La costera del bocarte de 1968

Cargando cestos de pesca para llevarlos al pesaje./Miguel
Cargando cestos de pesca para llevarlos al pesaje. / Miguel

Aquel año se produjo una brusca diminución de capturas aunque los barcos habían mejorado técnicamente

JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ BICARREGUISantoña

El trajín portuario de estos días de bocarte, nos recuerda los años sesenta de las grandes costeras. Los barcos no cabían en las dársenas y sólo entraban para descargar la pesca y volver a la mar, dejando hombres en tierra para que se encargasen de los trámites de la subasta en lonja y otros quehaceres. La sirena de la venta no cesaba de sonar mientras los empleados llevaban a cabo sus funciones, alterando sus horas de comidas y descanso, al ser todo continuado, sin límite de horario.

Pronto se pasó de los 13.611.464 kilos de bocarte, máxima costera del año 1965, a una brusca disminución de capturas, llegando a 2.342.400 kilos, en 1968. Lo más curioso es que habían decrecido las capturas cuando los barcos habían mejorado técnicamente y se creían más suficientes para pescar y cubrir las necesidades fabriles demandadas por las 125 fábricas existentes, que exportaban conservas y salazones a Francia, Alemania e Italia; y en el mercado español, sobre todo, a Madrid, Barcelona, y Valencia.

En 1968, precisamente se había establecido una tasa de 8.000 kilos, que originó polémica, pues no faltaban los que pensaban que a principios de costera debía suprimirse, hasta ver como resultaba ésta y en caso de abundancia y que los precios bajaran, reglamentar los kilos a capturar. En la Cofradía de Pescadores, se opinaba que convenía pescar el bonito con varas (cacea) hasta mediados de agosto, para evitar matar tantas miles de toneladas de bocarte utilizado como cebo vivo en la pesca a pulso. También estaba extendida la opinión de que el principal factor de la escasez era motivado a que el bocarte, que durante los meses invernales estaba detenido entre el Golfo de Vizcaya y las costas francesas del sur, era capturado por las embarcaciones del Este, evitando con esto el acercamiento a nuestras costas y el engorde y procreación del bocarte.

Muy pocos barcos lograban capturar la cantidad fijada en la tasa aunque los precios fueron elevados

Asimismo, los fabricantes, convencidos de la crítica situación que obligaba a sus industrias trabajaran muy por debajo de su capacidad de normal producción, debido a la escasa materia prima, creían que había que poner en marcha urgentemente un plan de coordinación entre pescadores y fabricantes, a fin de lograr, con apoyo estatal, la creación de un equipo técnico que estudiase las verdaderas causas de dicha escasez.

En resumen, en la costera del bocarte de hace cincuenta años, muy pocos barcos lograban capturar la cantidad fijada en la tasa, y las opiniones se fueron al traste. Afortunadamente, los precios fueron elevados, lo que evitó una catástrofe para el gremio de pescadores. En cambio la costera del bonito resulto fatal, no llegando la mayoría de las embarcaciones a cubrir sus gastos.

Aquellos años finales de los sesenta, por la crisis pesquera, y los avances técnicos en las embarcaciones, produjeron un sobrante de mano de obra entre pescadores, teniendo muchos que emigrar a otros puertos, como Bermeo y Ondarroa, con flotas más numerosas. Otra de las causas de esta emigración eran que los reducidos ingresos obtenidos en la pesca, inclinaba a bastantes jóvenes a no interesarse por la profesión de pescador y buscar trabajos más remunerados.

Por otro lado, muchas industrias venían pensando en instalarse fuera de Santoña o montar filiales, pero tenían el inconveniente, que en otros puertos no existía mano laboral suficiente, ni siquiera espacio para ubicarse, además del coste. Por eso habían comenzado a traer anchoa foránea, pero no ocultaban que la calidad se estaba poniendo en tela de juicio en los mercados, al comprobar que las pescas traídas del Sur y de Levante eran inferiores.

 

Fotos

Vídeos