El reparto de compromisarios electos da ventaja a Buruaga en la pugna con Diego

Votaciones celebradas el pasado 8 de marzo en el Hotel Santemar.
Votaciones celebradas el pasado 8 de marzo en el Hotel Santemar. / Andrés Fernández
  • Pese a perder las votaciones de los militantes, el sistema de reparto prima los grandes municipios donde ganó la secretaria general

La pugna cainita en la que vive instalado públicamente el Partido Popular desde hace meses ha entrado en su cuenta atrás. El próximo fin de semana –viernes 24 y sábado 25–, el PP cántabro decidirá su liderazgo y tendrá que optar entre su actual número uno, IgnacioDiego, y su número dos, María José Sáenz de Buruaga. Dos políticos que han dirigido juntos y durante más de una década la formación popular y que desde hace tiempo, mucho, son irreconciliables.

Las primarias del PP cántabro conocerán su segunda vuelta el día 25. En el primer test salió ganador Ignacio Diego, aunque su victoria vino a demostrar la división, casi por mitades, del partido casi siempre hegemónico en Cantabria. Diego, el presidente que intenta revalidar plaza y equipo, obtuvo el pasado día 8 el 51,86% de los votos emitidos, lo que supuso que 1.568 afiliados apostaron por su continuidad.Su rival y la número dos durante años, María José Sáenz de Buruaga, se quedó muy cerca: sumó 1.414 votos, lo que implica que un 46,77% apoya el cambio que ella predica.

Pero la traslación de esos números al de los compromisarios que finalmente darán el ganador el día 25 no es la misma. Inicialmente y en base a votos por bloque, avales y reparto de compromisarios electos, es Sáenz de Buruaga la que parece aventajar a Ignacio Diego en la carrera del día 25. La primera sumaría 418 compromisarios mientras que Diego alcanzaría los 341, datos que tienen mucho que ver con el ‘peso’ de los grandes municipios. Falta por saber el destino del voto de los 195 compromisarios natos, claves, o no, para inclinar la balanza Y todos, unos y otros, tienen nombre y ya no son militantes ‘desconocidos.’

En cualquier caso, el PP se muestra partido en dos, lo que ya se sabía fruto de un precampaña de primarias muy cruda con acusaciones directas nacidas –fue el primero en romper públicamente las hostilidades– de la voz del portavoz del GrupoParlamentario, Eduardo Van den Eynde que llamó traidora a Buruaga.Desde el pasado día 8, las dos facciones del PP hacen cábalas sobre el ‘disputado’ voto de los compromisarios. Ahora, todos y cada uno de ellos, en total 975, tienen nombre y apellidos. Y de ahí que las dos mitades en litigio en el PP sepan más/menos, los votos con los que cuentan, salvo «incontrolados» –mínimos compromisarios de pueblos pequeños a los que nadie controla– o ‘movimientos’ de voluntades, cambiantes en base a ofertas, propuestas y hasta ‘cantos de sirena’.

Unos y otros –Diego/Buruaga– hacen sus cuentas cual sudoku aunque los números iniciales, marcados por fidelidades anunciadas y hasta firmas de adhesión, ya marcan una estimación previa de lo que puede ocurrir el día 25. Y curiosamente el voto directo de los afiliados inscritos que se decantó a favor de Diego, puede trocarse en favorable para Buruaga cuando se analiza el posible voto/afinidad de los compromisarios electos. Un trueque que puede ser posible por el sistema de primarias del PP. Si en la primera votación se incentiva a los pequeños municipios, a la hora de asignar compromisarios no solo se tienen en cuenta los votantes reales inscritos sino la ecuación resultante de cruzar número de militantes, inscritos para votar y votantes en las últimas elecciones; una corrección pensada para dar peso a los ayuntamientos más grandes. Y en ese cómputo de compromisarios electos (780), la ventaja inicial, salvo cambios de voluntades, cae a favor de Sáenz de Buruaga.

El sistema popular hace que el candidato triunfador en los grandes municipios y, por tanto, en los que mueven en principio más militantes y votantes, esté reconocido y primado. Así, Buruaga, que ganó con rotundidad a Diego en Santander –se impuso en seis de los ocho distritos– ha podido llegar a sumar en la capital cántabra 94 compromisarios frente a 24 de Diego. Todo ello porque los candidatos a ser elegidos compromisarios se presentaron «por bloques» y apoyados, o incluso siendo avalistas de una u otra candidatura. Y en ese contexto, los partidarios de uno y otro votaron a los propios. De ahí que quien ganó en un municipio se ha llevado el «todo» a la hora del reparto de compromisarios, salvo que no haya habido candidatos suficientes, hecho que ha ocurrido en casi 30 pequeños ayuntamientos; una circunstancia que, inicialmente perjudica a Diego, ya que gran parte de los ‘agujeros’ por falta de candidatos se registraron en municipios cien por cien ‘dieguistas’. Es decir: si en Argoños, Arnuero y Arredondo – sirva el ejemplo– se impuso Diego con nitidez, a la hora de traducir votos por compromisarios el actual presidente ‘perdió’ cinco de los trece posibles porque solo se presentaron ocho candidatos. En este caso, el goteo a la baja para Diego se hace evidente en el recuento al haber cosechado más apoyos que su rival en áreas rurales de Cantabria, lugares en los que en muchos casos no se ha cubierto el ‘tope’ de compromisarios a elegir.

Todo lo contrario que la aspirante, cuyo voto favorable ‘urbano’ ha quedado de manifiesto. El hecho de que además de en Santander, Buruaga ganara también en Torrelavega, Camargo, Laredo, Piélagos, Reinosa, San Vicente, Bezana, Santoña y Suances, hace que el sistema de reparto de compromisarios –todo o nada y voto por bloque– suponga que la aspirante y número dos haya sumado en esos municipios, y salvo mutación inesperada, 240 adhesiones frente a 49 por parte de Diego. Y esa es la traslación en compromisarios del voto militante, en el que tomaron parte 3.026 afiliados de los más de 14.000 que dice tener el Partido Popular en Cantabria.

Ese primer análisis Buruaga ‘barre’ pero la corrección llega del goteo de muchos pueblos y de ayuntamientos también relevantes como El Astilllero, Cabezón y Castro Urdiales donde se impuso el presidente de los populares. En su pueblo natal cosechó un ‘11 a 0’ en número de compromisarios; un resultado que tiene su réplica en Buruaga en su terruño, Suances, dónde logró un ‘12 a 0’ (reparto en base a militantes y votantes en las elecciones).

Al hacer la suma global de todos los municipios en base al ‘color’ de partida de sus candidatos y de los compromisarios electos, Buruaga –la perdedora en los votos populares– llegaría contabilizar 418 afines frente a 341 por parte de Ignacio Diego. Una diferencia sustancial. Quedaría por saber el ‘color’ político de 28 compromisarios que pertenecen a ayuntamientos donde los votantes decidieron el día ocho permanecer neutrales. Son 28 votos de los que nade se sabe. De ellos, 16 han salido electos por Meruelo, un municipio ‘muy del PP’, donde el alcalde Evaristo Domínguez, un político de siempre, lo marca todo; esos militantes marcaron un 0-0 en los comicios del día 8 y para la jornada del 25 son una incóginta.

Lo que ya está ‘esclarecido’ es el reparto de los restos de los 30 municipios en los que no se llegó a cubrir los compromisarios a elegir, en total 68. Esos llamados ‘restos’ entran en un bolsa, que empieza a repartirse en función de los compromisarios de reserva en base a sus votos; tan fácil como que el primer elegido es el candidato que ha quedado fuera pero tiene más votos, lo que implica que se prima a los de los grandes municipios. En este caso las candidaturas de uno y otra manejan una mínima ventaja a favor de Diego.

Hecha la cuenta inicial de compromisarios electos, queda por dilucidar el voto de los compromisarios natos. Todos ellos tienen nombre, apellidos y cargo en el partido, y en teoría muchos de ellos fueron nombrados o son afines a Diego. Pero esa ecuación para analizar esos 195 votos tampoco es así. Es más, las dos candidaturas también suman y restan y manejan resultados dispares... En el fondo, todos se conocen y la mayor parte de esos ‘natos’ forman parten de una u otra candidatura, se han alineado con alguno de los aspirantes o se han mostrado afines a ellos.

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