El mes de la Michelin

CARLOS MARIBONASantander

Estamos ya en noviembre, el mes de la Michelin. En poco más de una semana conoceremos las decisiones que han tomado este año los inspectores de la Guía Roja sobre los restaurantes españoles. La suerte está echada porque la guía de España y Portugal 2019 ya está impresa. Eso sí, bajo el más absoluto secreto. Son días de nervios entre los profesionales, de esperar la invitación a la gran gala que se celebrará en esta ocasión en Lisboa el próximo día 21. Los que aspiran a la primera estrella saben bien, por la experiencia de los últimos años, que si no hay invitación no llegará tampoco el reconocimiento.

Personalmente no me gusta este sistema que permite conocer con cierta antelación quienes recibirán el ansiado galardón. Cierto que entregarle a cada cocinero la chaquetilla conmemorativa en el acto de presentación y una gran foto de familia favorece el marketing de Michelin, que obtiene una gran rentabilidad mediática. Pero resta encanto a una presentación que se basaba en la sorpresa.

Sorpresa que se mantiene, o al menos se intenta, para los nuevos dos y tres estrellas. Los rumores ya se han disparado, como ocurre todos los años. Son muchos los que apuntan a un tercer macaron para un restaurante andaluz. No sería descabellado, pero ya saben que a Michelin le gusta ir contracorriente. Soy mal adivino y suelo perder casi todas las apuestas que hago con amigos sobre las nuevas estrellas, pero yo miraría también a Cataluña, incluso a Asturias. Pero insisto en que son meras suposiciones.

Los responsables de Michelin vuelven a hablar de que este será un buen año. No estaría mal. Pero también apuntan que habrá correcciones a la baja. Tampoco estaría mal. Llevamos años pidiéndolo. Igual que faltan restaurantes en la guía y que otros merecen un mayor reconocimiento hay establecimientos sobrevalorados, sobre todo en la categoría de los dos estrellas. En los últimos tiempos ha dado la impresión de que bastaba con alcanzar el segundo macaron para echarse a dormir con tranquilidad convertido el restaurante en intocable cuando no es así.

Las estrellas se ganan, pero también se pierden. De confirmarse lo que nos cuentan, en esta edición habrá algo de limpia. Hasta que no lo vea no acabaré de creerlo. Lo que sí es seguro es que ya de partida España pierde cuatro estrellas. Las tres del Sant Pau de Carme Ruscalleda y una del Alborada coruñés. Ambos cerraron sus puertas hace pocos días. Saldremos de dudas el día 21. Los mejores cocineros portugueses ya tienen todo preparado para ser anfitriones de la gala en Lisboa.

 

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