ciclismo

La Vuelta de 2017 tendrá dos etapas cántabras

Alberto Contador, en pleno esfuerzo durante la etapa Santander-Fuente De en la que forjó su triunfo en la Vuelta 2012.
Alberto Contador, en pleno esfuerzo durante la etapa Santander-Fuente De en la que forjó su triunfo en la Vuelta 2012. / M. vidal
  • Santo Toribio de Liébana será el segundo final en alto y se confirma el de Los Machucos

  • La primera jornada partirá de Espinosa de los Monteros y al día siguiente el pelotón saldrá desde Suances

Espinosa de los Monteros-Los Machucos y Suances-Santo Toribio. Cantabria contará el año que viene con dos etapas de la Vuelta, probablemente en la fase más decisiva y, por lo tanto, más seguida de la ronda: su tercera semana. Esa en la que salvo excepciones se decide definitivamente la carrera. Como ya adelantó El Diario Montañés, la Vuelta estrenará este año una nueva cima que aspira a ser emblemática: Los Machucos, a la que el director técnico de la ronda, Fernando Escartín, ya dio el visto bueno a finales de septiembre. Aquella era una apuesta del presidente del Gobierno de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, pero el Ejecutivo quería promocionar además el Año Jubilar Lebaniego. En consecuencia, y ante la imposibilidad de que la jornada partiera de Potes y menos aún del propio Santo Toribio, se optó por proponer una segunda etapa.

Unipublic se ha mostrado muy receptiva; máxime ante la disponibilidad económica ligada al Año Jubilar 2017. De hecho, la iniciativa le cuadraba perfectamente a una organización que, como ocurre con todas las carreras, cobra a los municipios por ser salida y meta de etapa, con lo que una segunda jornada en Cantabria permitía trazar con mayor comodidad el recorrido de la Vuelta por el norte.

En consecuencia, y a falta de que se confirme oficialmente el recorrido en la presentación de la Vuelta, que tendrá lugar el 12 de enero en Madrid, el pelotón llegará a Los Machucos, que puede precisar un reasfaltado para la ocasión, procedente de Espinosa de los Monteros (Burgos). El trazado recorrerá los valles pasiegos y ascenderá Alisas antes del inédito final de etapa, con el que se persigue generar la misma expectación que en su momento despertaron otros finales como el Angliru y la Bola del Mundo.

Al día siguiente, tras una etapa que puede resultar definitiva para la clasificación general, la ronda partirá de Suances para llegar a Santo Toribio de Liébana, otro final de etapa que tampoco conoce la ronda española –sí que lo ha sido del Circuito Montañés, con victorias consecutivas de de Robert Gesink y Bauke Mollema–, con lo que serán dos las nuevas metas que Cantabria aportará a la ronda española.

Este segundo asalto parece a priori mucho menos exigente.Sin embargo, los ascensos –y descensos– a los collados de Hoz y Ozalba, así como el de Santo Toribio, pueden convertirlo en una etapa muy exigente si los favoritos deciden endurecer la carrera, como ya hizo en 2012 Alberto Contador. Aquel año el de Pinto reventó la Vuelta precisamente en los pasos por Hoz y Ozalba para sentenciar a su favor una carrera que Purito Rodríguez parecía tener ya casi en el bolsillo.

Después de que Unipublic diera luz verde a la etapa de Los Machucos, esta segunda jornada cántabra se ha materializado tras la reunión que han mantenido en Santander la directora autonómica de Deportes, Zara Ursuguía, y el director general de la Vuelta, Javier Guillén. Además, el Gobierno de Cantabria confía en que la etapa se televise íntegramente, o al menos ese es su objetivo para rentabilizar al máximo una fuerte inversión destinada a dar la mayor visibilidad posible a la que es su gran apuesta turística del próximo año.

La etapa procedente de Espinosa de los Monteros llegará a las carreteras montañesas a través de los valles pasiegos para pasar por San Roque de Riomiera y La Cavada, ascender Alisas y acceder a través de Arredondo y Bustablado a Los Machucos, cuyo último tramo, aún con firme de hormigón, estará ya asfaltado si se considera necesario para facilitar el paso de la ronda.

Al día siguiente Suances servirá de salida a una jornada que transcurrirá a lo largo del Camino del Norte para atravesar Santillana del Mar, Comillas y San Vicente de la Barquera antes de desviarse para buscar la ruta lebaniega a través de Muñorrodero y Puentenansa. Posteriormente se ascenderán los collados de Hoz y Ozalba para llegar a La Hermida, pasar por Potes y, desde allí, ascender a Santo Toribio de Liébana.

Aunque el Gobierno no ha confirmado el montante de la inversión, se puede calcular en torno a los 200.000 euros por las dos etapas, de acuerdo con las estimaciones que barajaban inicialmente para la primera de ellas y los precios que maneja la ronda española. El periplo cántabro de la Vuelta queda así definitivamente establecido tras descartar un primer esbozo que planteaba una etapa entre Santo Toribio y Los Machucos y una contrarreloj con salida y meta en Santander.

Tan nuevo como duro

Más allá del atractivo que cualquier novedad trae consigo, el gran aliado de Los Machucos es su dureza. La aproximación a la ascensión comienza con un giro tras descender Alisas. Durante tres kilómetros, la carretera serpentea sin grandes desniveles hasta llegar al pueblo de Bustablado. Se trata de un terreno en el que los líderes deberán estar bien colocados antes de que comience lo verdaderamente complicado. Allí estallará la guerra por la colocación.

Nada más atravesar la población comienza el infierno; el primer kilómetro ronda el 14% y tras un pequeño respiro de apenas cien metros arrancan las rampas con porcentajes que oscilan entre el 20% y el 22%. Sólo es un anticipo. De repente los corredores se enfrentarán a una recta, el lugar idóneo para el aficionado, de unos 400 metros en donde se supera el 20% sin tregua. A partir de ahí llega un kilómetro escaso en el que los desniveles se suavizan. Esos momentos suaves serán perfectos para que los corredores puedan tomar aire y puedan recuperar fuerzas para atacar, algo que cuando no existe respiro resulta imposible.

Hasta ese momento, la vegetación, en particular el arbolado, convierte en un infierno oculto a la carretera. Apenas se puede dirigir la vista más allá de lo que los árboles permiten. En ese momento restan algo más de cinco kilómetros en los que la calzada es muy estrecha, apenas podrán circular los coches y donde el asfalto es de hormigón y con bastante grijo suelto. La vegetación desaparece, las rampas combinan desniveles entre el 18% y en algunos casos el 10%. Las curvas de herradura son constantes.

Casi en la cumbre, el monumento a la vaca pasiega recibe al corredor después de casi siete kilómetros de ascenso. En ese punto aún no termina el suplicio, pero el 6% de desnivel medio de los apenas 1.500 últimos metros parecen incluso suaves que después de haber sufrido tanta agonía. De no ser por el dolor de piernas, podrían parecer, por comparación, incluso llanos.