El rendimiento en el estudio no sólo es cuestión de horas

Estudiantes de Selectividad, antes de entrar al examen en la UC.
Estudiantes de Selectividad, antes de entrar al examen en la UC. / Celedonio Martínez
  • Los alumnos confiesan sus secretos para lograr mejores notas pero los expertos dicen que no hay una fórmula mágica para el éxito

Cada vez hay más cursos y talleres que enseñan a estudiar; pero ni los planes de estudio de Primaria ni los de Secundaria se detienen en ello. Las técnicas de estudio son tan necesarias como olvidadas y muchas veces explican la diferencia entre el éxito y el fracaso académico. El alumno las va adquiriendo a lo largo de los cursos gracias a la experimentación, a la prueba de ensayo-error; pero para cuando quieren llegar a dominarlas a muchos ya les ha comido la desesperación.

«Hay jóvenes que invierten muchas horas de estudio pero no tienen las pautas necesarias para que ese tiempo se traduzca en rendimiento de verdad», lamenta Raquel Gutiérrez, nueva directora del Sistema de Orientación de la Universidad de Cantabria (Soucan). Ese servicio del campus cántabro se ocupa en cierta medida de llenar ese vacío que existe en este tipo de formación. «Somos un equipo de personas que trabaja en cursos durante todo el año para ayudar al alumno no solo en la mejora de sus hábitos de estudio, sino en todo un programa integral de actividades que tienen que ver con la motivación, la gestión del trabajo, el desarrollo de competencias trasversales, etc. Digamos que contemplamos muchas cosas que derivan en un mejor rendimiento académico», cuenta.

Justo ahora, a pocos días de los exámenes, el alumno del campus cántabro se aferra a cualquier recurso para rentabilizar su tiempo. Los más veteranos han desarrollado técnicas que han constatado como exitosas: «Lo más importante es gestionar bien los apuntes. Siempre que tengas unos buenos apuntes para estudiar tienes gran parte del examen aprobado», asegura Anna Salas, de Educación. «Puedes tener tus propias anotaciones de clase pero luego yo suelo hacerme otras, más elaboradas, en las que procuro relacionar unos temas con otros», agrega su compañera de clase Johanna Salgado.

Ambas critican el escaso esfuerzo de los profesores por facilitar las cosas en este sentido. «Algunos no te dan ningún patrón para estudiar. No te dicen por dónde van a orientar el examen. Así muchas veces estás sola ante el peligro y no sabes exactamente qué es lo que puede entrar», protesta Salgado. Su método para mascar la materia en un segundo repaso para elaborar nuevos apuntes parece serle útil a cualquiera. «Muchos de mis compañeros lo hacen también porque ya todos nos hemos dado cuenta de que lo importante es relacionar las ideas. Es lo que más les gusta a los profesores», agrega.

A ellas este aprendizaje les ha costado más de un disgusto a lo largo de su vida estudiantil. «Hasta que aprendes a hacer las cosas bien te cuesta más estudiar. Eres menos eficaz y pierdes más el tiempo», explica Salas. «Si por lo menos en Educación Secundaria te orientaran un mínimo...».

Más libertad

Otros planteamientos son más díscolos. Son muchos los universitarios que dicen no encajar en el sistema de evaluación de Bolonia, con exámenes parciales regulares y tutorización continua. «Parece que estás en el instituto. A mi me gusta ir más a mi aire. Se supone que somos personas adultas y que debemos saber organizarnos. Esto es la universidad y parece que a todo el mundo se le ha olvidado». Alejandro Rodríguez estudia Física y año tras año ha ido dando más importancia a un matiz olvidado por muchos: el descanso. «Si tengo que estudiar cinco horas, tal vez tengo que hacer cinco descansos. A alguien le puede parecer exagerado, pero para mí no lo es. Yo soy incapaz de estudiar dos horas seguidas. No rendiría nada», justifica. Los expertos hablan incluso de desconexiones reales, de la necesidad de realizar actividades deportivas o de cualquier índole encaminadas a la pausa intelectual.

Luego viene la segunda parte, la comprensión de la materia. «Al menos en esta facultad necesitas ir al despacho del profesor. Los que van tienen al final mejores resultados. Te orientan en lo que es realmente importante, y claro, con eso ya has atajado mucho», resume Ana Ramírez, también de Física. La ayuda externa es crucial sobre todo en esas titulaciones con menor componente de memorización y mayor de comprensión. «Puedes estudiar tú solo en tu casa; pero está claro que si tienes alguna duda y te atascas, va a ser mucho más difícil que salgas de esa que si estás con algún compañero que pueda ayudarte», confiesa Ramírez. Aunque ese recurso no está exento de problemas.

«Puedes estudiar en grupo y aprender a hacer el ejercicio de manera idéntica. Eso ha llevado en algún caso a que algún profesor ha pensado que se había copiado. Con lógica piensan que si tienes los mismos errores en los mismos sitios... A ver, a veces sí que hay quienes copian, pero otras veces sencillamente es que el método erróneo se aprendió en equipo».

Cada uno es cada cual

Está bien homogeneizar los aprendizajes, sobre todo cuando eso facilita el trabajo; «pero puede ser un poco ridículo porque en el fondo todos somos diferentes y estudiamos de modos distintos», zanja Sara López, de Medicina. «Yo, por ejemplo, no puedo centrarme de verdad hasta que no llega la temporada de exámenes y siento un poco de presión. Sé que no es el mejor modo, pero es que no puedo hacerlo de otra manera», se justifica. «Creo que el problema es mucha veces más cuestión del profesor que del alumno. Los profesores deberían aclarar más qué les interesa y qué no. A veces te hablan de mil cosas en clase que no van a ser importantes y olvidan lo que van a poner en el examen».