Santa María de Hito, la 'villa' enterrada

Santa María de Hito, la 'villa' enterrada

En Valderredible, tras siete campañas de excavación entre 1979 y 1985, se sellaron una casa romana del siglo III al V y una gran necrópolis medieval

José Luis Pérez
JOSÉ LUIS PÉREZSantander

Durante este fin de semana, Valderredible celebra las Jornadas Europeas del Patrimonio con la intención de dar visibilidad al conjunto de iglesias y necrópolis rupestres que tiene el valle. Sin embargo, una de las joyas arqueológicas del municipio y de Cantabria permanece en el olvido y enterrada desde que las excavaciones arqueológicas que dirigió Rosa Gimeno García-Lomas se interrumpiesen a pesar de los importantes hallazgos que sacaron a la luz. La recuperación de este enclave arqueológico, de cronología romana y medieval, que abarca desde el siglo III hasta bien avanzada la Edad Media y que es una referencia de primer orden para estudiar el tránsito de la Antigüedad al Medievo en Cantabria, podría abrir nuevas líneas de investigación y dotar a Valderredible de un importante polo de atracción para el turismo cultural.

En 1978, hace casi 40 años, las obras de una carretera entre el pueblo de Santa María de Hito y Villaverde provocaron el hallazgo casual de un espectacular broche de hueso. Los trabajos de seguimiento pusieron de manifiesto el potencial arqueológico del sitio, una pequeña loma de pradera ubicada junto a la ermita, como luego se corroboró durante las siete campañas de excavación que desde el verano de 1979 y mediados de los ochenta coordinó Rosa Gimeno.

La villa romana

La excavación no fue sencilla, aunque los descubrimientos sí fueron sorprendentes. A un establecimiento rural romano -del tipo de los denominados 'villa'-, que se fecha entre finales del siglo III (cuando se produce un éxodo de las ciudades hacia en campo, algo que se constata en Julióbriga) y el siglo V d. de C. se superpone una extensa necrópolis, de una prolongada utilización durante la Edad Media, y que en muchos casos aprovecha o destruye restos del asentamiento anterior.

De las construcciones romanas se excavaron más de 500 m2 y se han identificado como una villa rural de mediano tamaño y fue datada gracias a las cerámicas sigillatas hispánicas tardías y a la numismática.

La villa, organizada en terrazas para adaptarse al desnivel de la ladera sobre la que se asienta, es de tipo 'nórdico', alejada por tanto de los estándares mediterráneos que se documentan en Julióbriga o en Camesa, y más adaptada al clima de la zona. Sus moradores debieron tener cierto estatus social y económico ya que contaron con un sistema de calefacción mediante hipocausto y estancias decoradas con las pinturas murales.

Como ha señalado Rosa Gimeno García-Lomas en una de sus publicaciones sobre el yacimiento, «la vivienda se organiza a lo largo de un corredor donde las dependencias en el interior tienen mayor dimensión en longitud que en anchura y las estancias cuadrangulares alternan con pasillos de intercomunicación». Además de vivienda, «la edificación rústica sirvió de almacén como lo demuestra un potente paramento que interrumpe los espacios de habitación y por su grosor debido a la altura reúne las características de almacén», concluye García-Lomas.

Entre las estancias excavadas se han identificado un 'triclinium' (comedor) con suelo de 'opus signinum', un 'oecus' (vestíbulo) de planta absidiada y con suelo calefactado -como atestiguan las 'pilae' y 'suspensurae' de hipocausto conservadas-, un 'cubiculum' (habitación de pequeño tamaño), un corredor y algunas otras salas de función desconocida situadas al norte y este del complejo. En cuanto a sus características constructivas, hay que mencionar la calidad de los materiales empleados, con muros de sillería (al menos en zócalos) y paredes decoradas con estucos de motivos variados y distintos colores.

Las inhumaciones

En un momento determinado y por causas desconocidas, la villa se abandonó y sobre sus ruinas, dos siglos más tarde, se comenzaron a realizar enterramientos y quizá se levantó un centro de culto cristiano que pudo ser el precedente del templo actual. Esto es algo habitual, la superposición de templos y enterramientos cristianos sobre ruinas romanas; en Julióbriga y Camesa, también se hizo, como en muchos sitios de Europa.

DM

La necrópolis, a la que corresponde el citado broche, tuvo su momento inicial en época visigoda, en el siglo VII. Inicialmente se trató de fosas simples con ataúd y fosas con murete, destacando el ajuar de los enterramientos. Ya en plena época medieval, las inhumaciones eran más simples, tumbas de lajas sin ajuar. También cabe destacar el descubrimiento de sarcófagos decorados, al parecer empleados durante toda la vida útil del cementerio. En total se documentaron cerca de 500 tumbas.

Los restos arqueológicos fueron cubiertos con tierra y arena tras un fallido intento de conservar y poner en valor el yacimiento a finales de los ochenta. Los materiales se conservan en el Mupac. Ahora, la Consejería de Cultura ha valorado la oportunidad de «fomentar su estudio y de aplicar nuevas técnicas a las investigaciones» que podrían retomarse tanto por el interés científico como social, como ha señalado el consejero Ramón Ruiz. El grupo de investigación Arqueología e Historia del Imperio Romano de la Universidad de Cantabria valora dentro de su proyecto 'Paisaje arqueológico Campoo-Los Valles' retomar estos trabajos de investigación.

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