Los veraneantes ilustres de El Astillero

Hotel familiar de estilo inglés. /J.M. Rivas
Hotel familiar de estilo inglés. / J.M. Rivas

En la segunda mitad del siglo XIX se puso de moda entre la aristocracia y la burguería pasar el verano en zonas tranquilas y temperaturas agradables

jesús María rivas .
JESÚS MARÍA RIVAS .El Astillero

En la segunda mitad del siglo XIX, se pone de moda entre la aristocracia y la burguesía comercial acomodada, tanto en Europa como en España, pasar los veranos en zonas tranquilas, con paisajes atractivos, temperaturas agradables y próximas a los balnearios. Estos veraneos familiares, alejados de los humos de los nuevos centros fabriles y los calores estivales de la meseta castellana, se alargaban desde julio hasta septiembre en lugares costeros del mar Cantábrico como Astillero.

En esta época, los astilleros de Guarnizo llevaban muchos años sin fabricar barcos para la armada y languidecían construyendo únicamente para comerciantes particulares. El último navío en salir de las gradas de La Planchada fue la fragata Don Juan, en 1871. Así que, Astillero se había quedado en una dársena amplia y tranquila, alejada del ajetreo de la construcción y, además, contaba con fuentes de aguas ferruginosas, como La Fuentuca, muy apreciadas también en esa época por los beneficios que se les atribuían para salud.

Cuando el equipo de Pascual Madoz visitó la zona, para hacer su conocido 'Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico ...' en 1855, encontraron la nueva población de Astillero «Como punto destinado en el verano para el recreo de muchos comerciantes de Santander, y también concurrido por muchos forasteros de ambas Castillas á bañarse en el mar, y tomar las aguas de la fuente de la Planchada. Se encuentran por todo el término muchas y preciosas casas de campo, con deliciosas huertas...». Quiere esto decir que Astillero fue uno de los primeros destinos de veraneo, si me apuran, aun antes de que se generalizase la moda en toda la costa cantábrica. Es muy probable que algunos miembros de la nobleza, que dirigieron o frecuentaron el Real Astillero, posteriormente, fijaran su residencia ocasional en esta zona, lo que pudo suponer un atractivo para la llegada de otras personas acomodadas a este lugar tranquilo de la bahía de Santander. Alcanzó tal nivel de importancia el tráfico de personas, que se acercaban de Santander a Astillero a pasar el día, que, Juan Gutiérrez Colomer, con otro socios locales junto con el apoyo del alcalde astillerense, Venancio Tijero, montó una línea de vapores llamada «los Corconeras» para establecer el trafico de regular de barcos entre ambas poblaciones.

En un estudio sobre la transformación de Astillero, durante la segunda mitad del siglo XIX, el profesor Gerardo Cueto, recoge, como el periódico conservador madrileño 'La Época' decía, en agosto de 1862, que «a comienzos de la década de los sesenta Astillero carecía de casas de baños adecuadas, de manera que las mujeres debían cruzar en bote hasta la orilla de Pontejos para bañarse «a cubierto de miradas imprudentes»». Ante la demanda de instalaciones para el baño se van sucediendo en Astillero las concesiones para instalar balnearios y casas de baños en las laderas de la Planchada. Primero la de Joaquín Bolado y Felipe Sánchez que habían colaborado como socios en la llegada de los corconeras; después, las de Agapito Salas y, más tarde, Victoriano Gorostegui, en 1890, que fue la última concesión de casa de baños.

Al mismo ritmo que crecían las concesiones de baños se prodigaba la apertura de fondas: Fonda y Restaurante el Cid, Fonda de los Vapores, Hotel Cordón Bleu, Hotel Dolores, Hotel Modernista, La Cantabria... Todas ellas estaban situadas entre el embarcadero de 'las corconeras' y la línea que partía del muelle, por de la calle Fernández Hontoria, hacia la calle de Los Hoteles. Las fondas próximas a la ribera de la costa también se utilizaron para cambiarse la ropa de baño.

Venancio Tijero, alcalde de Astillero entre 1869 y 1879, promocionó este desarrollo turístico con «la concesión gratuita de terrenos comunales a quienes quisiesen construir una casa de campo en Astillero» y, además, facilitó la concesión de permisos para la instalación de balnearios de baños en Astillero, tal y como lo recogen Rebeca Arce y Román González, en su libro «Cultura, Sociedad y Política en Astillero-Guarnizo (1890-1910)».

Con el ambiente saludable y tranquilo, unido a las facilidades municipales para construir un hotelito de recreo, fueron muchos los ilustres visitantes del veraneo astillerense, entre los que podemos mencionar a: José Mª Orense, conde de Albaida y presidente de las Cortes Españolas; al ministro de Hacienda, el santanderino Pedro Solavarría; al general, Campos Guereta; al Presidente del Gobierno, González Bravo; Pedro Gómez Hermosa, Presidente del Tribunal supremo; Cándido Nocedal, Ministro de Gobernación y miembro de la Real Academia; el músico, Tomás Bretón y un amplio catálogo de comerciantes madrileños y santanderinos como, José Mª Botín o la familia Aguirre.

Hemos buscado los anuncios que, también, Gerardo Cueto menciona en su escrito y encontramos estos ejemplos de publicidad sobre casas en Astillero. En el diario madrileño El Liberal, se imprimían anuncios como este: 'ASTILLERO (Santander) Piso principal amueblado, ocho magníficas habitaciones, junto a la ría, inmediato a la estación, se alquila para este verano' (1898). También el diario santanderino Boletín de Comercio publicaba, en 1868, lo siguiente: «En el pueblo de Astillero inmediato a la Planchada, se vende una casa de recreo nueva con su jardín, huerta y una porción de terreno de mar destinado a estanque o baño, todo cerrado de murallas. La persona que quiera tratar de venta o renta puede avistarse con el dueño». Ambos anuncios añadían una referencia comercial para el contacto.