Cabezón muestra su arte

Cabezón muestra su arte

Una exposición colectiva en la que se lucen tres vecinos del municipio y otra con carteles del Festival Cabuérniga ocupan las salas de la casa de la cultura

Lucía Alcolea
LUCÍA ALCOLEACabezón de la Sal

Una cortina de globos blancos colgados del techo 'alumbra' la entrada de la casa de la cultura de Cabezón de la Sal, que acoge este mes dos exposiciones muy distintas pero igual de interesantes. «Si bajas las escaleras parece que estás dentro de una botella de champán», bromea Jacobo Pulgar sobre los globos. Es uno de los artistas que muestra su trabajo en la exposición colectiva que ocupa la primera planta de esta casa, junto a Sandra López y David Fernández.

Justo debajo, en otra sala, puede visitarse la exposición 'Antología del Festival Cabuérniga. Música de los Pueblos del Norte', que recoge la cartelería del festival de folk que se celebró en la comarca durante quince años, entre 1987 y 2001. El objetivo de esta muestra, explica Pablo Casal, de la Asociación Familiar, Cultural y de Ocio San Roque y artífice de la iniciativa, «es recuperar la esencia del festival» y traer la historia al presente. En la exposición, aparecen los carteles de todos los años. El del 95, el 96, el del 97, con una lechera en bicicleta. En otro cartel se observa el precio de la entrada: 600 pesetas, 300 en venta anticipada. Actuaban los piteros de Cartes, Julio Rivero, Flori Casanueva (panderetera) y Juan Carlos Aguirre (el gaitero de Cabezón), entre otros muchos. «Venían grupos como Untu de Osu o Astilla de Palu, que hoy en día tienen caché pero que entonces no tenían aún trayectoria», cuenta Pablo, emocionado con esta titánica labor de recopilación que ha llevado a cabo.

«Duraba dos días y se celebraba en agosto, en el campo de fútbol del Escudo». Los carteles los hacían pintores de renombre, como Tino Cuevas o Gelín Izquierdo. Después se empezó a celebrar en el pueblo de Cabuérniga, en Terán, y más tarde en Ruente. Luego se dejó de hacer «por falta de apoyo institucional» y porque no había con qué pagar a los artistas. «Con la entrada no sacaban nada, porque era barata y además empezaron a aparecer otros festivales». Pero para Pablo el festival es parte de Cabezón, como una pierna que lo ha sostenido, de ahí la importancia de contarlo. A largo plazo, «me encantaría intentar recuperarlo, lograr que venga gente gratis al principio y contar con ayuda del Gobierno Regional». Para Pablo, «si se pierde la historia, se pierde la identidad de un pueblo». Aunque esto de la identidad es más bien como cada uno la entienda.

En el caso de los tres artistas que exponen su obra en la muestra colectiva, cada uno lo ve, lo vive y lo siente de una manera. Como si plasmaran su respiración, David Fernández, Sandra López y Jacobo Pulgar han colgado sus obras de las paredes del edificio y la simbiosis de estas tres personalidades resulta singular.

A la derecha, están los cuadros simbólicos de David, en el que un hombre se come a otros hombres en una obra que lleva por título 'Ley de vida'. «Lo que quiero reflejar es las injusticias de la humanidad», explica el pintor, que lleva en esto desde los 13 años, pero siempre como hobby. Cuando crea, siente ese remolino de expresividad «en el que el cuadro termina dirigiendo a uno». Hace paisaje, retrato y se define como «subrealista», si es que caben las definiciones en el arte.

A la izquierda, las obras pictóricas y escultóricas de Jacobo, «el de las explicaciones», dicen sus compañeros, porque Jacobo acompaña cada cuadro con un texto explicativo y una pregunta. Por ejemplo, «Sinister Man. El cuadro responde a la pregunta ¿lo que no me gusta ser? acrílico sobre lienzo, arena de la playa y barniz brillante para superficie de color negro». Explica con palabras lo que uno puede solo ver o sentir. Eso es precisamente lo que es el arte para él, «una forma de expresar algo que no sabes decir con palabras», señala el artista. También, «una necesidad del ser humano, como algo que sale de dentro de tí». Y más técnicamente, «consiste en coger una idea, pintarla a lápiz y luego darle color». «Cosas sencillas, porque no tengo mucha formación». Lo que más disfruta Jacobo son las esculturas, «porque resulta más real y le puedo dar tres dimensiones». Encuentra en las figuras lo que busca en la vida. «Es como una especie de sentimiento».

«Pintar es como una necesidad del ser humano, como algo que sale de dentro de tí»

En el espacio contiguo está la obra de Sandra López, conocida en Cabezón por ser la promotora y organizadora del AMA festival, que tiene como fin recopilar fondos para construir una casa de maternidad en Banani, África. Un proyecto en el que lleva varios años enfrascada y donde se empodera a la mujer, por eso hace dos años decidió fotografiar a varias mujeres de Cabezón de la Sal. Imágenes de rostros femeninos con las que ha pintado los retratos que ahora expone.

En cada obra, Sandra ha logrado plasmar la personalidad de estas vecinas, sus miradas penetrantes que parece que hablan. «Esta exposición está dedicada a los nadies», dice en un cartel nada más entrar. Después, más frases y caras de mujeres fielmente reproducidas por la artista. «La vida es simple, pero insistimos en complicarla». «Levántate, ponte los tacones y pisotea las tristezas». Y junto a los retratos, toda la cartelería del Festival de rock motero Galerna, que se celebra este fin de semana en Cabezón, y de la que siempre se ha encargado Sandra. «Cambio los retratos por un donativo para el festival», anuncia Sandra, quien asegura que su pintura es «irregular». En cualquier caso, pega con sus compañeros.

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