Miró, cazador de objetos, soñador de formas

'El ojo atrae a los diamantes', una de las obras de Joan Miró expuestas en el Centro Botín de Santander. / R.C.

El Centro Botín reúne un centenar de esculturas del genio catalán en una muestra «irrepetible» que cubre seis décadas | El hortelano de estrellas hallaba en sus paseos terrenales los objetos y materiales que ensamblaba en sus esculturas

MIGUEL LORENCISantander

El azar fue un poderoso aliado de Joan Miró (Barcelona, 1893 - Palma, 1983). Pintor genial, fue un atípico, osado e innovador escultor. Lo mejor de sus volúmenes a todas las escalas se reúne por primera vez en la muestra que acoge el Centro Botín de Santander. Casi un centenar de piezas, muchas inéditas y de todas sus épocas. Se exhiben junto a los objetos que las inspiran, dibujos, bocetos, fotos y vídeos que desentrañan su singular proceso creativo. Desde el hallazgo de los objetos a su ensamblaje y la fundición de unas piezas restauradas expresamente para una exposición «única e irrepetible» según el nieto del pintor, Joan Punyet, y que se ha preparado durante casi siete años.

Alejado del canon, Miró es tan original en sus obras tridimensionales como en sus lienzos. Si apostó por «asesinar a la pintura» en 1927, fue también un 'antiescultor' que alimentó su imaginario de poéticos hallazgos. Hizo del ensamblaje de los más diversos materiales encontrados en sus paseos por el campo y la playa, de la transformación de objetos comunes en piezas artísticas, la esencia de su singular escultura. De una piedra, un pedazo de hierro, de madera o tela, de una pluma, un alambre, una pastilla de jabón o un hueso surgía la «chispa mágica» que disparaba el proceso creativo de este hortelano de estrellas y objetos.

Ficha técnica

Qué:
Joan Miró: Esculturas 1828-1982
Dónde:
Centro Botín. Muelle Albareda s/n. Santander. www.centrobotin.org
Cuándo:
Del 20 de marzo al 2 de septiembre de 2018.
Cuánto:
Entrada general 4€. Reducida 2€.

Se sentía «atraído por una fuerza magnética hacia un objeto, sin premeditación alguna». Atraído luego por otro objeto que, ligado al primero, «produce un choque poético, pasando antes por ese flechazo plástico, físico, que hace que la poesía te conmueva realmente y sin el cual no sería eficaz». El propio Miró explicaba a Matisse en una carta de 1936 cómo construyó su universo plástico en torno a la libertad y la poesía. En 1942 precisa cómo se sirve «de las cosas encontradas por divino azar» y cómo el azar dispara esa «chispa mágica que es lo que cuenta en el arte».

Concebida en exclusiva para el Centro Botín, con la colaboración de la Obra Social La Caixa, la antológica marca un hito y «retrata» al Miró escultor en 94 piezas. Por primera muestra los objetos originales y la diversidad de materiales que utilizaba, su trabajo en las fundiciones, sus proyectos para monumentos y cómo plasmó en bocetos sus ideas y la selección de materiales, hasta la última transformación de la pieza.

Joan Punyet Miró, nieto del artista y al frente de la Sucessió Miró, y María José Salazar, gran experta en Miró y miembro de la comisión asesora de Artes Plásticas de la Fundación Botín, son los comisarios de la ambiciosa exposición. Su selección parte de una pieza de 1928 -'Danseuse espagnole'- y se cierra con su última obra, 'Personnage', realizada a partir de una servilleta robada del restaurante La puñalada de Barcelona. Más de medio siglo jalonado de obras de hierro, bronce, madera, pintura, fibra de vidrio, poliuretano o resinas sintéticas. «Su modernidad es pasmosa. Parece un artista del siglo XXI», dice la comisaria que le define como un «poeta libre». «Fue el gran padre de un lenguaje escultórico universal hasta su último aliento y quintaesenció la poética surrealista», sostiene su nieto. Destaca como fue capaz de crear una pieza enorme con «una pinza de la ropa, una castaña y un pistacho» -también denominada 'Personnage' (1974)-, y cómo «evitó siempre ser repetitivo y previsible»

Pequeños tesoros

Las grandes piezas contrastan con la colección privada de pequeños y curiosos objetos que Miró atesoraba en las estanterías de su biblioteca, germen de su universo escultórico que su familia ha querido mostrar por primera vez. 'Cultivaba' objetos en su taller y creaba esa atmósfera cargada de sorpresas tan del gusto de dadaístas y surrealistas. Eran «metáforas visuales» unos «poemas objeto» con materiales tan «heterodoxos y antiartísticos» como un hueso de pollo, un periódico, un tomate o un trozo de latón. «Se le tenía por un escultor menor y era un genial 'antiescultor' que recreaba el mundo de los sueños de forma intuitiva», resume su nieto.

«Crea un mundo fantasmagórico, irónico y lúdico», afirma Salazar. «Y puede parecer -agrega la comisaria- que la escultura esté formada por una conjunción inverosímil de objetos obtenidos al azar; pero nada más lejos de la realidad. Miró intuía y buscaba las formas». «Quiero hacer esculturas enormes. Me preparo amontonando cosas en mi estudio», explicó el Miró más maduro, que acabó pintando sus bronces por consejo de Giacometti. Su mujer, Pilar Juncosa, le tenía por «un chatarrero y no dejaba que estos objetos entraran en casa», dice la comisaria.

Tercera fundación Miró y 'megaexpo' en París

  A los 35 años de su muerte, París acogerá en octubre en el Grand Palais la mayor antológica sobre Miró, fallecido a los 90 años en 1983. Se ultima además la creación de la tercera fundación Miró, que se suma a las de Barcelona y Mallorca, y que se presenta el 20 de abril. Estará en Mont-roig del Camp (Tarragona) donde Miró tuvo un estudio y pintó un cuadro icónico, 'La Masía', en 1922, hoy en la galería Nacional de Washington. «La familia cede la casa y el terreno, valorado en un millón de euros, para crear la fundacion Mas-Miró», explicó el nieto. Los herederos de Miró aportan 700.000 euros, 200.000 el Estado español a través de le Secretaría de Estado de Turismo, 150.000 euros la Generalitat y 100.000 euros la iniciativa privada.

     Se abrirá el primitivo taller de Miró, cerrado durante seis décadas. Acogerá muestras temporales y seminarios y permitirá penetrar en el mundo mironiano más temprano. «Será algo como los jardines de de Claude Monet en Guiverny -anticipa Joan Punyet- y mostrará su mundo creativo en el campo donde primero se extasiaba con las estrellas». Allí pintó Miró 'La Masía' cuadro seminal del que se encariñó Ernest Hemingway, que se lo compró al artista en París en 1925. Los herederos de escritor estadounidense lo cederían luego al museo de Washington.

Con cinco espacios, la exposición sigue una línea cronológica que conecta ensamblajes y esculturas monumentales. Obras como 'Danseuse espagnole', la primera en su búsqueda de una tercera dimensión, o la construcción 'Painting-Object' (1931). Las piezas que Miró denomina 'Femme', con las que crea sus primeros bronces en 1949 y que reformula, entremezclando huesos, piedra, hierro o cartón. Las esculturas pintadas de los sesenta -'Femme et oiseau', 'Personnage' o 'Jeune fille s'évadant'- y las monumentales de los setenta -'Femme Monument', 'Personnage' y 'Porte I', 'L'Oeil attire les diamants'- en la que retoma trabajos experimentales. También la espectacular 'Souvenir de la Tour Eiffel', de tres metros de altura y concebida en 1977 con objetos ensamblados, o su primera gran obra monumental, 'Oiseau solaire', de 1966.

La familia Miró, las fundaciones Miró de Barcelona y Pilar i Joan Miró de Mallorca han cedido la mayoría de las piezas. Hay otras del MoMA y de la Pierre and Tana Matisse Foundation de Nueva York, de la Fondation Maeght de Saint-Paul-de-Vence de la Galerie Lelong de París, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, la Fundación La Caixa o el Gobierno de las Islas Baleares.

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