La Pasión Viviente comienza sus ensayos

La Pasión Viviente comienza sus ensayos

Empiezan los trabajos de preparación para una representación que tiene lugar el día de Viernes Santo y en la que participan unas 700 personas

SAMIRA HIDALGO

Actores, responsables de vestuario y de decoración se ponen manos a la obra para preparar este año la 34 edición de la Pasión Viviente de Castro Urdiales.

Los nervios ya comienzan a aflorar en el local de la Asociación Cultural Pasión Viviente, y es que hay mucho trabajo por delante en tan sólo dos meses de tiempo. El pasado domingo, 21 de enero, la asociación celebró una asamblea general en la que se expusieron temas económicos así como otros aspectos. Con respecto al tema de tesorería, la Pasión contará con una subvención del Gobierno de Cantabria de 25.000 euros, tras varios años sin recibir esta ayuda y funcionando con los 20.000 euros que cada año aporta el Ayuntamiento de Castro por ser Fiesta de Interés Turístico Nacional.

La secretaria y relaciones públicas de esta asociación cultural, Guadalupe Beascoetxea, explicó que con esa cantidad «se quedan muchas cosas sin hacer, porque sólo la megafonía cuesta 12.000 euros». En esta edición, con la subvención del Gobierno de Cantabria, se podrán reponer «cosas que hacen falta y que irán surgiendo», como las sandalias de los romanos, material de carpintería y de vestuario y maquillaje.

«La gente del pueblo se vuelva y haces nuevos amigos», indicó Álvarez, quien interpreta a Jesús

Quien bien sabe sobre el tema del vestuario es María García, responsable de la sección y con unos diez años de experiencia en la Pasión Viviente. Si los actores llevan ensayando dos meses antes de la puesta en escena, las tres responsables de vestuario y una ayudante también comienzan a poner a punto las ropas que llevarán unas 700 personas en la representación y que engloban los personajes principales, los del pueblo de Jerusalén, los leprosos, la tropa de los romanos, los erodianos, los músicos y los soldados del templo.

«Preparamos el vestuario, reparamos lo que se ha estropeado el año anterior, intentamos hacer más ropa y la actualizamos, como en el caso de los niños que salen de Jerusalén, que van creciendo y hay que adaptarles las telas», explicó García.

Un mes antes del gran día, los participantes reciben la vestimenta para que se las lleven a sus casas. «El día de la representación vigilamos que estén todos bien vestidos y que todo esté en orden», concluyó la responsable de vestuario.

Tanto Beascoetxea como García coincidieron en que la responsabilidad y la seriedad es fundamental: «Grandes y pequeños se lo toman muy en serio» y es que en la Pasión Viviente «hay mucho compañerismo, se crece juntos y somos como una gran familia».

En cuanto a los papeles, los actores repiten normalmente cada dos años excepto María, el Cristo o Juan, que cambian siempre de un año para otro.

Algunos personajes

El primer ensayo de esta temporada se llevó a cabo el pasado lunes, 22 de enero y se correspondió con la escena de la Última Cena, a la que dieron vida Jesucristo y los apóstoles. En el centro de la mesa se encontraba Fran Álvarez, de 22 años, representando este año a Jesús. «He participado desde pequeño. Me propusieron hacer este papel tras haber encarnado a Juan el año pasado, como todos los que han hecho de Jesús», señaló Álvarez, quien aseguró que en el primer ensayo estuvo un poco inquieto «por intentar hacerlo bien e ir cogiendo soltura». «La gente del pueblo se vuelca y haces nuevos amigos. Ahora estoy tranquilo, quizás la semana antes me entren más nervios», reconoció Álvarez, quien ha hecho un paréntesis en el equipo de fútbol sala en el que juega, Unión Castreña, para no lesionarse, algo que le impediría poder representar su papel.

En el mismo lugar se encuentra Alejandro Izurieta, que también ha dejado el fútbol por unos meses. Este jugador del Sámano reencarna a Juan, lo que significa que hará de Cristo el próximo año: «Este año me sirve de preparación, porque lo vivo más cerca de Jesús. Es algo que he vivido desde pequeño. Mi tía fue una de las personas que empezó a hacer la Pasión y toda mi familia ha salido»

Izurieta, quien se declara creyente, aseguró que participar en la Pasión le aporta una satisfacción única. «Te metes tanto en el papel que se te olvida toda la gente que viene a ver la representación. Hay muchos sentimientos y un gran esfuerzo físico y psicológico que se resume en un sólo día».

En la mesa se encuentra también el Cristo del año pasado: Alejandro Calvo, quien señaló que, «como manda la tradición», tiene que estar ahí y mantener la estética del año pasado para cubrir cualquier imprevisto. «Llevo participando en la Pasión desde niño, es una afición que viene de familia. Mis primos Asier y Rubén hicieron anteriormente de Jesús, al igual que mi padre, que lo fue en el 94», indicó Calvo.

Por su parte, Jesús Martín, es el cuarto año que hace el papel de Judas: «Llevo 13 años en la Pasión y para mí es el papel más bonito». Martín confesó que el próximo año se desvinculará, aunque «nunca hay un adiós definitivo».

Otro veterano es Lumi Díaz, que lleva 30 años participando en la Pasión y que por segundo año representa a Pedro: «El ambiente es muy bueno y hace que todos los años quieras volver a salir. Ver las últimas de horas de Cristo, tan real, es muy emocionante».

Nuevos y veteranos, mayores y niños, viven así la preparación de la Pasión Viviente, una representación convertida en tradición y que ha hecho de sus participantes una gran familia.

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