La rehabilitación del Cargadero de Orconera, en puntos suspensivos

Emblema. El Puente de Los Ingleses fue catalogado como Bien de Interés Local en 2013/D. Pedriza
Emblema. El Puente de Los Ingleses fue catalogado como Bien de Interés Local en 2013 / D. Pedriza

La oposición ha solicitado la recuperación inmediata de la estructura y el equipo de gobierno busca ahora cómo financiarla

Sheila Izquierdo
SHEILA IZQUIERDOEl Astillero

El Puente de Los Ingleses o Cargadero de Orconera -declarado Bien de Interés Local en 2013-, es uno de los principales estandartes de El Astillero. Desde que varias de sus traviesas se desprendieran metros abajo, cayendo sobre el frente marítimo y poniendo en peligro al peatón, ha permanecido cerrado al tránsito. De eso hace más de un año y desde entonces, la estructura, vestigio de la actividad industrial y una de las pocas que queda en todo el Cantábrico, se mantiene a la espera de una reparación urgente que, sin embargo, no termina de llegar.

El Ayuntamiento de El Astillero tiene sobre la mesa desde hace cerca de un año el proyecto de rehabilitación y consolidación del Puente de Los Ingleses. Está valorado en 454.899 euros y abarca una serie de mejoras que afectarán al refuerzo de la cimentación, la estructura y la parte superior por donde se transita, la cual sufrirá también modificaciones con fines estéticos. Todavía no ha sido posible la puesta en marcha de las obras porque, según explicó el alcalde, Francisco Ortiz, se están buscando vías «de disponibilidad presupuestaria».

El proyecto, que ya fue presentado a comienzos de este año, incluye el arreglo y pavimentación del tablero del puente, el tratamiento y recuperación de la estructura de los cuatro castilletes que soportan el cargadero y la consolidación de la cimentación, de manera que se pueda garantizar su mantenimiento y seguridad durante los próximos años.

Renovación integral

Asimismo, se reforzarán los pilares y se colocará una plataforma de madera, soportada sobre tramos de malla electrosoldada. El acabado superficial con imprimación y pintura e incluso la eliminación de barreras para facilitar el acceso a personas con movilidad reducida -así como la inclusión de aspectos decorativos (con trenes de vagonetas que recuerden el origen del puente)- están previstos también. Para completar la actuación, se instalarán bancos sobre el tablero y carriles que simulen las antiguas vías del cargadero.

La falta de una actuación inmediata en la estructura ha sido uno de los principales caballos de batalla para los grupos de la oposición, que utilizaron como arma arrojadiza la negativa del equipo de gobierno regionalista a su inclusión en la batería de actuaciones con cargo al superávit. «Hay que dejar claro que la obra no se puede introducir en el modificado presupuestario. La ley Montoro lo tiene claro: el superávit tiene que ir a deuda y a obras financieramente sostenibles y la del puente de Orconera no lo es, como así lo atestiguan los informes de los técnicos», recalcó la portavoz regionalista, Maica Melgar. En este sentido, la edil apostilló que esto no quiere decir «que no pueda llevarse a cabo», porque «el PRC nunca ha dicho no a la rehabilitación del Puente de los Ingleses».

El equipo de gobierno está estudiando las posibilidades para llevar a cabo la obra, si bien, recalcó Melgar, ahora corre prisa saber qué obras se pueden sacar adelante con cargo a los más de 700.000 euros que tiene concedidos el Ayuntamiento de subvenciones del Gobierno de Cantabria. De hecho, esta semana habrá un Pleno en donde las obras serán sometidas a debate y votación, pero esta vez por separado. «Hay que atender el Puente de Los Ingleses, pero también tenemos que ver qué hacemos con unas obras comprometidas a unos plazos y que han quedado sobre la mesa», indicó Melgar.

La importancia de este cargadero se mide porque «pocos quedan como este» en todo el Cantábrico. Es lo que asegura José Luis Ruiz, de la Asociación para la Recuperación del Patrimonio Industrial (ARPI), que pone en valor los 150 años de historia que tienen estas estructuras, eregidas como «la memoria del trabajo de nuestros abuelos». A su juicio, «es una pena que todo el mundo maree la perdiz, mientras el cargadero sigue precisando -ya desde hace años- una intervención inmediata», concluyó.

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