De tapas

De tapas
Luis Alberto Salcines
LUIS ALBERTO SALCINES

Pocas costumbres más españolas hay que ir a tomar unos vinos o unas cañas. A la barra de un bar de barrio o de pueblo pero también de un restaurante que ofrece los platos más exquisitos si tiene servicio de barra. Vamos a tomar un vaso, se dice en Asturias. Mi abuelo decía que iba a tomar un chiquito. En Cantabria decimos mucho ir a tomar un blanco.

A mediodía o al anochecer, de pie, solo o en pequeños grupos, casi siempre a la misma hora. Si se va solo, el camarero se convierte en un confidente habitual. Cuando se va en grupo, las conversaciones se superponen, suele hablarse a la vez, frecuentemente en voz alta pero misteriosamente, todos se entienden.

Los resultados del equipo de tus amores, la política local, algo del trabajo pero mejor no tocarlo, algún cotilleo son los temas de conversación habituales. Tradicionalmente era una costumbre más propia de los hombres. La irrupción de la mujer en la escena pública (más mujeres trabajando fuera de casa o simplemente que quieren alternar y quedar con sus amigas rompiendo con una imagen que parecía que era un hábito exclusivo del género masculino) ha provocado que ahora se vean representantes de los dos sexos casi por igual, especialmente en los ámbitos urbanos.

Acompañando a la consumición se ha hecho imprescindible la tapa con la que por cortesía del establecimiento se invita al cliente. Tanto nos hemos ido acostumbrando a ella que los bares que no la ofrecen, los vetamos. Poco a poco, con la moda de la nueva cocina, los concursos televisivos con cocineros, los restaurantes de alta cocina, las primitivas tapas (las patatas fritas de bolsa, las aceitunas, tacos de queso, cortes de embutido, caldos de pollo o pescado…) han ido sustituyéndose por otras más elaboradas que rayan en la delicia. Cada local suele tener su especialidad de tal manera que el cliente ya va a tiro fijo.

Otros, sin embargo, los que son restaurantes generalmente, suelen variar más el repertorio y ofrecen como pequeñas degustaciones de los platos que preparan en la cocina. Es una buena forma de dar publicidad a sus menús y tentar a los clientes.

Hay bares en los que la oferta es más que generosa. No se limitan a la tapa de rigor, con más o menos tamaño, sino que están continuamente pasando la bandeja con productos distintos. La cocina está a pleno rendimiento y cada cinco minutos un camarero amablemente le ofrece al cliente una tapa distinta. Conozco varios locales de Oviedo que así trabajan. Y la pasada semana estuve en uno de Lugo en el mismo sentido.

Bien porque por el tamaño de la tapa es grande (en León suelen ser contundentes), bien por la cantidad de ellas a las que te invitan o bien, finalmente, porque uno quiere alargar el encuentro con los amigos y peregrinar por bares del entorno, hay muchos días, sobre todo en fin de semana, que con dos o tres vinos y las tapas, el estómago se siente satisfecho y al llegar a casa un sillón o la cama esperan para echar un sueñecito reparador.

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