Pastel vasco (gateau basque)

Esta receta ha seguido evolucionando en el tiempo y ya a finales del siglo XIX se comenzó a rellenar con una especie de crema pastelera, pero podemos utilizar crema de moras, higos o cerezas

Pastel vasco (gateau basque)

Nos remontamos al siglo XVII y al sur de Francia para encontrar el origen de esta delicia, el pastel vasco, que ya entonces se elaboraba con harina de maíz, añadiéndole grasa animal (manteca) y miel. Con estos elementos se conseguía una especie de bizcocho seco, sin relleno alguno, y que a lo largo de los años ha ido derivando a lo que hoy conocemos. Y es que, como en todas las recetas, antiguamente los ingredientes eran fruto de la adaptación del cocinero a lo que tenían más a mano o al producto de temporada en la que se encontraban ya que no disponían de los avances que nosotros conocemos en conservación y distribución.

Esta receta, como tantas otras, ha seguido evolucionando en el tiempo y ya a finales del siglo XIX se comenzó a rellenar con una especie de crema pastelera, para, hoy en día, poder encontrar distintos rellenos, con frutas como moras, higos o mi favorito, el de cerezas.

La moda de veranear en la zona de Biarritz en el siglo XIX lo convirtió en un dulce de fama internacional.

Lo más importante al elaborar un 'gateau basque' es conseguir hacer una buena masa que quede sabrosa y crujiente. Pero hay que prepararla con cuidado, porque lleva mucha mantequilla y si no está muy fría se pega con facilidad a las manos. De todas formas, es una receta bastante sencilla que está lista en una mañana o una tarde.

Para la masa vamos a necesitar 200gr de mantequilla, 300gr de harina, 150gr de azúcar, 60gr de almendras molidas, 2 huevos y una pizca de sal. Como ya os he dicho la mantequilla tiene que estar bien fría con lo cual os recomiendo que la metáis un rato antes de empezar en el congelador, de esta manera estará perfecta.

Comenzaremos poniendo en un bol ancho o en una fuente la harina con la almendra, el azúcar, la sal y la mantequilla helada, cortada en cubitos, y mezclaremos con la ayuda de un tenedor. De momento no debemos preocuparnos por que quede homogénea. Es hora de añadir los huevos, los batimos y poco a poco y los integramos a la mezcla. Una vez hecho, la envolvemos en papel film y la dejamos en la nevera durante una hora aproximadamente.

Transcurrido este tiempo sacamos la masa de la nevera y la dividimos en dos partes, una será nuestra base y la otra nuestra tapa. La tapa por ahora la dejamos en la nevera y vamos trabajando la base. Encima de un papel de horno para que nos resulte más fácil, vamos estirándola y dándole forma redonda para adaptarla a nuestro molde, que debe de ser redondo y bajo. Cuando sea de su tamaño, la trasladamos al molde, previamente bien untado con mantequilla, y la adaptamos bien con los dedos, subiendo por el borde e intentando que sea más o menos igual de alto por todas partes. Que no os importe si se rompe un poco porque se recompone fácilmente.

Llevamos el molde con la masa a la nevera mientras sacamos el resto de la masa que teníamos reservado para la tapa y hacemos lo propio. Vamos dándole forma de tapa, hasta conseguir que tenga el mismo diámetro que el molde.

Lo rellenamos de lo que más os guste. Como os dije antes, mi favorito es el de cereza, pero si queréis con fresas, higos, frutos rojos... o incluso, si os animáis a hacer una crema pastelera queda genial. Cierto es que con cualquier relleno es un bocado sublime.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos