Resuenan las trompetas

Ethan Hawke, caracterizado como Chet Baker en 'Born To Be Blue'.

El cine vuelve a poner el foco en el jazz con las biografías de Miles Davis y Chet Baker

RICARDO ALDARONDO

El jazz tiene sus oleadas, y si bien durante los años 70 y primeros 80 parecía que se había convertido casi en un fenómeno de masas, atravesado por el funk y el soul y capaz de llenar grandes recintos, últimamente se ve un poco más condenado a los espacios especializados o a festivales que tienen que dosificarlo y prescribirlo junto a píldoras más asumibles como el pop, el rock o el hip-hop.

Sin embargo, sea por casualidad o por alguna conjunción estelar, de pronto el cine se ocupa de dos de los mayores talentos de la historia del jazz, Miles Davis y Chet Baker. Dos vidas indudablemente llamativas, cargadas de polémicas, turbulencias y una música sublime, aunque con personalidades muy distintas. 'Miles Ahead' cuenta la vida del trompetista Miles Davis, interpretado por Doc Cheatham, torrencial talento que pareció vivir muchas vidas una detrás de otra por sus constantes cambios de rumbo y una inventiva sin igual; y 'Born To Be Blue' rescata la figura de Chet Baker, que nadie podría interpretar como Ethan Hawke, por su parecido físico y por la capacidad de abordar el fulgor de un músico que con su belleza juvenil tuvo el tratamiento icónico de una estrella del pop, que con el lirismo de su trompeta y la emoción de su suave voz evocó un romanticismo melancólico como nadie, y que logró que sobresaliera su necesidad creativa sobre el sinfin de problemas que sufrió a causa de su adicción a la heroína.

'Miles Ahead' se estrena el día 29, después de haberse estrenado en el Festival de Nueva York en el pasado mes de octubre, y de haber pasado por la Berlinale en febrero. 'Born To Be Blue' no tiene de momento fecha de estreno en España, pero ambas películas se pueden ver este mes en San Sebastián dentro del primer ciclo de jazz y cine que organiza Filmoteca Vasca, junto a otros dos filmes relativos a los mismos músicos, el documental sobre Chet Baker 'Lets Get Lost' (Bruce Weber, 1988) y la película 'Ascensor para el cadalso' (Louis Malle, 1958) a la que Miles Davis puso la banda sonora.

Que el cine de gran producción vuelva a mirar a las grandes figuras de jazz para abordar la siempre misteriosa y compleja relación del artista con el mundo real, la fama y la necesidad de superarse a sí mismo sin que el entorno le avasalle, es una estupenda noticia. Y recuerda a aquel otro momento a finales de los años 80 en que se sucedieron dos de las grandes películas del jazz tratado desde la ficción, 'Alrededor de la medianoche' (Bertrand Tavernier, 1986), que tenía como protagonista e inspiración al saxofonista Dexter Gordon, y 'Bird' (1988) , la obra maestra con la que Clint Eastwood sorprendió como director volcando su conocida afición al jazz en tratar de desentrañar los misterios de otro de los grandes genios, Charlie Parker, otra vida consumida rápidamente por la adicción.

La relación entre el cine y el jazz nació con la misma llegada del sonido: aunque sea algo anecdótico, no deja de tener su importancia que la primera película sonora sea 'El cantor de jazz' (Alan Crosland, 1927). Luego el cine de Hollywood, en plena popularidad, en los años 40 y 50, no podía dejar de integrar a algunas figuras del momento para formar parte de películas que a menudo tenian secuencias en clubs de jazz, tambien para contar con ellos como actores: Lena Horne en 'Stormy Weather' (Andrew L. Stone, 1943), Louis Armstrong en 'Una cabaña en el cielo' (Vincente Minelli, 1943) y 'Alta sociedad' (Charles Walters, 1956), Billie Holiday en 'New Orleans' (1947), Benny Goodman en 'Nace una canción' (Arthur Lubin, 1948) y tantos otros. Era una de las escasas ocasiones en que los negros podían tener un cierto protagonismo, más allá de los papeles de criados.

Una vez que las grandes figuras alcanzaron la categoría de mitos, se convirtieron en material de biografía cinematográfica, con el indudable gancho que unas vidas a menudo tortuosas, entre el éxito y el olvido, o marcadas por la discriminación racial y los problemas con las drogas, tenían para la pantalla. De Bix Beiderbecke, al que encarnó Kirk Douglas en 'El trompetista'(Michael Curtiz, 1950), en versión muy libre, a Diana Ross convertida en Billie Holiday para 'El ocaso de una estrella' (Sidney J. Furie, 1972).

Ahora el actor Doc Cheetham no sólo se atreve a encarnar a una figura tan poderosa, controvertida y apabullante como Miles Davis, también protagoniza una película que juega con los saltos en el tiempo a partir de unos años a finales de los 70, en que Miles Davis desapareció de la escena, hasta que un periodista, que interpreta Ewan McGregor, le inció a volver a luz pública y continuar con el torrencial creativo, casi siempre adelantándose a su tiempo. Algo que le caracterizó tanto como sus continuos cambios de estilo y de formación, su indudable chulería y sus peleas, sus problemas con las drogas, matrimonios e infidelidades. Y discos sublimes como 'Kind of Blue' o 'Someday My Prince Will Come'.

Por su parte, 'Born To Be Blue', que dirige el cineasta canadiense Robert Budreau, parte de uno de los hechos más dolorosos en la vida de Chet Baker, cuando en 1966 recibió una paliza relacionada con el trapicheo de drogas, en la que perdió buena parte de su dentadura, lo que le impedía volver tocar la trompeta. Después de unos años en que hubo de pasarse al fliscorno, que le resultaba más fácil de tocar por su embocadura, tuvo que aprender de nuevo a tocar la trompeta. Melancólico irremediable, soñador y taciturno como pocos, su forma de cantar susurrante e introspectiva era de las más conmovedoras que ha dado el jazz, y la música en general. En su juventud le llamaban el James Dean del jazz, en su madurez mostraba en los surcos de su cara y en el derrotismo de sus interpretaciones aún luminosas las huellas de una vida complicada, de un artista que era puro sentimiento.

En este mes en que las ciudades se llenan de festivales de jazz, y otros estilos con los que el jazz siempre está dispuesto a fusionarse, es buen momento, también, para vivir esa música a través del cine.

 

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