‘Que sea mar’ rompe en Cabo Mayor

Marinos y trabajadores posando en una de las barzacas. Garrucha, Almería, Ca. 1901-1906. / Colección Raúl Hevia

La fotografía histórica, a través de una colección inédita y desconocida de imágenes marineras, protagonizará el otoño del Centro de Arte del Faro

Guillermo Balbona
GUILLERMO BALBONASantander

«La dispersión del patrimonio fotográfico es algo ya habitual en un mundo protagonizado por la imagen digital», sostiene Raúl Hevia. El artista, también investigador, que indaga en los conceptos del lenguaje de la imagen y en la fotografía, sus usos y expresiones, es el artífice de la próxima muestra destinada al Centro de Arte Faro de Cabo Mayor. Este singular espacio que, junto a la colección permanente de Eduardo Sanz, acoge muestras temporales, exhibirá durante el último trimestre del año un proyecto único y revelador que aúna diversos factores indicadores de la imagen. Como mirada temática, el mar vertebra las imágenes de la exposición, pero además la cita es fruto de un rescate y de una reivindicación de determinados conceptos de la fotografía. Bajo el epígrafe ‘Que sea mar’ el espacio portuario albergará en sus salas las piezas de fotogafía histórica de José González Billón(Palma de Mallorca, 1862-Madrid, 1946). Comisariada por Raúl Hevia la muestra la integrarán imágenes de pescadores, marinos, barcos y pueblos marineros del Mediterráneo. Su cronología abarca el período 1880 y 1910.

Lo curioso es que el proyecto responde a una colección inédita y desconocida hasta ahora del contralmirante de la Armada José González Billón, quien «utilizaba la fotografía como una herramienta para sus inquietudes artísticas, sin darle más valor que el simple documento». Sin embargo, dice Hevia, con el paso del tiempo «nos ha descubierto un reportero de una gran calidad y con un dominio del lenguaje fotográfico adelantado a su tiempo». La propuesta se inaugurará entre los días 24 y 27 de este mes.

Centro de arte

Faro de Cabo Mayor
25.000 visitantes. La actual exposición de José Luis Mazarío, con 6.500 visitas, se prorroga hasta el día 15.
Muestra
Título: ‘Que sea mar’. Autor: José González Billón. Comisario: Raúl Hevia. Contenido: Fotografía histórica de pescadores, marinos, barcos y pueblos marineros del Mediterráneo. Imágenes: entre 1880 y 1910. Colección inédita del contralmirante de la Armada González Billón.

Esta temporada de Cabo Mayor, según datos de la Autoridad Portuaria, han pasado por sus salas ya 25.000 visitantes, un 20% más que el pasado año. La actual exposición de José Luis Mazarío se ha prorrogado hasta el próximo día 15 tras el puente del Pilar, con lo que coincidirá con su nueva muestra en la galería Siboney prevista a partir de este martes. Desde su inauguración (el pasado 18 de agosto) hasta ahora el Centro ha recibido más de 6.500 visitas.

Raúl Hevia apunta que en ocasiones la dispersión del patrimonio gráfico se produce «por motivos familiares, traslados, muertes, el propio peso del vidrio almacenado en los armarios, que se convierte en un estorbo polvoriento y que los herederos ya no saben leer, esas cosas que hacen que ya no interpretemos el contenido de unas fotografías que tuvieron sentido en unas vidas de otro tiempo». El ejemplo de José González Billón, subraya, «parece relevante no solo porque hemos podido entender sus imágenes e identificar a sus personajes, sino porque la calidad de su mirada fotográfica nos permite recuperar toda una manera de entender el mundo y de fotografiarlo».

La historia de esta colección fotográfica del militar, pintor y fotógrafo González Billón, hasta su exhibición este otoño, posee un trayecto singular que se inicia en 2015.

Ese año apareció en un puesto ambulante del rastro de Gijón un conjunto de fotografías de procedencia desconocida que fue adquirida por un precio simbólico. Se trataba de una caja de zapatos que contenía en su interior otras 14 cajas de negativos de vidrio a la gelatina de distintos formatos, acompañados de otro material de laboratorio: un escurridor de madera plegable para negativos de vidrio , así como una prensa de madera para la realización de copias por contacto. Todo llevaba, según refiere Hevia en su estudio, a pensar inmediatamente en un fotógrafo profesional o un amateur de nivel avanzado. El vendedor del rastro transmitía la idea de que todas las fotografías procedían del mismo autor y no podía ser vendido por separado. Las únicas referencias que acompañaban al material comprado eran un albarán de 1924, procedente de una tienda de fotografía de Madrid, Viuda de Braulio López, donde se encargaban ampliaciones; un pequeño dibujo a lápiz de un barco, sin firmar; y el nombre manuscrito de J. González Billón en una caja de negativos.

Una vez ordenado, limpiado e inventariado el material fotográfico, el fruto fueron un total de 212 negativos en blanco y negro, repartidos en catorce cajas de negativos de vidrio a la gelatina, entre ellas una de negativos de pares estereoscópicos. Esto materiales y datos sirvieron para iniciar la investigación.

Una trayectoria en la Armada entre la pintura y la fotografía

La fotografía era para González Billón «una herramienta para trabajar después en su pintura. Fotográficamente hablando, no hay investigación sobre la técnica, ni sobre la forma ni sobre el lenguaje», señala Hevia. Durante su vida al servicio en la Armada ocupó numerosos cargos fruto de una brillante carrera en los puertos de Cartagena, Garrucha o Cádiz. Esos destinos se reflejan en sus imágenes. Era un fotógrafo amateur, que trabajaba con cámaras de aficionado. Las 212 fotografías de esta colección se resumen en escenas domésticas de carácter privado y paisajes.

Hevia destaca las imágenes en sí mismas –que se verán en el Faro,–«debido a su naturalidad y frescura (realmente estudios del natural, con pose y consentimiento por parte de los modelos)–, a modo de reportaje sin prejuicios, directo y de una gran calidad estética sobre la vida en un pueblo de la costa almeriense. «Si bien González Billón no deja de ser un fotógrafo amateur en todo momento, el gusto en la composición y el encuadre delatan a alguien preocupado por realizar unas imágenes atractivas, efectistas en cierta medida y bien resueltas», matiza el artista cántabro. Los reportajes realizados en Garrucha, Almería, durante su destino en ese puerto entre 1901 y 1906, fotografías realizadas en los entornos de la población: pescadores, mercado, también fiestas populares, y sobre todo retratos, alimentan esta exposición. «Lo que vemos es la vida y el trabajo en la playa, la carga y descarga de las barcazas que transportaban fardos con cereales o cajas y también las labores del acarreo de sacos de carbón desde las minas cercanas hasta los barcos anclados frente a la costa». De esa vida en la playa, se conservan bastantes instantáneas donde la población de Garrucha posaba para el militar con total naturalidad, y mujeres, hombres y niños «pasarían después a ser parte de una pieza pictórica de la que seguramente ellos no sabrán nada».

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