«Los peregrinos me dan la vida»

Ascensión Iturbe y familiares, durante el homenaje tributado por la alcaldesa, Rosa Díaz Fernández, y varios concejales. /DM .
Ascensión Iturbe y familiares, durante el homenaje tributado por la alcaldesa, Rosa Díaz Fernández, y varios concejales. / DM .

El Ayuntamiento de Polanco rinde homenaje a la hospitalera del albergue de peregrinos del Regato de las Anguilas, Ascensión Iturbe Pereda

Sara Torre
SARA TORREMar

El albergue de peregrinos Regato de las Anguilas, situado en el pueblo de Mar (Polanco), es un hito obligado para todas aquellas personas que realizan el Camino de Santiago. Y buena culpa de ello tiene la hospitalera Ascensión Iturbe Pereda, que no pasa un día sin recibir cartas, postales o mensajes de gente de todo el mundo a los que un día acogió. Ascensión Iturbe Pereda, Ción para todos los vecinos de Polanco y, por supuesto, para todos los peregrinos, lleva 14 años al frente de este albergue municipal, situado en el edificio que hace décadas comenzó siendo lavadero de ropa aprovechando su situación junto a un regato y, posteriormente, puesto de socorro de Cruz Roja al margen de la antigua carretera nacional N-611.

Desde hace década y media custodia las llaves de este albergue con capacidad para cinco personas y se encarga de su cuidado y mantenimiento, pero también de estampar los preciados sellos que certifican a los peregrinos su paso por esta localidad. En todas esas funciones Ción pone alegría y cariño, algo que todos lo reconocen con sus muestras de agradecimiento en la partida.

«Para mí los peregrinos son media vida». Así describe Ción su día a día como hospitalera entregada a 'socorrer' a los peregrinos que aciertan a llamar a su puerta. Y como reconocimiento por ese altruista servicio ha recibido un más que merecido homenaje por parte del Ayuntamiento de Polanco, coincidiendo con las fiestas de Mar. La alcaldesa del municipio, Rosa Díaz Fernández, y varios concejales de la Corporación se han acercado a su casa para entregarle un ramo de flores y, por supuesto, una concha de peregrino que, según les ha dicho, es uno de los mejores regalos que ha recibido.

Desde hace década y media custodia las llaves de este albergue ubicado en la localidad de Mar

La historia de Ción al frente de este albergue se remonta a 2004, poco después su inauguración. En aquel momento, Ascensión acababa de cerrar el popular 'Bar Quin', situado a escasos metros del albergue, y que durante 50 años había regentado junto a su marido. La viudedad la dejó sin actividad pero Ascensión, acostumbrada a estar siempre detrás de la barra y entre los fogones de su bar-restaurante, recibió con entusiasmo la propuesta de atender el albergue. Era una forma de «sentirse viva y útil» como ella misma recuerda.

Desde ese momento los peregrinos «son como uno más de la familia» asegura Ción, que en todos estos años ha atesorado el respeto y el agradecimiento de cientos, e en incluso miles de personas. Lo atestiguan las decenas de postales y cartas que le han llegado de países tan lejanos como Japón, Holanda, Canadá, Estados Unidos o Australia, sin olvidar a aquellos peregrinos que, pasados los años, regresan al Regato de las Anguilas para agradecerle en persona el trato recibido durante su paso por el camino.

Guarda con cariño, apiladas en varios álbumes, todas esas muestras de agradecimiento, al igual que decenas de fotografías enviadas por los peregrinos, así como también las experiencias y los recuerdos del trato con ellos, desde aquellos a los que tuvo que llevar al hospital por sentirse mal o enfermos, hasta aquellos otros a quienes dio de cenar una noche de invierno que llegaban tarde al albergue y no tenían nada para calmar el hambre del camino.

«El albergue y la atención a los peregrinos es una forma de sentirme viva y útil»

En esas relaciones, el idioma nunca ha sido un problema para Ción, ya que se entiende igual con una chica japonesa que viajaba en solitario como con el grupo de noruegos llegados una noche con pocas viandas en la mochila. Las ganas de ayudar y el idioma universal de los gestos hizo el resto, se operó la magia del entendimiento y, pasados algunos meses, puntual llegaba al 'Bar Quin' la carta o la postal dando cuentas de la conclusión del camino por parte de estos peregrinos y del agradecimiento por el trato recibido.

Para Ción, todos los peregrinos que han pasado por 'su' albergue han dejado una huella clara en su memoria, ya que de todos ellos guarda algún recuerdo que le permite describir con precisión las circunstancias en las cuales llegaron al albergue. «Parecen familia mía», asegura la hospitalera cuya conversación y presencia en el albergue es ya reclamada por los peregrinos.

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