En primer término una de las placas metálicas que se han desprendido del estadio y que ha 'volado' varios metros.
En primer término una de las placas metálicas que se han desprendido del estadio y que ha 'volado' varios metros. / Antonio 'Sane'

Los Campos de Sport se caen, literalmente, a pedazos

  • El temporal volvió a desprender anoche varias placas metálicas del cerramiento exterior del estadio

Los Campos de Sport se caen, literalmente, a pedazos. Y anoche volvió a ocurrir. Durante los últimos dos años se han desprendido infinidad de piezas del cerramiento metálico y un informe de los bomberos ya advertía el año pasado del peligro e instaba al Ayuntamiento de Santander a actuar. Ya ese mismo 2015 hubo que retirar alguna de esas placas metálicas, pero desde entonces no se han llevado a cabo más actuaciones a pesar de la orden emitida desde el propio Consistorio.

El temporal que castigó anoche Santander ha provocado el desprendimiento de dos nuevas placas, según varios testigos, aunque no ha sido necesaria la intervención de los bomberos no han provocado ningún percance. La situación se denunció a través de una cuenta de Twitter y esta mañana todavía se podía encontrar una de las placas, de aproximadamente medio metro, tirada junto a la puerta 12, correspondiente a Tribuna Norte.

El informe de los bomberos municipales de marzo de 2015 no ha servido para que se actúe íntegramente sobre una estructura muy deteriorada que puede suponer incluso un peligro. Según aclaró hace apenas un mes el propio Ayuntamiento, ya se han efectuado algunas intervenciones –entre ellas las de los propios bomberos–, pero admite que otras siguen sin llevarse a cabo, y recuerda la obligación de mantener el campo que tiene el Racing.

El club, por su parte, considera que estos problemas de seguridad –otros se deben al desgaste propio del uso y a la bancarrota en la que llegó a quedar el equipo– se deben a causas estructurales y defectos de fabricación de la obra, con lo que está convencido de que debe ser el Consistorio quien los repare. Como un inquilino que exige al casero que se haga cargo de la reparación del tejado de la comunidad.

El convenio por el que se rige la cesión del estadio, si merece tal nombre un breve documento que apenas detalla las obligaciones de las partes, establece que sea el Racing quien se ocupe del mantenimiento de las instalaciones, sin especificar qué ocurre con los problemas estructurales o los defectos de construcción. De hecho, uno de los grandes problemas al que se enfrentan una y otra parte es la escasa documentación y normativa existente respecto a la cesión. Ni en el club ni en el Consistorio se ha localizado un documento en profundidad que contemple todos los escenarios o un contrato estándar de alquiler o cesión.

Hace unos meses el Ayuntamiento ya asumió las obras de reparación del grupo electrógeno, otra de las grandes deficiencias que presentaba el estadio, asumiendo de facto que debía hacerse cargo de este servicio.

El informe emitido por el propio Ayuntamiento de Santander "ordena a la propiedad del campo –el propio Consistorio– de fútbol" a "retirar los restos de material con riesgo de desprendimiento y revisión completa de aleros, fachada y cubierta". Hace apenas un mes el concejal de Urbanismo, César Díaz, explicaba que algunos de los problemas "ya están solucionados", pero reconocía que quedan tareas pendientes que "se han remitido al Racing para que actúe".

El aparente contrasentido de un Ayuntamiento que incumple su propia orden para remitírsela a un tercero se explica, en palabras de Díaz, porque "Patrimonio entendería que no eran cuestiones achacables a la propiedad y que el Racing era quien debía llevar a cabo las reparaciones en virtud del convenio".

Ya durante este verano se ha vuelto a alertar del peligro que suponen estas chapas metálicas. Aunque las más deterioradas fueron retiradas, la acción del viento ha levantado otras que originalmente en mejor estado quedaron expuestas tras arrancarse las más próximas. Mientras, el club insiste en que las actuaciones las deben llevar a cabo el Ayuntamiento de Santander, y el peligro del que alertaron los bomberos ya en 2015 sigue acechando.