La 'plaga' de palomas castiga al Barrio Covadonga

Un grupo de vecinas de la calle Julio Ruiz de Salazar muestra los daños que ocasionan las palomas en los edificios y su entorno. /Luis Palomeque
Un grupo de vecinas de la calle Julio Ruiz de Salazar muestra los daños que ocasionan las palomas en los edificios y su entorno. / Luis Palomeque

Los vecinos acusan al Ayuntamiento de inoperancia y piden sanciones para los ciudadanos que dan de comer a las aves

José Ignacio Arminio
JOSÉ IGNACIO ARMINIOTorrelavega

La 'plaga' de palomas que sufren algunas zonas de Torrelavega desde hace varios años ha acabado con la paciencia de los vecinos del Barrio Covadonga, que acusan al Ayuntamiento de inoperancia y piden sanciones para los ciudadanos que dan de comer a las aves. Acumulación de excrementos, insalubridad y daños en los tejados por los nidos son algunos de los problemas a los que tienen que hacer frente a diario los vecinos de este populoso barrio, mientras el Consistorio señala que se ha producido una disminución en el número de palomas gracias a la captura de 1.800 ejemplares desde que el curso pasado se inició la colocación de jaulas de trampeo.

Sergio Gutiérrez, secretario de la Asociación de Vecinos Besaya, dice que vienen denunciando el problema desde que se inició la legislatura, pero las actuaciones realizadas por el Ayuntamiento para eliminar la plaga en el barrio han sido «cero». «Contrataron una empresa para colocar las trampas -explica-, pero nos dijeron que se les acabó el dinero y que estaban en el proceso para contratar otra y, esta vez sí, empezar por el Barrio Covadonga».

Una docena de vecinos se ha concentrado en la calle más afectada, Julio Ruiz de Salazar, para denunciar la situación a través de El Diario. Conchita Muñoz muestra la suciedad en las fachadas, las ventanas y las aceras por la acumulación de excrementos. «Es una vergüenza -señala-, si vienen los niños a jugar se llenan de mierda. Esto es insoportable desde que hace tres años cerraron el palomar que tenía el Ayuntamiento en el parque Manuel Barquín. Las palomas buscan donde meterse y vienen aquí porque algunos las dan de comer».

Mari Ceballos pide que se multe a esos ciudadanos que «tiran comida desde las ventanas». Y Loli dice que los vanos se llenan de palomas por las noches y que ellas, las vecinas, se defienden colocando plásticos que retiran y limpian todos los días. «Se lo hemos dicho al alcalde y al concejal -indica-, pero por aquí no viene nadie a poner solución. Aquí hay personas mayores, enfermos, niños..., pero no miran por la salud de las personas».

Leonor, que también coloca «bolsas» en las ventanas, hace hincapié en que ni siquiera pueden tender la ropa porque «te la destrozan». «Esto es insalubre total», lamenta, a la vez que denuncia que la máquina limpiadora del Ayuntamiento sólo pasa por la calle «de vez en cuando» y no llega a «rincones» en los que los excrementos son eliminados con «lejía» por los propios vecinos.

Luis Palomeque

Maribel, de 75 años, recuerda que el palomar del parque Manuel Barquín «siempre estuvo abierto» y resalta los daños que se producen en las cubiertas de los edificios: «Anidan en los tejados, las ventanas de los pisos vacíos, las chimeneas... Los vecinos de uno de los bloques tuvieron que levantar el tejado recién arreglado porque se les llenó otra vez de nidos. La 'broma' les costó seis o siete mil euros. Eso por no hablar de las palomas que quedan muertas por todas partes».

El concejal de Medio Ambiente y Salud Pública, José Luis Urraca Casal, recuerda que hasta el año pasado el Ayuntamiento se limitaba a visitar lugares afectados, la mayoría domicilios y comunidades de vecinos, asesorando en materia de prevención sobre cómo evitar que anidasen o se posasen las palomas con una serie de métodos de exclusión mediante barreras físicas que impiden el acceso, el posado y la anidación de las aves. «Pero en 2017 -añade-, consciente del problema que supone para muchos ciudadanos los perjuicios que les ocasionan y los gastos económicos que entrañan para comunidades y vecinos que han de blindarse ante las palomas, o que han de hacer costosas obras de reparación de sus inmuebles, se decidió por primera vez en la historia del Ayuntamiento poner en marcha un servicio de control de aves urbanas, contratando una empresa especializada».

Urraca dice que se partió de un estudio referente a la distribución geográfica de la población y este servicio ha ido rotando jaulas de trampeo por diferentes zonas, tanto del casco urbano como de la periferia, normalmente en terrazas y azoteas, «buscando sitios donde ubicarlas, lo cual a veces es complejo por el tamaño de las mismas». El polígono industrial Tanos-Viérnoles, el barrio San José, el centro urbano, el entorno del Mercado Nacional de Ganados, Nueva Ciudad, Sierrapando o La Inmobiliaria, son algunos de los lugares por donde se han ido rotando las jaulas. Normalmente, suele haber entre cuatro y cinco instaladas al mismo tiempo.

Hasta ahora han sido capturados cerca de 1.800 ejemplares, tarea que se hace «priorizando los enclaves estratégicos donde la población de palomas es mayor, que suelen coincidir donde se producen más avisos y quejas de ciudadanos». «No es un problema que se solucione de la noche a la mañana -indica el edil-, muchas ciudades lo tienen, se necesita tiempo, pero en muchas zonas ya se ha notado un importante descenso de la presión sufrida hasta ahora por las palomas. Y lo que tenemos claro es que se necesita mantenerlo en el tiempo para seguir reduciendo la presión poblacional en el conjunto de la ciudad».

Paralelamente, el borrador de la nueva Ordenanza de Bienestar Animal, aún pendiente de aprobación, incluye la prohibición de alimentar a las palomas en los espacios privados, como terrazas y balcones, para poder actuar en el caso de los alimentadores, que «son quienes generan focos de palomas atrayéndolas con el alimento y ocasionando gran malestar a los vecinos».

 

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