Torrijas, torrejas y tostadas de Navidad

Torrijas, torrejas y tostadas de Navidad
Gabriel Argumosa
GABRIEL ARGUMOSASantander

Es inútil hacerse ilusiones: las Pascuas se nos vienen encima, o mejor, nosotros tropezamos con ellas por más que nos empeñemos en dar un rodeo y entrar en el próximo año, sin pasar por esos días fatales de turrones, pavos, aguinaldos, tambores, pitos y nacimientos», escribía Benito Pérez Galdós, el día de Nochebuena de 1865, bajo el título de 'Navidad, Glotonería universal'.

Me permito apuntaros que «las torrijas», tan características en nuestra Navidad, no figuran entre lo citado por el escritor canario, y es explicable, pues su amistad y relación con nuestra tierra comienza en el año 1872, a través de nuestro paisano José María de Pereda. Y si entonces hubiese conocido dichas torrijas o el escrito fuese de fecha posterior, me atrevo a aventurar que las habría nombrado como algo positivo.

La Real Academia Española define a la torrija: «Rebanada de pan empapada en vino o leche y rebozada con huevo, frita y endulzada». En Cantabria se las denomina de forma indistinta torrejas y torrijas, como en muchos lugares de nuestro país, o tostadas de Navidad.

También nos diferenciamos del resto de regiones de España en la época preferente de consumo, pues si en el resto del país se consumen en Pascua de Cuaresma, aquí lo hacemos en Navidad y sobre todo, en los postres de Nochebuena y Nochevieja, en los desayunos de los días de Navidad o de Año Nuevo y en la comida del mediodía, los días 25 de diciembre y 1 de enero.

Se dice que la torrija fue un invento de los romanos. Su 'gastrónomo' Marcus Gavius Apicius, ya mencionaba en su recetario 'De re coquinaria' un plato denominado 'pultes tractogalate' (gachas guisadas con harina y leche) cuya elaboración es cercana a la torrija actual.

En la Edad Media el arte y saber de la cocina estaba en los conventos. Allí las monjas, durante los días de abstinencia, aprovechaban el pan duro, bañándolo en miel y leche.

La primera vez que un término parecido a 'torrija' apareció escrito fue en un texto del poeta y autor teatral salmantino Juan del Encina (1468-1533).

Y ya acercándonos a fechas más cercanas, la Semana Santa era una de las pocas cosas que se celebraban en la posguerra. Como no había dinero para exquisiteces, se recurrió a esta receta. Sin tener el que os escribe muy clara la causa de que aquí se consuman en Navidad, es posible que también «la necesidad» las hiciese protagonistas de nuestras Fiestas.

Aunque las de leche, sobre todo, y las de vino, en menor proporción, son las reinas de las torrijas, existen casi tantas recetas de torrijas como madres y abuelas las han elaborado a lo largo del tiempo. Además, las nuevas tendencias culinarias han creado algunas variantes: rellenas, con chocolate..., cambiando la base por sobao o panetone, o tan sofisticadas como las torrijas deconstruidas. Pero las de «toda la vida» son las reinas de nuestras Navidades.

Según el decano de los pasteleros de nuestra tierra (Luis R. Vega), «las torrijas pueden mantenerse varios días tras su elaboración, sobre todo si se tiene la precaución de que el agua, aunque sea en pequeñas proporciones, no se añada a la leche o al almíbar, tras su preparación».

A comer y disfrutar de las torrijas, es muy probable que, tras leer una receta nos animemos a elaborarlas en nuestra casa.

Tengamos presente que es difícil comer solo una, así pues, disfrutemos de ellas en tan especiales fechas, teniendo en cuenta estas sentencias:

«La oración de Benigna, la casi santa alcarreña de 'Misericordia' de Pérez Galdós: 'Bendito sea el señor que nos da el bien más grande de nuestro cuerpo: el hambre santísima'».

 

Fotos

Vídeos