporte de dinero. La otra excepción es con una empleada del servicio doméstico cuando vive en el Oriente. Nos cuenta en sus memorias (quizá otro no lo haría) que estaba intrigado por la desaparición todos los días de los excrementos que se generaban en su casa y para el que no había, obviamente, canales de desagüe. Se quedó admirado cuando vio una mujer, perteneciente a la casta más baja, pero de la más alta belleza. El poeta la va dejando a partir de ese día, regalos que la mujer rechaza dignamente. Viendo que no sirven de nada estos métodos, un día la agarra de la mano y la lleva a su cama, donde la hace el amor sin que de los labios de la mujer salga ni un sí ni un no, sino sólo una mirada de desprecio.

Aparte de estos dos aspectos tan negativos de su vida, las mujeres amaban al poeta. ¿Por qué? Era simpático, agradable y tenía gran sensibilidad para ellas. Como amante parece ser que fue (testimonios de algunas de sus compañeras) un hombre que gozaba pero que también necesitaba conocer el gozo de su pareja. En el aspecto social, sobre todo después de la década de los cuarenta, -cuando Pablo ya es un furibundo comunista, por cierto ortodoxo estalinista, aunque después reveló los crímenes de estado de Stalin-, Neruda aunque no se retractó del comunismo sí cambió su forma de entender la política.

Un nuevo orden social

Neruda siempre entendió la posición de la mujer como la de la compañera vinculada al hombre en el camino de la revolución para alcanzar un nuevo orden social más justo. Es conocido por todos que precisamente en el mundo socialista no proliferaron las mujeres en los altos mandos, hacía demasiado frío allá arriba. Neruda parecía entender esto y jamás protestó de esta situación, si bien es cierto que en los escasos ejemplos de mujeres en puestos de responsabilidad política las apoyó sin fisuras.

Pienso, por ejemplo, en el caso de las elecciones municipales a la alcaldía de Santiago, cuando se presentó María Marchant para regidora, que Neruda la respaldó. O en María Luisa Vicentini cuando se presenta para alcaldesa de la ciudad de Ñuñoa. O en 1946 en sesión del Senado chileno, Neruda da un discurso por los derechos políticos de la mujer, especialmente por el derecho al voto. En ese discurso se lamentaba de que en otros países las mujeres ya hubieran llegado a los senados y congresos y que en Chile no se hubiera dado. No estableció Neruda diferencias entre hombres y mujeres entre las personas que lo ayudaron a lo largo de su vida. Como secretarios personales, cuando estuvo en ocasión económica de poder contar con ello, tuvo a hombres y mujeres, tanto Homero Arce como Margarita Aguirre, que luego escribió una magnífica biografía sobre Pablo, fueron sus mejores secretarios. Margarita Aguirre le dejó para casarse con Rodolfo Araoz, que era abogado y apoderado del Partido Comunista argentino.Homero acompañó a Neruda hasta la muerte de éste, el 23 de septiembre de 1973, doce días después del golpe militar del nefasto Pinochet.